EL CARTEL
Presentamos, a continuación, algunas elaboraciones que se derivan de experiencias de cartel, que dan cuenta de cómo toma cuerpo este dispositivo, considerado por Jacques Lacan como base de su escuela, en la vida de la sección. Encontraremos, entonces, una elaboración epistémica y política sobre el cartel y un producto de cartel que apunta al concepto de objeto a.
EL CARTEL, PRINCIPIO DE LA ESCUELA*
MÓNICA PATRICIA LARRAHONDO**
El cartel, órgano basal de la Escuela, es concebido desde su origen como una puerta de entrada al trabajo con otros en la Escuela. ¿Qué significa este enunciado?
En el “II Encuentro de Carteles” afirmaba que el cartel es, ciertamente, una de las puertas de entrada a la Escuela, quizás no la única, “lo que no demerita el valor de uso que tiene en cada uno de los cartelizantes, y en cada una de las secciones”.[1] Asimismo, hacía énfasis en el uso del cartel, y cuestionaba cuál es el uso que nuestra comunidad analítica le da al mismo.
En esta ocasión, como saldo de saber obtenido tras haber sido responsable de la Comisión de Carteles de la NEL-Cali, diría que el cartel es la puerta de entrada a la lógica de la Escuela, a su funcionamiento y principios. ¿Somos conscientes de ello?
Tanto el Cartel como la Escuela tienen como principios la autorización, la permutación y la relación con un saber agujereado. Para conformar un cartel solo hace falta autorizarse a proclamar “quiero hacer un cartel de…”. Parafraseando a Lacan en su “Acto de Fundación”, diríamos que en el acto mismo de esta proclamación cada quien, “tan solo como puede estar en relación a la pregunta que lo causa”, consciente a un trabajo con otros en la Escuela. El espíritu del Cartel es trabajar con otros la pregunta que nos causa; entramos en este dispositivo con nuestro síntoma y nuestro rasgo, seamos conscientes de ello o no.
Una vez conformado el cartel, los integrantes del mismo (mínimo 4) eligen un Más-Uno, quien lejos de encarnar la figura del amo o del docente, se pone a trabajar a la par con los cartelizantes, siendo su responsabilidad movilizar la vida del cartel. Posteriormente, se declara el cartel en la Escuela, en nuestro caso en la NEL; y, finalmente, “para evitar el efecto de cola, debe efectuarse una permutación, en el plazo fijo de un año, máximo dos”.[2]
Esta información, que reiteradas veces se ha dicho, no está exenta de malentendidos. Aún persiste la confusión del Más-Uno con el amo, así como el equívoco de pensar que los carteles son de la sección y no de la Escuela. Concibo a las comisiones de Carteles de cada sección como el partenaire de los carteles in situ, responsable no solo de promover el Cartel como dispositivo privilegiado para el trabajo, sino también de hacer una lectura política sobre la vida asociativa de la sección.
Un saber agujereado
Miller, en su texto “Concepto de Escuela”, distingue la Universidad de la Escuela en la relación que cada una teje con el saber. Nos recuerda que la Escuela, entendida como un conjunto de personas que siguen una enseñanza, es un concepto anterior al concepto de Universidad, surge en la antigua Grecia como un agrupamiento de gente alrededor de alguien que con su decir causaba un deseo de saber. Entonces encontramos a Sócrates, cuyos famosos diálogos instituyeron un método de investigación, aún vigente en algunas áreas del saber. Sin embargo, es con Platón con quien se empezó a concebir realmente una Escuela, en tanto ésta supone un lugar, una escritura, un maestro y una orientación. Posteriormente, advinieron otras Escuelas: la de Aristóteles, el Liceo, Epicuro, etc.
El concepto de Universidad advino después, en la Edad Media, donde el maestro lejos de ser alguien que se autoriza desde su deseo, es alguien que porta la licencia para enseñar: debe ser un licenciado, Magíster, o Doctor. Pero Sócrates no tenía licencia, Platón tampoco, Aristóteles menos. Los docentes de las Escuelas antiguas se autorizaban de sí mismos, y del interés que podían despertar en la gente. Lo que se esperaba de esas reuniones no era un trabajo de grado, un diploma, tampoco un final. Lo que se esperaba era acceder a un saber que aportara una mayor dignidad de la vida humana, un cierto saber vivir. ¿Qué esperar de un Cartel?, ¿cuál es su producto? Lejos de ser un trabajo de grado, un artículo de investigación, el producto del cartel decanta un saldo de saber siempre agujerado. Dice Lacan: “no es de esperar progreso alguno, excepto por una exposición periódica a cielo abierto de los resultados tanto como de las crisis del trabajo”.[3]
En una Noche de Carteles sostenida en la NEL- Cali, un cartelizante afirmaba que para él la experiencia del cartel le enseñaba que todos pueden partir de un mismo tema; pero arribar a puertos distintos; incluso distintos para sí mismo. En la travesía del Cartel, los impasses pueden estar al inicio, en la definición de un rasgo, en la declaración del mismo; pero también al final, en el momento de concluir y decantar su producto. Como la vida misma, en esta travesía la ruptura de los lazos y la disolución anticipada de los carteles existen. No es un dispositivo ideal, tampoco el único; pero es una invención de Lacan que puede tener efectos en la vida de Escuela si cada cartelizante consciente a ello.
Aquellos carteles, que han sabido navegar sus crisis y arribar a un puerto, sus cartelizantes, si así lo desean, pueden alojar sus productos en los lugares que cuenta la Escuela: presentación a cielo abierto, Jornadas de Carteles, publicación en “a ritmo propio”, etc. Y lo que uno constata cuando lee y escucha estos trabajos, es que cada producto tiene por saldo la constatación de un continuo work in progress, y la reconciliación con no saber todo lo suficiente; pero si con el deseo de continuar trabajando.
Hacer existir el cartel, principio de la Escuela
En lo que concierne a la NEL- Cali, tras dos años de haber sido responsable de la Comisión de Carteles, constato que los integrantes de esta sección hacemos uso del cartel como un instrumento de trabajo invaluable en la Escuela. El 100% de los integrantes activos de esta sección son cartelizantes de al menos un cartel, la gran mayoría conformados con otras secciones. Los carteles CIPA incentivaron la conformación de carteles entre los integrantes de la sección, relanzando una transferencia de trabajo al interior de nuestra vida asociativa. Los carteles políticos también tienen lugar en nuestro trabajo de Escuela, siendo los miembros aquellos a quienes les interroga la política de Escuela, encontrando en el cartel una vía posible para poner al trabajo su propia causa analítica y política. Asimismo, se encuentran los carteles epistémicos donde participan miembros, asociados y jóvenes cercanos a la sección, donde el deseo de saber psicoanálisis es alojado en este dispositivo. Por último, y no por ello menos importante, es de mencionar que miembros, asociados y caleños en transferencia con la Escuela, conformaron carteles en el marco de trabajo de lectura sobre el Informe de la Comisión de la Verdad, cuyo arribo culminó en productos que fueron publicados el libro Desafíos por la vida.
Constato entonces que el cartel existe en nuestra sección de Escuela; pero, ¿existe porque hay un Otro que lo hace existir (llámese Jornadas, ENAPOL, Congreso, CIPA, etc.); o porque cada uno lo hace existir en su economía libidinal? Cuantitativamente, diría como responsable de la Comisión que, de los ocho carteles, tres responden al llamado de la Escuela para conformar Carteles CIPA, los demás se han conformado espontáneamente a partir de preguntas que causan. También se observa que algunos de nuestros integrantes hacen uso de lo trabajado en el cartel para ser presentado en Jornadas de trabajo. Este movimiento que va desde la concepción de “hacer cartel para…” a “querer hacer un cartel de”, va en sintonía con una apuesta política por parte del Secretariado de Carteles. No obstante, en la Comisión encontramos la necesidad de persistir e incentivar la conformación de carteles espontáneos, frente a lo cual nos preguntamos ¿cómo hacer existir el cartel en la ciudad?
Hay que reconocer que el cartel no es un dispositivo que se conozca en la ciudad, lo cual es importante tenerlo en cuenta dado que Lacan inventa el Cartel como un dispositivo de Escuela abierto para todo aquel que esté interesado en estudiar con otros lo que les interesa. Como bien dice Miller, retomando a Lacan: “si decimos que hay dos pilares de la Escuela, el pase y el cartel, es en la medida en que el cartel responde a la lógica del todo, en tanto que constituye un pequeño grupo a condición de tener un “más uno”, y que el pase responde a la lógica del no-todo”.[4] Efectivamente, la Escuela de Lacan es una Escuela donde se privilegia la lógica femenina del no-todo. En ella no existe El analista, tampoco El asociado, cada uno ingresa y habita la Escuela con la singularidad de su síntoma, su estilo y su rasgo. Y si miramos esta perspectiva desde un dron, podríamos decir que el cartel destotaliza esta lógica planteando un: para todos el cartel.
Entonces, ¿cómo hacer existir el cartel para todos?
Años atrás, antes de la pandemia, había en nuestra sección una cartelera donde las personas ponían sus nombres en los carteles por conformar, así como los temas que les gustaría trabajar. Hoy día no tenemos esta cartelera, lo que tampoco era garantía para que se conformaran carteles; pero sí quizás una escritura que lo hacía existir. Hoy día, ¿cómo escribir y hacer legible la existencia del cartel en nosotros mismos y en nuestra ciudad?
Hacer existir el Cartel es hacer existir la Escuela; y Miller en el Nacimiento del Campo Freudiano nos recuerda: “afirmo que el concepto de Escuela (Lacan, 1964) demostrará ser operativo por poco que se interprete como conviene. Empecemos ahora mismo. ¿Y por dónde? Por el principio. Y ¿cuál es el principio? El cartel”;[5] y para conformar un cartel hace falta al menos uno que lo desee, se autorice y se enlace a un interés similar en algunos pocos.
Muchas gracias.
EL OBJETO MIR(a)DA EN EL FANTASMA*
GLORIA IRINA CASTAÑEDA**
El objeto a es uno de los conceptos más importantes del psicoanálisis construido por Lacan, y nombrado así en el seminario La angustia donde pluraliza el objeto a recortándolo de los orificios del cuerpo como “Las cinco formas del objeto a” que detalla como pedazos del cuerpo, como el producto de un cuerpo fragmentado que responden a una estructura de borde.
A nivel de la pulsión el objeto mirada, es el corte, la esquizia[6] que se produce entre el ojo y la mirada. Y es que el ojo nos remite a un campo visual sin goce, donde los ojos cumplen una función para la percepción de ese campo visual, mientras que la mirada implica realidad y goce; ello significa que la pulsión hace presencia en el campo escópico. Freud en 1910, sitúa esta separación entre ojo y mirada, y es así que dirá: “el placer sexual no se anuda meramente a la función de los genitales; la boca sirve para la acción de comer y de la comunicación lingüística, pero también para besar. Los ojos no solo perciben las alteraciones del mundo exterior, importante para la conservación de la vida, sino también las propiedades de los objetos por medio de los cuales estos son elevados a la condición de objetos de la elección amorosa: “sus encantos”.[7]
La mirada es aquello que falta en la imagen, esa falta, esa elisión de la mirada en la visión es sin embargo la esencia de la visión: Contemplo el parque por la ventana, la visión ante mis ojos me muestra los árboles, el lago, la gente que camina. ¿Qué queda elidido en esa visión?, la mirada. La mirada como objeto faltante constituye el campo escópico. La mirada va más allá de la visión, tiene que ver con una implicancia del sujeto y el goce, es como una parte invisible al ojo, es saber cómo goza el sujeto con el objeto pulsional.
Testimonio de pase
Termino este trabajo con un recorte del primer testimonio de Pase de Jorge Assef,[8] alrededor de los objetos oral y mirada sobre los cuales se organizó su programa de goce y los modos de arreglo bajo la forma de su sinthome.
Nos dice que la mirada del Otro había sido frecuentemente un tema en su análisis, mirada que se volvía persecutoria y siempre incómoda. Tiene una pesadilla que le indica que lo más perturbador de la mirada aparecía en el punto donde lo escópico se articulaba con el objeto oral. En la pesadilla, él se encuentra con su pareja, que lo abraza por la cintura, pero con una de sus manos agarra cada vez más fuerte el costado de su cuerpo haciendo mucha presión, a la vez que lo mira fijamente con sus ojos celestes mientras él llora de dolor. De pronto le acerca su rostro a la cara y en ese momento sus ojos color celeste se tornan negros, grita desesperadamente, todo se funde de negro y se despierta gritando: “me quiere comer el hígado”.
Días después advierte que en verdad lo que hizo que se despertara no era tanto el dolor que sentía, sino el momento en que se daba cuenta que los ojos celestes eran en verdad negros, entonces, ¡eran en verdad sus propios ojos! Así las cosas, la pesadilla solo hablaba de él, y allí estaba el máximo punto de horror. El circuito pulsional articulaba claramente el abrazo y la voracidad, de tal modo que el significante que el inconsciente produjo una vez en análisis fue garrapata. Descubrió que el “osito cariñoso que él creía ser, escondía ese parásito repugnante que se adhiere al otro para devorarlo como una garrapata, significante que se constituyó como el nombre de su síntoma
Develar la lógica del fantasma posibilitó articular el goce al deseo, fantasma cuyo guion versaba sobre: “agarrarse del otro”. La solución sinthomatica se logró por la vía de la extracción del pathos de la garra-pata, luego de la interpretación de un sueño en el cual de las ramas de un árbol ve moverse y asomarse un pato, que se lanza y zambulle en una fuente de agua, captando su atención y causándole mucha risa. Luego de un rato vuelve al árbol y sube a la rama más alta, Assef piensa: ¡¡¡Claro es para que no lo agarren!!! Y ahora se despejaba un nuevo arreglo, un nuevo uso de su síntoma, a través del nombre del sinthome: la garra, la cual se sintoniza con una interpretación de la analista años atrás cuando apretando su puño frente a su cara le dice: “eso es muy tuyo”.
* Informe realizado y presentado por Mónica Larrahondo como responsable de la Comisión de Carteles de la NEL-Cali gestión 2022-2024 en la Asamblea de Permutación el 23 de octubre de 2024.
** Psicoanalista en Cali, Colombia. Miembro de la Nueva Escuela Lacaniana del Campo Freudiano (NEL) y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP).
[1] Larrahondo, M., “El Cartel, puerta de entrada al trabajo con otros en la Escuela”, 16 septiembre 2023, inédito.
[2] Lacan, J., “D’ Escuelaje”, Los confines del seminario, Buenos Aires,Paidós, 2002, p. 63.
[3] Ibíd., p. 63.
[4] Miller, J-A, “La pregunta de Madrid”, El nacimiento del campo freudiano, Buenos Aires, Paidós, 2023, p. 194.
[5] Miller, J-A, “La hora de la Escuela”, El nacimiento del campo freudiano, Buenos Aires, Paidós, 2023, p. 171.
* Producto realizado en el cartel El objeto mirada, presentado en las I Jornadas de carteles de la NEL. 1 de noviembre de 2024.
** Asociada a la NEL-Cali.
[6] La separación que Lacan llama esquizia del ojo y la mirada.
[7] Freud, S., (1923) “La perturbación psicógena de la visión según el psicoanálisis”, Obras completas, Tomo XI, Buenos Aires, Amorrortu Editores, 2006, p. 213.
[8] Assef, J., “Testimonio 1”, Revista Bitácora Lacaniana No: 10. Recomenzar., 2021, pp. 248-260.