ORIENTACIÓN POLÍTICA
¿QUÉ SABER EN LA ESCUELA?
¿Qué régimen de saber opera en nuestra comunidad de Escuela? ¿A qué impases nos vemos enfrentados? Son preguntas que miembros y asociados toman como orientación política para la formación en y con la Escuela, y que fueron abordadas en las Noches de Escuela de la sección, como espacio preparatorio para el I Congreso de Miembros propuesto por el Consejo de la Escuela, cuyo tema fue Régimen de saber, sus impasses en la NEL, llevado a cabo en Lima el viernes 3 de noviembre de 2023.
Las respuestas que van surgiendo son siempre parciales, generan nuevas preguntas, y ponen en juego, como lo podremos encontrar en los tres textos que componen esta sección, la enunciación de cada uno. En ellos se abordan cuestiones cruciales abordadas en las Noches de Escuela de la sección, alrededor de la actualidad de la Escuela Una, el pase, y el control de la práctica.
LA ESCUELA UNA, HOY*
GLADYS MARTÍNEZ**
Me parece muy interesante iniciar esta serie de Noches de Escuela de nuestra sección, la NEL-Cali, con nociones que nos son familiares pero que ameritan ponerse a punto en el conjunto de lo que llamamos la política de Escuela, es decir, su orientación.
En primera instancia, cuando hable de Escuela, no me referiré a la dimensión institucional de las Escuelas de la AMP que existen, sino al concepto de Escuela que se desbroza del Acto de fundación de Lacan y que J.-A. Miller se encarga de elevarlo a la categoría de 5º concepto fundamental del psicoanálisis.
El concepto Escuela, lo encuentro de la misma estofa de lo que Lacan denomina “el espíritu del psicoanálisis”. El psicoanálisis, como praxis, trabaja con esa dimensión humana que escapa a la consciencia de su yo, que escapa al sistema identificatorio que una sociedad postula como necesario para su existencia como sociedad. Eso que escapa tiene varios nombres o varios estatutos: el inconsciente, el síntoma, la pulsión, el goce, lo real.
La apuesta de Lacan fue la creación de su Escuela como institución original para la formación del psicoanalista: por un lado, lo más cerca posible al discurso psicoanalítico mismo que apunta a producir la diferencia absoluta de sus analizantes, pero así mismo, a erigirse lo suficientemente agalmática para provocar el deseo y las ganas de trabajar juntos, con otros, desde esa diferencia absoluta, por una misma causa. La Escuela, como instrumento para el psicoanálisis dispensa una formación, pues para que el psicoanálisis exista en el mundo, como realidad efectiva, es necesario que existan psicoanalistas que lo practiquen.
Esa semilla sembrada en ese campo que Freud abrió e instituyó ha crecido y se ha esparcido en el mundo transformándose en un vigoroso antídoto con el cual enfrentar las diversas epidemias que amenazan socavar las subjetividades en el mundo bajo los diversos rostros con los que se presentifica el discurso del amo en la actualidad.
Es interesante notar que la Fundación del Campo Freudiano fue otro invento de Lacan, otro instrumento, además de su Escuela. Fue fundada en 1979 y su coyuntura fue, justamente, la pendiente peligrosa de su propia Escuela de contraer el virus del mutualismo, en constituirse ella misma en una Sociedad de Asistencia Mutua contra el Discurso Analítico.[1] En cierta medida, el Campo Freudiano era y es un buen partenaire para la Escuela, un tratamiento para contrarrestar lo insoportable del germen grupal, y su pendiente autista, de encerramiento sobre sí misma. No hay vacunas que garanticen 100% una inmunidad, pero sí instrumentos para tratar el germen grupal y recomenzares para tratar el automatismo, la burocracia y la totalización del saber en manos de unos pocos. La doctrina del fin de análisis condensa e ilumina la orientación de estos instrumentos y recomenzares.
La Fundación del Campo Freudiano nace como un lugar de acogida, de recepción de todos aquellos en el mundo que se interesan por la Orientación Lacaniana y quieren hacerla llegar a sus países y a sus lenguas. Fue el antecedente de la creación de la AMP y de sus 7 Escuelas. Pero es importante no olvidar la especificidad de cada una de estas dos instituciones; su articulación, y al mismo tiempo, sus diferencias. Las Escuelas se encargan de la formación de los psicoanalistas. Podemos decir que es la vertiente del psicoanálisis puro. El Campo Freudiano, más amplio, vela por la extensión del psicoanálisis, vela por abrir vías, para que, alojando deseos diversos, se impregne en la cultura, lo cual, por supuesto, no es sin la formación de los psicoanalistas, es decir, sin la intensión y ¡la invención! Actualmente, la Fundación del Campo Freudiano, alberga al Instituto del Campo freudiano y a una gran diversidad de Redes, entre ellas la FIBOL, Federación Internacional Bibliotecas de la Orientación Lacaniana, así como a grupos de estudio e investigación que difunden lo que el psicoanálisis tiene para aportar a la cultura acerca del esclarecimiento del sufrimiento psíquico y de la posición que conviene para tratarlo, que no es lo mismo que combatirlo o segregarlo. Su trabajo en Red ha llegado a países donde no hay Escuelas y donde era muy difícil pensar que el psicoanálisis podría existir, como Rusia, Ucrania, la misma Cuba.
El espíritu del psicoanálisis
No es sencillo hablar del espíritu del psicoanálisis. Para que no quede una resonancia errónea de orden esotérica o religiosa tomaré de Lacan una pequeña referencia. La encontramos en su texto Exhorto a la Escuela, en el que argumenta la necesidad de tomar una decisión frente a su Proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista de la Escuela.
Como seguramente bien lo saben, la propuesta del dispositivo del pase no fue bien recibida en su Escuela porque esta Proposición subvertía un orden: “… el analista no resulta del analista, sino del análisis”.[2] Esto conmovía la idea instalada acerca de que el psicoanalista se debía a sus años de experiencia, de su práctica como psicoanalista. Lacan fue enfático al proponer que el analista sólo deviene de su análisis; no es un ser, no es una identificación, no es quien detenta un saber acumulado.
Argumentada su proposición y hablando del AE y su función para la Escuela, es que plantea lo siguiente: “Es poner toda la confianza, Lacan lo dijo, en el espíritu del psicoanálisis, que hay que suponer puede manifestarse a través de ustedes, puesto que no se lo puede esperar en otra parte”.[3]
El espíritu del psicoanálisis lo podemos ubicar justamente en lo que la lógica del dispositivo analítico nos enseña: que el analista proviene del no todo, de la lógica femenina, que da cuenta de una relación con un S(A/), nombre de la inconsistencia del Otro, esa que permite objetar un saber total con el cual ejercer un poder sobre los otros, un poder para domeñar el goce.
El espíritu del psicoanálisis es la inconsistencia del Otro. Nuestra pregunta permanente, insistente, perturbadora y a la vez apasionante: ¿cómo operar su lógica, en las curas que dirigimos, en la experiencia analítica? ¿cómo operar su lógica en la institución que hacemos existir como Escuela? En otras palabras, ¿cómo practicamos el psicoanálisis y cómo practicamos la Escuela, sabiendo que sólo cabe esperarse que el espíritu del psicoanálisis se manifieste a través de nosotros?
Si existía la Escuela, si existía la Fundación del Campo Freudiano, ¿por qué emergió la AMP y posteriormente la declaración de la Escuela Una?
Es preciso hacer diferenciaciones: la AMP no es la Escuela Una. La AMP es una Asociación que reúne las diferentes Escuelas de la Orientación Lacaniana. A diferencia del significante “Internacional” incrustado en la IPA, la AMP se quiso mundial, cuando se hizo realidad efectiva (wirlichkeit) el espíritu del psicoanálisis anudado a un deseo de Escuela en países distintos a Francia. Lacan viajó a Caracas, a conocer a sus lectores, justo antes de la disolución de su Escuela, la EFP y la fundación de la ECF (1981) como contra experiencia. En nuestro continente americano se materializaba la confianza en el espíritu del psicoanálisis a través de los lectores de Lacan, que no habían sido sus alumnos.
Como consecuencia de ello, la siguiente Escuela de orientación lacaniana que tiene existencia en el mundo se funda en Caracas, la ECFC. Y no olvidemos, que la NEL, surge como contra-experiencia de la ECFC, cuando, por sus graves desvíos, fue necesaria su disolución. Quiero mencionar que de las Escuelas que existen, la NELcomparte con la ECF, su impronta de contra-experiencia. Es una marca de nacimiento de la que vale la pena hacernos responsables, cada vez.
Después de la ECFC, surgen dos Escuelas más: la EEP, en 1990 y la EOL (1992). En el Encuentro Internacional en que se materializa la fundación de la EOL, Jacques-Alain Miller precipita un acto: la creación de la AMP (1992). El movimiento Mundial ya era una realidad efectiva, a través los Encuentros Internacionales del Campo Freudiano, con sólidas transferencias de trabajo entre colegas de este y del otro lado del Atlántico. Estas Escuelas, compartían con la ECF, la responsabilidad de hacer existir el legado lacaniano sin la presencia física de Lacan, pero en transferencia viva con su enseñanza, así como con el concepto Escuela que se materializaba con la doctrina del final de análisis. Posterior a esto, se crea la EBP (1995) en Brasil, y se conviene que la EEP dé lugar a dos Escuelas nacionales, la ELP (2000 en España), y la SLP (2002 en Italia). En 1999, después de la visita de J.-A. Miller a Bogotá, viaja a Caracas para impartir un seminario, pero también para sortear la fuerte crisis que atravesaba la ECFC. Se dan diversos debates, pero, ante la presencia de una transferencia negativa indialectizable, se arriba a la conclusión inminente de su disolución. Es allí cuando se pone en marcha un Movimiento hacia la Nueva Escuela que culminó en la creación de la NEL (2000) como contra experiencia.[4] Un tiempo posterior a la creación de la NEL, se funda la NLS (2003), Escuela que, comparte con la NEL, su existencia en varios países del territorio y no en uno solo, como ocurre en las otras Escuelas.
Después de este marco y recorrido histórico, adentrémonos en qué es la Escuela Una e interroguemos el porqué de su existencia.
La Escuela Una
La Escuela Una se crea, en el II Congreso de la AMP en el año 2000, en los albores de un nuevo siglo y posterior a 8 años de la creación de la AMP.
Si ya la AMP reunía al conjunto de las Escuelas, y con ello al conjunto de sus miembros que residían en diversos países, con diferentes idiomas y contextos socioculturales y políticos, y cada Escuela acogía los principios del Acto de fundación de Lacan y de la Proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista de la Escuela ¿qué precipitó su creación? ¿Qué se buscaba tratar? ¿Fue respuesta a qué problema?
Quizás en su misma definición ya podamos ubicar algunas pistas. Dice en la página de la AMP: La Escuela Una no es una institución, no tiene ni sede ni estatutos. Es una experiencia sin fronteras y translingüística que pretende mantener viva la orientación lacaniana en el Psicoanálisis.[5] Destaco esto: la creación de una Escuela, que reuniera la diversidad de miembros de las diferentes Escuelas, sin que fuese una supra Escuela, porque justamente estaba vaciada de toda connotación institucional. Las instituciones, por más analíticas que sean, tienen que vérselas, para su funcionamiento práctico, con el discurso del amo. Entonces se quería una Escuela, lo más cercana posible al espíritu mismo del psicoanálisis, y que pudiera reunir a los miembros de las Escuelas, no por identificación de ningún tipo, ni por reconocimiento, sino por el espíritu del psicoanálisis mismo. La Escuela Una es el nombre de lo que tienen en común sus miembros y es una experiencia sin fronteras y translingüística.[6] Por ello no tiene una sede, no está localizada en algún lugar, pero sí está encarnada en los acontecimientos que la hacen existir, como la Cita con el Pase, la Gran Conversación de la Escuela Una. Citas mayores que hacen que la Escuela Una tome cuerpo. ¿Qué es lo que tienen en común sus miembros? Sus referencias teóricas, su preocupación por la formación rigurosa del analista, su manera de practicar el psicoanálisis y su doctrina sobre el final de análisis.[7] Esto en común, hace que cada uno, uno por uno, sea parte de un movimiento mundial, que comparte los principios y fundamentos del psicoanálisis que Lacan recondujo con rigor al movimiento de reconquista del campo que Freud abrió.
Lo interesante es pensar en las paradojas de un conjunto que no esté ni cerrado, ni totalizado, pero que no por ello deje de contar con Una orientación precisa que causa convergencia y que no hace complacencia a los eclecticismos.
El fundamento de la Escuela de Lacan, en tanto inédita experiencia asociativa para los psicoanalistas, era hacer un corte con el reconocimiento entre didactas notables, colocando en el centro lo opuesto: el reconocimiento de un no saber, el saber del inconsciente, siempre a la espera de advenir, de ser realizado. El matema S(A/) es la escritura de ese vacío motor en su centro, que propulsa un deseo de saber que conduce a la invención de saber, única vía posible para que el psicoanálisis no se transforme en un saber envejecido, o en un saber muerto.
Sin embargo, las Escuelas enfrentan el real de la formación del psicoanalista y las paradojas de la formación. Las Escuelas tienen crisis. Tienden a cerrarse sobre sí mismas, siendo el localismo uno de sus síntomas. La AMP es una institución que reúne a las Escuelas, pero no es una Escuela. Tiene estatutos, funciones y fines específicos. Su objetivo fundamental es mantener vivo el psicoanálisis de orientación lacaniana a la luz de los desafíos contemporáneos. La AMP reúne a las Escuela en torno a la investigación de la práctica psicoanalítica y a la conversación permanente entre sus miembros. Es respetuosa de las decisiones de cada Escuela y está abierta a la consulta promoviendo el intercambio. Es cuidadosa del estilo de cada Escuela y de su autonomía. Sin embargo, es preciso decir que las “autonomías” son problemáticas cuando se tornan reivindicativas, cuando dispersan y van enfriando el fuego del Uno, el fuego de la causa común, la causa analítica que tiene por referencia a Freud y a Lacan. De allí que la fuerza vital de la AMP sea mantener avivado el fuego de la Escuela Una. Busca mantener despiertos a sus miembros, promueve los lazos transferenciales y reenvía a la transferencia al trabajo de cada uno. De este modo el psicoanálisis de orientación lacaniana busca no dormirse en sus laureles, encontrando modos efectivos de mantener viva la llama del deseo de formación de sus miembros, en el trabajo con otros. En esa vía, la AMP opera como un potente antídoto frente al virus de la dispersión, fragmentación y segregación tan propios de nuestro tiempo.
Dejo como pregunta para seguir trabajando, entre otras preguntas: En la época de la dispersión y de los Unos-solos ¿qué es la Escuela Una para cada uno?
* Texto presentado en la Noche de Escuela de la NEL-Cali del 23 de abril de 2024.
** Psicoanalista en Cali, Colombia. Miembro de la Nueva Escuela Lacaniana del Campo Freudiano (NEL) y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP).
[1] Miller, J.-A., “Sobre el mutualismo”, Como terminan los análisis. Paradojas del pase, Buenos Aires, Grama ediciones, 2022, p. 321.
[2] Miller, J.-A., “Desbroce de la formación analítica”, Introducción a la clínica lacaniana, Barcelona, RBA Libros, 2007, p. 546.
[3] Lacan, J.,“Exhorto a la Escuela”, Otros escritos, Buenos Aires, Paidós, 2012, p. 314.
[4] Miller, J.-A., “Disolución de la ECFC y surgimiento del INES”, Seminarios en Caracas y Bogotá, Buenos Aires, Paidós, 2015, pp. 589-622.
[5] La Escuela Una, Asociación Mundial de Psicoanálisis, 2024 [En línea], https://www.association-mondiale-psychanalyse.org/es/la-escuela-una/
[6] Ibíd.
[7] Ibíd.
ACTUALIDAD DEL PASE*
MÓNICA PATRICIA LARRAHONDO**
Propongo que esta Noche de Escuela tengamos la conversación alrededor de las siguientes preguntas:
1° ¿Por qué resulta tan importante estudiar los testimonios del Pase en una sección de Escuela, en nuestro caso la NEL-Cali?
2° ¿Qué tan cercano nos resulta el Pase?, o, si por el contrario, pensamos que el Pase concierne a determinado grupo de analistas, quizás los que están terminando su análisis?
3° ¿Para qué el Pase?
Orientada por estas tres preguntas, decidí leer un poco sobre la creación del dispositivo del Pase, encontrándome por sorpresa una suerte de iteración en este dispositivo: los fenómenos grupales, la pregunta por el saber.
Retomé entonces algunos apartados del libro El Pase, antes del Pase … y después de Irene Kuperwajs, AE durante el período 2019- 2022. Allí ella retoma una afirmación de Miller con la que coincido plenamente. Dice: “al referirnos a la política lacaniana no hablamos de narrar acontecimientos, “sino de extraer sus principios””.[8] Pues bien, en mi revisión histórica sobre la creación del dispositivo del pase intenté extraer algunos principios que quizás puedan darnos luz respecto a la “Actualidad del Pase”.
Entonces tenemos lo siguiente:
Antes del Pase…
1. La “dictadura de Nacht”: la crisis y escisión de la SPP, Sociedad Psicoanalítica de París, en 1953, en torno a la creación el Instituto de Psicoanálisis, donde el poder se concentraba en Sacha Nacht, su director, quien eligió a sus colaboradores para formar la comisión de enseñanza. Pues bien, él editó un programa de estudio y un reglamento rígido en el que “sólo al término del análisis didáctico… de los análisis bajo control y de la enseñanza teórica, y después de la homologación por parte de la Comisión de Enseñanza, el candidato cierra sus estudios por medio de un examen que demuestra su formación psicoanalítica regular”.[9] Frente a este planteo Lacan recordó a la comunidad analítica que “si Freud nos advirtió que un análisis didáctico digno de ese nombre debe presentar el carácter de no terminar con su última sesión, sino de prolongarse en una transformación continua del yo, la enseñanza teórica tampoco podría limitarse a un ciclo de conocimientos”, considera que reducir la formación en psicoanálisis a un ciclo de enseñanza “degradan su estilo sin elevar su nivel”.[10] Esta propuesta, sumada a lo polémico de sus sesiones cortas, hizo que el Consejo de Administración obligará a Lacan a acogerse a lo estandarizado por la SPP en relación al psicoanálisis didáctico: tres sesiones semanales y doce meses de tratamiento para los analistas didácticos. Lacan termina renunciando a la SPP el 16 de junio de 1953, yéndose de la sociedad con algunos otros colegas.
De esta crisis, los puntos polémicos que se resaltan en la formación de analistas son:
- La estandarización de los análisis y el control
- La concepción de “Comisión de enseñanza” como comisión de expertos, quienes además delimitaban con quién habría que analizarse y hacer control de los casos
- La concepción que habría un producto acabado de lo que sería un analista
- Reducir la formación del analista a un ciclo de estudios (tipo universitario)
2. Fundación de la Sociedad Francesa de Psicoanálisis, SFP: inmediatamente Lacan se fue de la SPP fundó la SFP, que “estuvo caracterizada por una formación libre en la que los alumnos elegían su didáctico y sus controles sin pasar por una comisión de enseñanza. La creación de este proyecto prometedor encuentra su límite cuando surge el pedido de afiliación a la IPA.
En 1956, Lacan ironiza la formación que la IPA dispensa, dice que se trata más de sostener los lazos imaginarios que en el trabajo conceptual del psicoanálisis. También critica a aquellos que guardan silencio, y concluye respecto de la importancia que tiene hacerse la pregunta por qué es un psicoanalista.
3. La “excomunión” de 1963: El 21 de marzo de 1962 Leclaire le escribió a Dolto una carta como secretario de la comisión de estudios sugiriéndole que no tomara pacientes para análisis didáctico ya que consideraban que su práctica, así como la de Lacan, no eran de “dominio analítico”. Y el 2 de agosto de 1963 el Congreso de la Internacional en Estocolmo emitió un informe en el que se determinaba que Lacan no era reconocido como analista didacta. Turquet, quien redactó este informe dice: “Lacan es y seguirá siendo siempre inaceptable como didacta. Conviene perfeccionar garantías para su exclusión permanente”.[11]
Vemos entonces cómo insiste esta cuestión de la “comunidad de expertos”, quienes deciden lo que es de “dominio analítico” y quiénes autorizarían lo que sería un analista.
4. Fundación de la Escuela en 1964: Lacan funda su Escuela como una contra experiencia de la IPA, conformada por dos dispositivos: el Pase y el Cartel; y también por Scilicet, la revista que Lacan situó en el mismo grado institucional que los dos dispositivos. La Escuela como experiencia inaugural diferenciada de la IPA distingue el grado de la jerarquía.Yen la nota adjunta al “Acto de fundación”, Lacan afirma “La enseñanza del psicoanálisis no puede transmitirse de un sujeto al otro sino por las vías de una transferencia de trabajo”. Con esta aclaración Lacan nos está introduciendo como principio la transmisión articulada a una transferencia, lo que es muy diferente a la jerarquía que supone la “comunidad de expertos”. “La Escuela es una asociación por el psicoanálisis, por el trabajo en relación con la causa analítica”, donde la experiencia analítica resulta fundamental.
Ahora bien, que el analista sea el resultado de un análisis tiene consecuencias en la enseñanza y en la transmisión. Para Lacan hay un real en juego en la formación de analistas para lo cual la Escuela es un tratamiento posible de ese real; y en el Acto de fundación Lacan parte de “los problemas urgentes a interrogar sobre las salidas del didáctico”, anticipándose a su invención: el Pase.
El Pase…
5. Proposición de 9 de octubre 1969: invención del Dispositivo del Pase
Lacan crea el Pase con el objetivo de verificar el viraje subjetivo de analizante a analista, y así investigar sobre el fin del análisis y el deseo del analista. Para Lacan el AE, Analista de la Escuela, no se confirma por la experiencia práctica, tampoco por su erudición teórica, mucho menos el elegido por una “cooptación de sabios”. El AE es simplemente un analizado.
La invención de este dispositivo no fue sin debate ni resistencias. Incluso, se había adoptado la Proposición, pero seguía habiendo resistencias a aceptar el dispositivo, quizás por esto se tarda como 20 años para ponerlo en funcionamiento. ¡20 años!, y después del fallecimiento de Lacan! Incluso, hay que decirlo, hubo desde el inicio una discusión en relación a si los testimonios del Pase deben pasar a la comunidad o no, discusión sobre la cual se retoma cada tanto.
6. El fracaso del pase y la disolución de la Escuela Freudiana (1978-1980) En las Jornadas de Deauville de 1978 Lacan habla del fracaso del pase. Comienza diciendo que “no es necesario ser AE para ser pasador … La única cosa importante es el pasante y el pasador, a saber ¿qué es lo que se le pasa por la cabeza a alguien para autorizarse a ser analista?”[12] y recalca que el pase incumbe a toda la Escuela. Había allí una apuesta firme por parte de Lacan, aunque había tensiones al respecto. Y en 1980 Lacan disuelve la Escuela. “Él sostenía que la EFP no cuidó al discurso analítico de los efectos de grupo, y eso la alejó de sus propios principios”.[13] Y en las reuniones de los lunes donde se trabajaba la disolución, porque hasta la disolución hay que pensarla, se habló sobre sobre el Pase, y allí Kuperwajs menciona algo que considero muy importante en relación a las preguntas que traía inicialmente “El pase no puede extraerse de la enseñanza de Lacan como si fuera una pieza sobreagregada, sino que es parte de la enseñanza. No se puede pasar del pase”.[14] El Pase fue reducido en la EFP a una especie de “contraseña” y esto es totalmente contrario a su finalidad que era la de una transmisión exotérica. Una transmisión que se circunscribe en un tiempo fugaz. Resalto este punto porque es algo sobre el cual se retoma en la crisis del pase del 2022. El tiempo del pase no es eterno, no se es AE para siempre porque de serlo se estaría formando una “casta de AE’s”, y Lacan con la invención del Pase lo que quiere es justamente subvertir esta idea de la “comunidad de expertos”, de la “casta”, de la “starificación”. Un AE es nombrado sólo por tres años.
Entonces, la decisión de Lacan fue la disolución, lo que generó estupor en quienes la habitaban; pero dio lugar a la Escuela de la Causa Freudiana en 1980. Lacan falleció en 1981, y en ese último año de su vida se hacían “los sábados del pase” que eran reuniones en las que se discutía sobre el procedimiento. Esos sábados eran abiertos a quien tenía algo que decir sobre el momento del pase.
Ahora sí ¿en qué consiste el procedimiento del pase?, ¿Cómo se procede?
Lacan sugiere que quien decide hacer el pase dé un testimonio sobre su experiencia analítica y fin de análisis, para esto propone un dispositivo.
1° El candidato que decide presentarse al dispositivo se lo llama “Pasante”
2° El pasante debe presentarse ante dos pasadores, quienes como él están en el momento de de-ser, ad portas de su fin de análisis. En relación a la elección de los pasadores ha habido una cantidad de debates, pues algunos afirmaban que los mismos deberían ser elegidos por un AME, Analista Miembro de la Escuela, que puedan dar garantía, otros por sorteo, etc.
3°Los pasadores comunican lo que “pasó” del testimonio del pasante ante un jurado, cuya conformación también ha sido objeto de discusión. En un inicio, por ejemplo, el jurado estuvo compuesto por el director, tres AE y tres pasadores.
4°Luego, lo que antes se conocía como “jurado” pasó a ser “Cartel del Pase” conformado por: tres analistas, de ellos al menos un AE, y un pasador elegido por el secretariado del Pase sobre la lista propuesta por los AME.
7. La experiencia del Pase inicia 1983
Después del Pase… las crisis
8. Crisis de los 90’s: se reactualizan las preguntas “¿qué es un analista?, ¿qué es la Escuela?, ¿Para qué el Pase en la Escuela? Para dar tratamiento a estas cuestiones, Miller abrió las Jornadas de ese año sobre “El Concepto de Escuela, la experiencia del pase y la transmisión del psicoanálisis” enfatizando que la experiencia del pase sólo tiene consistencia si está referida a la Escuela. También dictó el curso “El banquete de los analistas” en el que se dedicó a hablar del deseo del analista y el pase; y por último Miller propuso lo que se llamó las “Tétradas” que fueron cuatro reuniones donde se examinaron los puntos candentes institucionales. Menciono algunos puntos:
1. En la segunda tétrada se trabajó: ¿qué quiere la Escuela de su psicoanalista?, donde además se hicieron preguntas acerca del porqué del testimonio a la comunidad y en qué momento.
2. Otro punto crucial, quizás el más crucial, era la nominación y el saber.
¿A quién se nominaba? El atravesamiento del fantasma no terminaba por ser suficiente para nombrar un AE. ¿La posición del sujeto producido por el pase es similar al sujeto producido por el atravesamiento del fantasma?
Y, nuevamente, ¿quién nominaba?Frente a ello Miller afirmaba que el jurado del pase no se confiere un saber: el saber viene del pasante a través del pasador. Si el pasante logra pasar esta enseñanza es nombrado AE. Se trataba de precisar en qué sentido existe un no-saber. Asimismo, Miller plantea que al ser nombrado AE, éste se compromete a consagrarse a la Escuela y a la transmisión del psicoanálisis.
Otro punto clave de discusión fue el de la articulación clínica y política del fin del análisis, cuestión que concierne tanto a la elaboración singular del pasante como a la manera en que el cartel del pase puede dar cuenta de su trabajo. Este último punto, el de la elaboración del cartel es algo que vuelve aparecer en la crisis del 2022. Se concluye que no existe un pase-tipo, y que lo importante es captar la lógica del testimonio, la posición del sujeto en el momento del pase.
9. Crisis 2006 en la EOL: se suspende el procedimiento por una crisis respecto a la conformación de los carteles y las nominaciones, que sintetizaba una falta de confianza. Se retoma el procedimiento en el 2007. Cabe señalar que cuando el pase se pone en marcha en 1983, Miller enfatiza en la confianza necesaria para que el procedimiento se hiciera efectivo. Era necesaria una transferencia hacia esta invención de Lacan y hacia la Escuela que la pone en práctica.
Entonces, me pregunto, ¿en la NEL hay transferencia y confianza?
10. Crisis 2022 en la ECF
La crisis se detona porque más de la mitad de los pasantes fueron nominados, el Secretariado del Pase dejó entrar al dispositivo personas que se presentaban incluso por tercera vez, dejando a un lado el principio del tiempo fugaz que Lacan había postulado en su invención. De esta crisis se determinó que sólo se puede hacer el pase una sola vez,aspecto que es afín a lo que Freud planteaba en “Análisis terminable e interminable” como “El león salta una sola vez”. Dice Miller:
“El pase se inscribe en un tiempo lógico. Un instante de ver está ligado al kairos, al surgimiento de una ocasión que aparece solo una vez. Está seguido del tiempo de comprender, el del analizante que vivió esa experiencia, y que será el tiempo del pasante y del jurado. Llega luego el momento de concluir: hay o no nominación. Tal vez esto no esté muy claro … pero me parece que aquí está en cuestión el tiempo lógico. Entonces, decir dos veces, ya es instalar el tiempo de comprender en el lugar del instante de ver y del momento de concluir. Sin embargo, ¿cuál es la diferencia entre el tiempo de comprender y los otros dos tiempos? Mientras que el tiempo de comprender no tiene límite de tiempo, no sabemos cuánto va a durar, dice Lacan, el instante de ver por supuesto tiene un límite, el más corto posible, y el momento de concluir también lo tiene”.[15]
Tras 42 años de funcionamiento del dispositivo del pase, se puede verificar lo que Lacan pretendía: ¿qué se le pasa por la cabeza a quien quiere devenir analista? Sin embargo, queda un punto oscuro en esta investigación sobre la formación del analista, un punto que es difícil de precisar y que tiene que ver con la mutación subjetiva, el vuelco de analizante a analista. En los testimonios se puede escuchar sobre los fundamentos neuróticos que causa una demanda de análisis, se construye la lógica del caso y sobre el cual se apoya el querer ser analista; pero, Miller se pregunta hasta qué punto los testimonios nos enseñan sobre el deseo del analista, sobre su emergencia; y dice que le da ganas de responder “nada en absoluto”.[16] Cabe señalar que esto lo dice en el marco de la crisis de los 90’s, y aún convendría preguntarnos justamente por ese punto: ¿qué nos enseña los AE respecto al deseo del analista? Si el pase ha tenido tanta controversia es porque introdujo una nueva definición del analista. El analista es, ante todo, un analizante. “El efecto de fin del análisis es la separación del sujeto de la cadena de sus identificaciones, separación que se paga con una pérdida de goce”.[17] El pase es, ante todo, una apuesta en la Escuela Una.
Para finalizar, en relación a las preguntas que me hice al inicio, puedo responder a manera de hipótesis lo siguiente:
1° ¿Por qué resulta tan importante estudiar los testimonios del Pase en una sección de Escuela, en nuestro caso la NEL-Cali?
R/ porque los mismos dan cuenta de una política, la de orientación lacaniana donde lo elemental en la formación del analista es la experiencia analítica. Decir que el analista es ante todo un analizante, es subvertir la idea del analista como sabio y ubicar una posición subjetiva donde las preguntas por lo que es un analista, por la formación, por el psicoanálisis, la clínica, los síntomas, la intersección con la cultura, etc., son preguntas en continuo, no hay conclusiones cerradas, hay apertura. Y esto tiene consecuencias en la enseñanza y en la clínica.
2° ¿Qué tan cercano nos resulta el Pase?, o, si por el contrario, ¿pensamos que el Pase concierne a determinado grupo de analistas, quizás los que están terminando su análisis?
R/el pase no debería ser un asunto de algunos; sin embargo, hay que reconocer que cada quien se deja enseñar por el pase y los testimonios de fin de análisis según la implicación que tenga en su propia experiencia analítica.
3° ¿Para qué el Pase?
R/ Como dice Miller, a nivel institucional, el pase sirve para no promover a los pacientes (como se hacía en la IPA) ni para conformar una cooptación de sabios. Sirve para conmover los fenómenos grupales sobre los cuales ningún analista tiene inmunidad.
EL FOLDER Y LA LETRA*
JAIME CASTRO**
Tomo como punto central de esta presentación la estrecha relación entre la manera como se realiza la práctica del control y el momento de formación del practicante en su análisis. Yendo más lejos, esta vez desde el punto de vista del analista controlador, también está relacionada con la formación y la orientación que de allí se deriva, que tenga el analista controlador. Más aún, podemos establecer una relación entre la práctica del control y el deseo de Escuela del practicante y del analista controlador.
Todas estas variantes suponen que el control está fundamentado en una orientación esencialmente ética en tanto se pone en cuestión el acto y el deseo del analista, es decir el ser del analista, y esto en una fuerte articulación política que marca una orientación tanto en el practicante como en el controlador. Cito a Lacan: "Interroguemos lo que ha de ser del analista (del "ser" del analista), en cuanto a su propio deseo”.[18] Así, las preguntas que llevan a un practicante a dirigirse a otro analista y la escucha del controlador están articuladas o no al deseo de Escuela.
Desde esta perspectiva, el control no es un aprendizaje técnico, una exigencia burocrática o un mandato superyoico. Más bien está sustentado en un principio central en la Escuela que Lacan fundó, el agujero en el saber sobre lo que es El analista. Eso hace del control una exigencia ética.
Un analista se produce en un análisis lo cual difiere del querer ser analista como efecto de una voluntad yoica que puede presentarse inicialmente en una demanda de análisis. El deseo del analista es un efecto subjetivo que se produce en un análisis lo que pone en juego para cada uno el problema de la autorización, el deseo por el psicoanálisis y por la Escuela. Las cartas que cada quien coloque sobre la mesa son diversas.
Lacan en la Proposición del 9 de octubre sobre el psicoanalista de la Escuela plantea un principio: “el psicoanalista sólo se autoriza a partir de él mismo”[19] (“le psychanalyste ne s’autorise que de lui-même”). Es la traducción que aparece en la página web de la AMP. Me gusta más esta versión por la referencia a la tercera persona, “lui même” en francés, que implica un rodeo por el Otro, mientras que la otra traducción que dice que “se autoriza por sí mismo” o “de sí mismo”, no deja de resonar con una cuestión yoica, que no es el caso. No se trata de una autorización desde el yo, ni desde una racionalidad o un capricho, tampoco basada en un recorrido universitario. La autorización, si se da, vendrá como efecto del trabajo que el analizante hace con su propio inconsciente, con el saber puesto en juego allí y las mutaciones en su programa de goce que vaya logrando. Es la experiencia del parlêtre en su vertiente más real, aquella que pone en juego el moterialismo del inconsciente real lo que, en un momento dado, puede llevar a un analizante a desear ocupar el lugar del analista.
Entonces la producción del analista implica la inmersión en esa Otra escena en el propio análisis, y también la inmersión en la formación. El analista se produce, pero también tiene que formarse para lo cual contamos con el control y la Escuela, como bien lo ha establecido Miller al agregar al trípode freudiano este cuarto elemento de la formación. Estamos en una Noche de Escuela. Subrayo la preposición de para remarcar que Cali, esto que llamamos NEL-Cali con ese guion que separa y también articula, es una sección de la Escuela.
Un efecto de interpretación
La experiencia del psicoanálisis y la experiencia de Escuela nos brinda ciertos encuentros que pueden tener un efecto de interpretación. Me sucedió algo así en una Noche de Escuela en la Ciudad de Guatemala hace un par de años en donde Guy Briole, colega de la ECF fue invitado a hablar sobre el control. Su intervención en general es muy interesante pero lo que más me resonó con mi momento de análisis y con mi propia práctica del control fue cuando se refirió al control con el analista o con otros analistas. No hay una regla al respecto. A lo largo de mi práctica he tenido la oportunidad de controlar de manera esporádica y también regular tanto con mis analistas como con otros analistas. Si la intervención de Guy Briole resonó fue en el punto de salir de la “burbuja” de la relación libidinal que se establece con el analista y cuando se controla de manera regular. Esto derivó a que demandara a otro analista de la Escuela una práctica regular de control que conservo hasta el momento. La sanción del analista ante esta decisión se hizo sentir en una sesión.
Ese movimiento evocó en mí uno de mis primeros controles de mi formación. La analista a la que me dirigí, intervino para señalar que el control con el analista o con otro analista ponía en juego el recorrido moebiano de la pulsión. No usó el término de extimidad, pero es lo que puedo leer a posteriori, muchos años después, pues entre el control y el análisis hay una relación muy estrecha, siempre y cuando se lo conciba al primero, no como una transmisión de un saber técnico preestablecido.
Recuerdo que en esos primeros controles llevaba preguntas relacionadas con mi práctica como psicólogo escolar con adolescentes. Muy pronto leí en el Acta de fundación de Lacan, su orientación respecto de la cual la Escuela tiene el deber de ofrecer el control al analizante que lo desee motivado por sus necesidades profesionales por poco analítica que sea su práctica. No lo estoy citando, es mi lectura personal. Pero es una idea que me ha acompañado desde hace mucho tiempo en controles de mi práctica institucional y que también he intentado transmitir cuando recibo en control a algún psicólogo, por ejemplo.
Recuerdo muy bien las palabras de esa analista respecto del trabajo con adolescentes: "las consecuencias psíquicas de la diferencia sexual anatómica” No dijo más. Por un momento pensé que era solo una recomendación bibliográfica, pero luego entendí que lo que estaba en juego era el problema de la castración en términos de la relación del sujeto con la imposible relación entre los sexos. Por supuesto, el asunto concernía tanto al trabajo con adolescentes como a mi propia subjetividad.
He controlado de manera regular con mis analistas, cada quien con su estilo. En una de esas experiencias, los controles los hacía desde el diván, con lo cual se me realizaba en acto esta relación distinta, pero al mismo tiempo tan intrínseca entre el control y el análisis. En una ocasión llevé el caso de una mujer histérica que recién empezaba a escuchar. El analista retomó un punto de mis palabras: por el momento habría que seguir el hilo del padre, y allí cortó la sesión de control. Fue un control que me enseñó mucho sobre la histeria, más de lo que hubiera podido leer en los textos.
Hay movimientos en la manera como se lleva un material al control. Recuerdo un control de hace muchos años con una analista ante quien me presenté con mi folder grueso lleno de hojas con mis notas y dibujos de un niño que atendía. Dos cosas extraje de ese control a partir de las intervenciones de la analista controladora: lo más importante era lo que yo tuviera en mi cabeza del caso y especialmente lo que olvidara del caso. Como pueden ver, la analista hizo un corte en la proliferación de sentido depositado en mi folder que yo pretendía llevar al control.
En contraste con esa experiencia, hace pocos años tuve el control más breve de mi vida. La analista de entrada me dijo “Vamos al punto” con lo cual me ví forzado a un ejercicio de reducción para el cual no iba preparado. Se trataba de un caso de psicosis en donde pude transmitir la posición de excepción en la que el sujeto se colocaba. La analista señaló “hay que introducir el para todos” “a todos los hombres les pasa igual”. Ese fue el control, no habían pasado siquiera cinco minutos. Los efectos de ese control minimalista, no se hicieron esperar en la dirección de la cura y ese joven pudo delimitar lo que se veía como un desborde subjetivo.
Una estocada a mi furor curandis obtuve ante un caso muy grave que de manera regular he controlado con mi analista y con otros analistas de manera eventual. El riesgo de un pasaje al acto surge cada vez que el sujeto se enfrenta a un real frente al cual la forclusión se hace evidente. Mi angustia ante la muerte hacía obstáculo a que el sujeto se hiciera responsable de su propia angustia y de sus propias elecciones.
Para concluir diré que si algo sigo aprendiendo, cada vez, en cada control, y esto gracias a una regularidad en la práctica del control, es a leer en cada caso su lógica, y esto ha implicado reducir y extraer significantes en su dimensión de S1 solos, alrededor de los cuales se organiza el programa de goce de cada parlêtre.
Como he intentado ejemplarizar anteriormente, el ejercicio del control, lo que se lleva a un control, está en estrecha relación con puntos subjetivos del practicante que hacen más o menos obstáculo a la dirección de la cura. El control, en ese sentido, intenta proteger al analizante de la subjetividad del analista, se orienta por una singularidad y plasticidad clínicas en el marco de una política que cuenta con la Escuela como un artefacto fundamental creado por Lacan para tratar el real en juego de la formación: no hay El analista.
* Texto presentado en Noche de Escuela de la NEL-Cali el 17 de junio de 2024.
** Psicoanalista en Cali, Colombia. Miembro de la Nueva Escuela Lacaniana del Campo Freudiano (NEL) y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP).
[8] Kuperwajs, I “Cap. 3 El contexto político del pase antes y después de la Proposición de Lacan”, El Pase, antes del Pase … y después, Buenos Aires, Grama ediciones, 2019, p. 103.
[9] Ibíd., p. 107.
[10] Ibíd.
[11] Ibíd., p. 113.
[12] Ibíd., p. 127.
[13] Ibíd.., p.129.
[14] Ibíd., p.129.
[15] Miller, J., “Ocho puntualizaciones sobre la crisis del pase”, Revista Lacaniana de psicoanálisis, Año XVIII, número 32, 2022, p. 95.
[16] Miller, J -A., “Sobre los fundamentos neuróticos del deseo del analista”, Cómo terminan los análisis. Paradojas del Pase, Buenos Aires, Grama ediciones, 2022, p. 268.
[17] Kuperwajs, I El pase, antes del pase… y después, óp. cit., p. 147.
* Texto presentado en la Noche de Escuela “Lo que la práctica del control enseña” del 23 de octubre de 2023 en la NEL-Cali.
** Psicoanalista en Cali, Colombia. Miembro de la Nueva Escuela Lacaniana del Campo Freudiano (NEL) y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP).
[18] Lacan, J., “La dirección de la cura y los principios de su poder”, Escritos 2, Buenos Aires, Siglo XXI editores, 2002, p.610.
[19] Lacan, J., (1967), Otros Escritos. Editorial Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 261.