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RECORRIDOS

RECORRIDOS

En la presente sección encontraremos algunos de los recorridos de la sección en torno a las orientaciones que se derivan de las propuestas de trabajo del XIV Congreso de la AMP “Todo el mundo es loco” y de las XIV Jornadas de la NEL, “El cuerpo en las psicosis”.  Se trata de textos que extraen orientaciones fundamentales para enfrentar los retos de la práctica psicoanalítica de la actualidad.



1. ¿TODO EL MUNDO ES LOCO?

TODO EL MUNDO ES LOCO: UNA BRÚJULA PARA LA PRÁCTICA ANALÍTICA*

GLADYS MARTÍNEZ**

Como bien lo saben, este aforismo de Lacan, Todo el mundo es loco, fue proferido por él, en un breve texto, al final de su enseñanza (1978) que tenía por propósito la defensa del Departamento de Psicoanálisis en la Universidad París VIII. Su título: Lacan por Vincennes.[1] Lo escribió a pedido de Jacques-Alain Miller, para quien era inminente la desaparición de este Departamento. Extraigo de él una orientación política poniendo el foco en el capítulo 17 de su curso Todo el mundo es loco[2] y que tiene por título, Brújula de la última enseñanza. Ofrezco mi lectura, a través de algunas puntuaciones.

1.Todo el mundo es loco, universal paradójico

La fórmula Todo el mundo es loco, implica un universal que no es cualquier tipo de universal.

Si todo el mundo es loco, quien lo profiere no se exceptúa de esa condición. En esa vía, en lugar de la lógica del todo y la excepción, que hace a la existencia de los universales como conjuntos cerrados, se trata de un universal con otra lógica, no toda; como no hay el uno de la excepción, cada uno es una excepción. Siendo excepción, uno y uno y uno, no existe la posibilidad de constituir un conjunto cerrado que los unifique. Todos locos pero no de la misma manera, en esa vía, se trata de un conjunto abierto.

De los seres vivientes del planeta, sólo una especie es loca. Las otras no fallan en su programación instintual. Dicho esto situamos la locura como condición de estructura por el hecho de ser seres de lenguaje, desde una doble vertiente: por haber sido marcados por ciertas palabras fundamentales que hicieron evento en el cuerpo de estofa traumática, es decir, agujereante, la cual nos pare malentendidos, y también, por haber consentido a entrar en el mundo del lenguaje, con la consecuente pérdida que implica, ya que la palabra es, fundamentalmente, la muerte de la cosa, es decir, que la palabra irrealiza la esencia de las cosas. Ser seres hablantes nos sumerge en la incapacidad de captar las cosas del mundo como son. Lo que llamamos realidad, es realidad para cada uno, pues solo existen lecturas posibles con los lentes del fantasma, o con nuestros propios delirios. Miguel Hernández, poeta español, lo dice muy bien:

Imágenes de la vida:/cada vez las recibimos/nos reciben entregados/más unidamente a un ritmo/Pero las cosas se forman/con nuestros propios delirios/Ciegos para los demás/oscuros, siempre remisos/miramos siempre hacia adentro/vemos desde lo más íntimo/el mundo de los demás/no es el nuestro: no es el mismo.[3]

La locura de todos, nuestra babel de malentendidos, es preciso singularizarla.

2. …es decir, delirante

Me interesa destacar que Lacan, para la defensa del Departamento de Psicoanálisis utilice términos que se desprenden del terreno de las psicosis: locura, delirio y en serie con ellos, el sueño. Esto es algo que, en la preparación del XIV Congreso de la AMP, varios colegas han enfatizado desde su carácter irónico. ¿Qué tipo de defensa es esta que, en lugar de valerse de significantes que enfatizaran prestigio, credibilidad, respetabilidad elija significantes que tienen que ver con lo segregado, lo rechazado, lo menospreciado, incluso, lo temido del ser humano, como es la figura del loco? Claramente hay algo disonante aquí.  ¿Qué armónicos podemos discriminar en esta disonancia?

En primer lugar, es preciso decir, que Lacan, desde el inicio de su enseñanza, jamás consideró las psicosis como deficitarias. Es más, desde los albores de su enseñanza, (no olvidemos que Lacan era psiquiatra), su posición fue la de dejarse enseñar por los sujetos psicóticos sobre los misterios del ser hablante. Extrajo, del terreno de las psicosis, términos precisos para esclarecer las dimensiones humanas más primarias y fundamentales. No lo voy a desarrollar aquí porque fue materia de nuestro trabajo en el PEP 2023, pero menciono un escrito muy temprano de Lacan, a todas luces esclarecedor de este punto que subrayo.  El estadio del espejo,[4] esa observación a tan temprana edad del infans, le hace ver a Lacan que el yo es otro, que la matriz del yo, es esa imagen completa fuera que contrasta con el estado de fragmentación e incoordinación del cuerpo.  El júbilo del niño es esa captura triunfante de completud mediada por la mirada del Otro, allí justamente donde no está. Por ello, acentuábamos con Lacan, que el yo, en su fundamento, es paranoico. Fundamento paranoico frente al cual se arma un delirio, un intento de explicación, vía el sentido y la imagen, de aquello irrepresentable en el cuerpo, que tiene la vivencia de ser algo realmente insoportable.  La urdimbre con las que se arregle o localice esa amenaza, serán el material de las soluciones siempre a medida, sin regla fija, con elementos azarosos encontrados a mano, que no se parecen a los de nadie más, salvo en que son en sí mismos “delirantes”, sin ton ni son. La psicosis, en esa vía, brinda luces a esa opacidad que caracteriza la dimensión más íntima del parlêtre, aquello que Lacan situaba como la juntura más íntima del sentimiento de la vida.

Sigamos el hilo de lo estridente o lo que chirrea de esta singular defensa que hace Lacan a favor del psicoanálisis, no olvidando que, resaltó también en este Departamento un trabajo serio con consecuencias.

Les propongo considerar esa estridencia como un llamado a los psicoanalistas. Un cimbronazo, un golpe de timbal o de gong, para despertar, para poner en primer plano que toda defensa posible del psicoanálisis implica, concierne, tiene que ver con el estado de la formación de los psicoanalistas, es decir, que la existencia del psicoanálisis (en la universidad, en los hospitales, en instituciones, en la Escuela misma, es decir, la existencia del psicoanálisis en el mundo) está en relación directa con la formación del psicoanalista. De allí que haya sido enfático en interrogar si el discurso psicoanalítico es materia de enseñanza.

Para que el psicoanálisis exista, -no como una teoría dentro del reino de las teorías, sino como una práctica efectiva en un mundo cambiante- es preciso que haya psicoanalistas que se formen y que practiquen el psicoanálisis a la altura del psicoanálisis mismo. La formación del analista de orientación lacaniana, que tiene en sus fundamentos el fin de análisis y el pase, es una formación en y con la Escuela. La enseñanza de la doxa psicoanalítica, sin formación analítica, es quizás el riesgo mayor para que el psicoanálisis se vaya desvaneciendo con los años; adolecería de su peso real, fundamental, el de una práctica que, en acto, -no en retórica- apunta a una transformación del régimen de goce que hace mal al parlêtre porque le hace penar de más, única justificación a nuestras intervenciones, tal como lo explicita Lacan en el Seminario 11.

3. Brújula de la última enseñanza

La enseñanza de Lacan jamás entra en la consideración de ser un manual o un tutorial, tan en boga en nuestros días. De allí que, como lo dice J.-A. Miller en la p. 316, “puntuar esas obras, discernir en ellas lo esencial y lo accesorio, por modesto que este acto sea, es algo que condiciona muchas cosas y es una responsabilidad de la que nos tenemos que hacer cargo”.[5]

Jacques-Alain Miller en la presentación del Congreso AMP 2024, plantea que el psicoanálisis tiene una cierta porción de responsabilidad, indirecta, en la despatologización contemporánea. La última enseñanza de Lacan que se orienta por lo más singular del sujeto, de algún modo hizo eco en el sujeto contemporáneo que hace -de lo que adivina como su diferencia- un empuje a una colectivización que promulga el resarcimiento de lo que le fue negado en la vida (en términos de Freud, la satisfacción sustitutiva del síntoma) por la vía del derecho civil.

Entonces… Para poder sostener este estatuto de excepción, del discurso analítico, en tanto no busca la dominación, que apunta a la producción de la diferencia absoluta, que aspira a que lo singular no sea omitido[6] es preciso que haya psicoanalistas dispuestos a encarnar esta voluntad de causa, Y esto no implica, de modo absoluto, que Lacan promulgara una validación de dicha despatologización.[7]

¿Por qué J.-A. Miller, encontró en este aforismo Todo el mundo es loco, es decir, delirante, “la nota fundamental”?

A mi modo de ver, está enraizada en esa torsión operada por Lacan en su enseñanza, en la que se separa de ese esfuerzo de “edipizar el goce”, tal como lo había trazado Freud, en la cual la nota fundamental dejó de darla el Nombre del Padre.

Sirviéndome de una analogía netamente musical, les propongo considerar el Nombre del Padre como la nota fundamental del régimen tonal, que es el régimen más extendido en el mundo de la música, de casi todas las músicas del mundo que escuchamos. Está la melodía, que gravita en torno a una nota, con su base armónica, siendo esa nota la que da el nombre de la tonalidad: Do mayor, Si bemol, Sol sostenido mayor, etc. La tonalidad está compuesta por las siete notas de la escala musical diatónica, comandada por una de ellas. La nota fundamental es llamada tónica, pero ella tiene otra nota, la dominante, que es el verdadero amo de ella. Así como dice J.-A. Miller que el verdadero amo del S1 es el S2, en el discurso del amo. Las melodías podemos memorizarlas porque exigen siempre una resolución, tienen frases, antecedentes, consecuentes, tienen, me permito llamarlo así, una semántica y una sintaxis sonora.

Pero, cuando aparece Arnold Schönberg, en la primera mitad del siglo XX, se produce una ruptura con la tonalidad y con las leyes armónicas a partir del dodecafonismo. Ya no se trata de ninguna nota fundamental, la hegemónica, frente a la cual, todas las otras se reordenan y en las que se reconoce una carretera principal, con un principio y un fin. Por el contrario, todas las notas, cada una, cada sonido, valen por lo que son, sonidos, sin sentido melódico posible. Su articulación deviene aleatoria. El dodecafonismo, es decir, el arte de combinar las 12 notas de la escala dodecafónica, sin dominantes, produce atmósferas sonoras en las que los sonidos se articulan de modo distinto donde no interviene una ley tonal. Por ello, se le denomina música atonal. En cierto modo, allí las notas son como un enjambre de S1s solos; este régimen compositivo, me ha servido como imagen acústica para pensar la música de lalengua, la vertiente más moterial[8] de las palabras, sonidos sin significación aparejada.

4. La nota disonante del síntoma

Volvamos al psicoanálisis. Si la orientación por el Nombre del Padre ya no va, hay que poder consentir a la nota atonal que propone el psicoanálisis de orientación lacaniana, formulada como orientación por lo Real, eso dis-armónico, eso a-tonal, en los dichos del analizante donde seguramente está la clave del goce en juego que anida su síntoma.

En este capítulo, J.-A- Miller destaca otra nota fundamental: La teoría del conocimiento es incompatible con la experiencia analítica. Lo que el psicoanálisis descubre, y vale la pena contribuir a no poner un velo sobre ello, es que hay fragmentación en el sujeto, entre lenguaje y goce, entre inconsciente y pulsión, nunca adecuación. “… tanto el inconsciente como la pulsión son objetos con los que un sujeto cognoscente no se puede unir…”.[9]

5. La despatologización lacaniana

La despatologización lacaniana, cuya brújula son las soluciones singulares, la chifladura de cada uno, no prescinde del diapasón que da en la nota de lo particular del tipo clínico y su real.

Esta es una invitación a pensar el diagnóstico diferencial, dentro del uso tan particular que tiene en la práctica analítica, pues es un elemento precioso para discernir qué posición para la dirección de la cura. Gil Caroz (2016) en un texto publicado en Freudiana #76, fórmula que lo particular del diagnóstico en la orientación lacaniana es constituir un verdadero esfuerzo de poesía; apunta a los pequeños detalles, a lo inclasificable del síntoma, en tanto solución sin par, y, en esa vía, única. Visto desde esta perspectiva, el diagnóstico diferencial no tiene nada que ver ni con la clasificación, ni etiquetación, menos aún con ningún tipo de segregación. Más bien, constituye un esfuerzo de formalización,[10] un esfuerzo de nominación[11] del goce del sujeto, tal como nos lo legó Freud, al nombrar, por ejemplo, un caso de neurosis obsesiva como El hombre de las ratas.

La escritura de un caso, para una conversación clínica, para redactar un informe, para preparar un caso para un control, implica no retroceder frente al saber clínico de la psiquiatría y del psicoanálisis. Implica no retroceder frente a este saber que nos falta y nos compete. El estudio de la psiquiatría clásica, de los inicios del psicoanálisis, del cruce de aportes del psicoanálisis a la psiquiatría, y viceversa, son fundamentales para, tanto en la escucha, como después, capturar las tonalidades, acentos, matices, silencios, rallentandos y disarmonías que posibilitan, así mismo, un esfuerzo de reducción, de formalización de las piezas sueltas que hacen emerger esa densidad de presencia[12] de aquél que viene a vernos. En esa vía, es un esfuerzo de apuntar a discriminar esa nota “atonal”, -para seguirme valiendo de mi analogía- su singularidad, sin desconocer también la singular articulación que tiene en la estructura. 

Finalizo con una cita de uno de los presidentes del Congreso: “Nada mejor que formarse en este esfuerzo de nominación que la cura misma. Saber nombrar el propio goce es condición previa al bien decir relativo a la nominación del goce del Otro”.[13] A lo cual agregaría yo, no sin la caja de resonancia que es la Escuela.



“LO”, ACERCA DE “LO IMPOSIBLE DE ENSEÑAR”*

JAIME CASTRO**

A modo de epígrafes quiero leer algunas frases, de entrada:

“Hay cuatro discursos. Cada uno se toma por la verdad.  Solo el discurso analítico hace excepción. Más valdría que domine se concluirá, pero justamente ese discurso excluye la dominación, dicho de otro modo, no enseña nada. No tiene nada de universal: es por lo cual no es materia de enseñanza”[14]

Jacques Lacan

“Hay que huir de lo ya sabido” [15]

Jacques-Alain Miller.

“En la enseñanza hay que incluir lo imposible de enseñar”

Eric Laurent

Colocar un título intenta poner la lupa en alguna cuestión central que se quiere transmitir.  En esta ocasión, este título propuesto por el Directorio de la NEL-Bogotá me ha causado muchas preguntas y me ha puesto a trabajar. Del título resalto tres significantes que orientan esta intervención: un pronombre: “lo”, un adjetivo “imposible”, y un verbo “enseñar”.

Especialmente destacaré este pronombre “lo” en el título porque me parece que es la referencia esencial de aquello que es imposible de enseñar.  ¿En el campo del psicoanálisis qué es “lo” imposible de enseñar?  Mi hipótesis es que hace referencia a lo más singular del sujeto: su sinthome, una forma inédita con la que cada uno puede llegar a nombrar lo innombrable de su propio real en la experiencia de análisis llevado hasta su final. Surge la pregunta, entonces, de ¿cómo enseñar lo que nos enseña la experiencia de un análisis?

Intentaré hacer un recorrido para llegar a ese punto.

1. Lo imposible en la Escuela

Somos herederos de la enseñanza de Freud; de Lacan con su seminario y sus escritos; de Miller, con sus cursos de orientación lacaniana; y de muchos otros colegas que día a día intentan dilucidar para nosotros y con nosotros cuestiones cruciales de la práctica del psicoanálisis en la época en la que ella se desenvuelve. En la enseñanza de Lacan, el dispositivo Escuela tiene en su centro un imposible: el agujero en el saber sobre lo que es El analista como categoría universal. Es por ello, que Lacan desde 1967 propuso a los analistas el pase como dispositivo intrínseco a la lógica de la Escuela agujereada, un instrumento para investigar cómo se produce un analista en su análisis llevado hasta el final. Así, la formación que la Escuela dispensa, gira alrededor de ese agujero central. Dicho de otra manera, sobre el imposible de saber qué es El analista, en la Escuela es posible saber, gracias al dispositivo del pase, lo que es Un analista.

Así mismo, ligado a la Escuela, contamos con los Institutos y Centros de investigación y Docencia que organizan programas de enseñanza del psicoanálisis con la claridad que cursarlos -y esto hay que subrayarlo- no habilita como psicoanalista a quien los hace.

¿Cuál es la enseñanza propia de la Escuela? ¿Cuál es la de los institutos? ¿Qué diferencias hay frente a la enseñanza universitaria? ¿Qué lugar para el saber en cada uno de estos espacios?

¿De qué imposible se trata? ¿De qué se trata ese agujero en el saber?  En el seminario 17 El reverso del psicoanálisis, Lacan plantea “lo imposible es lo real”.[16] Real como imposible de ser simbolizado, representado. Es en esa vía que lo real es algo que insiste, que itera, no del lado de la repetición significante que nos adentra en el mundo de la significación, sino de lo que escapa a la simbolización.  En la práctica analítica, cuando recibimos a un sujeto, nos orienta la pregunta por lo real con lo que se ha topado el sujeto en su existencia, y en qué circunstancias ha sido ese (des) encuentro, al punto de necesitar buscar a un analista para intentar saber algo de eso.

2. Freud y las profesiones imposibles

Freud,[17] inicialmente ubicó tres profesiones imposibles: educar, curar, gobernar. Lo hizo en el Prólogo a August Aichhorn, Juventud Descarriada, en 1925. En este texto discute la aplicabilidad del psicoanálisis al terreno de la pedagogía.  Posteriormente, en Análisis terminable e interminable de 1937, insiste en el análisis como profesión imposible y agrega que se puede anticipar que sus resultados son insuficientes. Es un texto donde cuestiona las cualidades que tendría que tener el analista practicante. Explica que no se espera un hombre perfecto, un hombre ideal, y subraya más bien, que su aptitud para practicar, el psicoanalista la debe formar en su análisis personal, “allí comienza su preparación para su actividad futura”.[18]

3. Impossible is nothing

Lacan planteó en Vincennes que el discurso analítico “no enseña nada. El no tiene nada de universal”, y en ese sentido, no está del lado de la dominación. Por su parte Miller señala:

Si hay orientación lacaniana, es porque no hay ningún dogma lacaniano, tampoco "el inconsciente estructurado como un lenguaje", ninguna tesis ne varietus que daría lugar a un abecedario, breviario, compendium, dogmático. Hay solamente una conversación continuada con los textos fundadores del acontecimiento Freud, un Midraj perpetuo que confronta incesantemente la experiencia con la trama significante que la estructura.[19]

Estamos en la época del “Impossible is nothing”, potente eslogan con el que una conocida marca de zapatos deportivos, revitalizó sus ventas. Hoy, se nos dice que todo es posible gracias a tu autogestión, auto emprendimiento y autodeterminación.  Si no logras alcanzar este imperativo del todo posible, es por falta de determinación o de entrenamiento, para lo cual se te vende algún programa de fin de semana.

En contraste, en una caricatura publicada en estos días por Tute, uno de mis humoristas gráficos preferidos, se desnuda este engaño con estas palabras: “Cada vez hay más gente explicando cómo vivir mejor y menos gente viviendo mejor”.[20]

Traigo este par de comentarios para decir que en psicoanálisis lo imposible no se refiere a la impotencia, a la queja, aunque puede tomar esos rostros en las neurosis, ni lo posible tampoco se refiere a la ilusión de felicidad absoluta que se vende en el mercado de las redes sociales.

En la práctica psicoanalítica, que es de dónde extraemos las enseñanzas, encontramos, de entrada, que los sujetos llegan a los consultorios por la impotencia que sienten en diversos aspectos de su vida: dificultades en los lazos amorosos, por ejemplo.

4. Lo imposible en la pulsión y sus objetos

Otra forma de lo imposible la encontramos a nivel de la pulsión[21] y el objeto que la satisface.  A diferencia del instinto animal, donde hay una relación natural entre la fuente que busca satisfacer una necesidad y el objeto con el que se satisface, en el reino de los seres hablantes, no hay una relación natural y unívoca entre la pulsión y el objeto de satisfacción. Una pulsión puede satisfacerse con varios objetos y un objeto puede satisfacer a varias pulsiones. Incluso la satisfacción de la pulsión es parcial, de ahí que su fuerza sea constante y no descanse ni de noche ni de día.

A propósito del objeto, de la enseñanza de Freud en La interpretación de los sueños,[22] podemos extraer una relación imposible del sujeto con el objeto que lo satisface.  En el capítulo 7o de dicho texto, Freud explica que, de la primera experiencia nutricia entre el niño y la madre, queda una huella mnémica de satisfacción imposible de recuperar más que de manera parcial a través de objetos sustitutos externos o por vía alucinatoria. Esto hace, entonces, que el objeto se constituya en esencia como objeto perdido y como causa de deseo.

Lacan, en el seminario La angustia,[23] aborda este afecto de una manera diferente a Freud, quien planteaba que la angustia no tenía objeto a diferencia del miedo donde sí se sabía del objeto que lo producía.  Al contrario, Lacan plantea que la angustia no es sin objeto, sólo que es un objeto ligado a la falta de objeto y que ella sobreviene justamente cuando falta la falta. Es importante destacar que a esta altura el objeto, nombrado objeto a por Lacan, tiene un estatuto de real y en esa vía, clínicamente, la angustia como afecto que no engaña, es señal del encuentro del sujeto con algo del orden de lo real, de ahí el sinsentido que el sujeto experimenta en el cuerpo cuando está angustiado. Se trata de objetos parciales extraídos del cuerpo, imposibles de representación simbólica o figuración imaginaria.

La perspectiva real del objeto a, permite considerarlo, no sólo como objeto causa, sino también como objeto plus de goce, lo cual, en términos económicos, es una ganancia de satisfacción, o más bien una búsqueda de recuperar el goce perdido de la primera experiencia de satisfacción de la que hablábamos antes.   Esta perspectiva es supremamente importante a la hora de pensar el síntoma, no solo en su dimensión de verdad oculta del inconsciente, sino, como modo de funcionamiento a través del cual el sujeto obtiene goce.

La relación del sujeto con el Otro implica, entonces, a nivel del objeto, estás dos caras:

  • El objeto como pérdida que se da como producto de la operación de inscripción simbólica del sujeto en el Otro
  • El objeto como obtención de goce porque hay un resto no simbolizable de dicha inscripción simbólica. Esa es la dimensión que genera goce. 

Dos maneras de explicar lo anterior es decir que el significante al representar el objeto “mata la cosa”, con lo cual se pierde goce y se causa el deseo. La otra es que la entrada del significante en el cuerpo del sujeto lo agujerea, causa goce, aviva el cuerpo, deja una marca que itera.

Entonces, nombrar el objeto a como plus de goce tiene esa doble cara: de negativización y de positivización del goce. Recordemos que en francés el adverbio “plus” tiene ese doble sentido, negativo (de pérdida) y positivo (de ganancia). Ejemplos: Je t’aime plus que tout. Te quiero más que a nada. Nous n’avons plus de travail. No tenemos más trabajo.

5. Lo imposible en los discursos

En el texto de orientación para el próximo Congreso de la AMP[24], Miller retoma el aforismo de Lacan y se refiere a la enseñanza. Lo cito:

“«Todo el mundo es loco, es decir, delirante». Enseguida agrega “Es esto lo que se demuestra en el primer paso hacia la enseñanza”. Prosigue diciendo que nos encontramos frente a una “deconstrucción de lo que es la enseñanza”.  ¿En qué consiste esta deconstrucción?  En primer lugar, Miller lanza una crítica muy fuerte a la enseñanza cuando la califica de locura, enseñar es una locura. “Hay que estar loco para enseñar. El que enseña delira”, dice. Incluso llega a decir que Lacan al defender la existencia del Departamento de psicoanálisis en París planteó que el “discurso analítico no es materia de enseñanza”.

A mi juicio, son planteamientos provocadores que Miller explica a partir de los discursos analítico y universitario:

El discurso analítico no enseña nada porque excluye cualquier dominación, la cual más bien es propia del discurso del Amo.

Lacan llamó discurso a 4 formas de vínculo social.[25] Para ello ubicó cuatro lugares y 4 elementos que rotan entre esos lugares.

Los lugares son:

Agente (del discurso)                                               

Otro, Trabajo (A dónde se dirige el discurso)

Verdad (bajo la barra lo que indica que es lo desconocido para el agente y para el Otro) Producto (lugar de los efectos del discurso)

Los cuatro elementos:  El $ (dividido a consecuencia de su inscripción simbólica), El S1 (significante primordial, significante Amo que representa al sujeto), S2 (saber, el lugar del conjunto de los significantes), El objeto a (objeto de plus de goce, objeto causa de deseo). 

Véamos el discurso del Amo:

S1   →  S2

$           a

Recordemos que, en el discurso del amo, que es el discurso del inconsciente, un sujeto, $, se hace representar por un Significante S1 en el lugar del Agente, ante otro Significante S2, operación de la cual queda un resto, el objeto a.

También diferencia el discurso analítico del discurso universitario:

S2  →  a

S1        $

En el discurso universitario lo que comanda es el saber, S2.  El discurso universitario de alguna manera es una “extensión” del discurso del Amo.  En el lugar del Agente está el saber no agujereado, un saber absoluto que tiene de base al Amo, S1, que está bajo la barra que se encarna en el maestro, en el experto.  Un ejemplo es el saber al que se aspira en las instituciones educativas con los programas de certificación de calidad estándar que apuntan a esta forma discursiva en tanto cierran las preguntas en torno al saber. Miller señala, en el texto de orientación, que el discurso universitario “exige la enseñanza (…) es por excelencia discurso de la enseñanza”.

En el lugar del trabajo, del Otro, se ubica el objeto a, como lugar vacío. ¿A quién se dirige la enseñanza? al estudiante, quien muchas veces queda reducido al lugar de una calificación o de un cupo/cliente que no se puede perder. También se le ubica en el lugar de la ignorancia, vacío que será llenado por el maestro experto.

A nivel del producto queda el $. En otras palabras, de la pregunta por el sujeto, por su división, representada por esa barra, el discurso universitario no quiere saber. ¿Por qué? Para que los programas marchen y la maquinaria del discurso universitario siga rodando sin mayores trabas.

El discurso del analista:

a   —>    $

S2         S1

En el discurso del analista encontramos el reverso del discurso del amo y en esa medida no busca ningún tipo de dominación.

En el lugar del Agente, Lacan ubica al analista como semblante de objeto a, causando el trabajo del sujeto con su división.  El objeto a en el lugar de Agente causa el deseo, no es un elemento de dominio. Dice Miller: “Es lo que Lacan llamaba en su jerga, el objeto a minúscula, causa del deseo ya que el deseo no se deja dominar y es rebelde a todo mandato y se burla de él”.[26]

En el lugar de la verdad encontramos que el saber, S2, está bajo la barra como saber supuesto del inconsciente, es decir, no es explícito como el saber que se expone en el discurso universitario que agencia el discurso. Dice Miller “como supuesto es que sostiene la instancia de la causa del deseo de la cual el analista se hace semblante”.[27]

Como producto de la operación quedan los S1 del sujeto, sus identificaciones, de las cuales se desprende como producto de la operación analítica. El S1, separado del S2 tiene valor de marca, de trazo, de letra, y en ese sentido, lo podemos relacionar con lo que Miller plantea como el Uno completamente solo.

Respecto de la enseñanza en el discurso del analista, Miller precisa lo siguiente: “Aquí, en efecto, no hay enseñanza, lo que no impide que dado el caso sea posible de enseñarse y de un saber sin valor de enseñanza, sin orden de coherencia ni sistema, un saber que se base en encuentros aleatorios, sin ley. Entonces, el discurso analítico no domina. En particular, no domina a su sujeto…”[28]

Enseguida también explica un aspecto que me parece fundamental con el cual sigue refutando la enseñanza del discurso del analista: No tiene nada de universal. El saber que se obtiene de un psicoanálisis es uno por uno, no vale para todos, vale para el “uno-completamente-solo”.

6. Lo imposible en la sexuación.

También tenemos el imposible de la relación entre los sexos que Lacan aborda a partir de la sexuación en el seminario Aún.[29] Este concepto apunta a la posición frente al goce que cada sujeto puede tomar, la cual no es natural, como no es natural la relación entre los sexos.  La sexuación supone que cada sujeto tendrá que inventarse su manera de arreglárselas con el Otro sexo pues eso no le viene dado como un saber natural, predeterminado, genético. Lacan plantea que “el significante se sitúa a nivel de la sustancia gozante”.  Los animales vienen con ese saber. Los sujetos, en tanto cuerpos que hablan, marcados por la lengua, tienen que inventarse un saber hacer con el sexo sobre la base de ese agujero en el saber sobre el sexo. 

Este es un modo de imposibilidad a nivel de los goces, pues no hay como inscribir en el inconsciente una equivalencia entre el goce del hombre y el goce de la mujer. No hay relación sexual.  Sobre esa base de imposibilidad entre los sexos, Lacan establece formas de puente, de lazo por vía del amor y del objeto de goce, modos de goce más ligados a la palabra y a los objetos de goce.

7. Lo imposible y Hay de lo Uno

Este cambio de perspectiva pone el acento no en el Otro del significante donde el sujeto se inscribe, sino en lo Uno del significante-solo anterior a la inscripción del sujeto en el lenguaje. Es lo que con Lacan escribimos como lalengua. Esta cuestión es muy bien explicada por Jacques-Alain Miller en su curso inédito El ser y el Uno.[30]

Hay de lo Uno, está de la mano del desplazamiento de la concepción de sujeto del inconsciente como efecto de la articulación significante, a la de parlêtre signado por las marcas que deja lalengua en el cuerpo. Lalengua, apunta a la letra, a la materialidad del significante aislado, sin conexión con otro significante.  

En estas últimas perspectivas, el cuerpo toma valor en su dimensión de cuerpo gozante y también hay una inversión respecto del papel del significante frente al goce.  Retomando lo anotado anteriormente, en la concepción de sujeto el significante negativiza el goce. En la medida que con la representación significante el sujeto pretende darse una identidad de Ser, se pierde algo, se pierde una satisfacción ligada a un objeto. Por el contrario, en la perspectiva del parlêtre, el significante es causa de goce que marca el cuerpo como cuerpo que se goza, goce que itera y que no hace lazo.  Es una perspectiva autoerótica si se quiere. De ahí que Miller ubica muy bien que no hay dos, Hay de lo Uno y está en el registro de la Existencia, fuera del sentido, del S2. Es lo real imposible en tanto opaco al sentido. 

Tenemos el orden simbólico y sus reglas significantes que nos permiten la metáfora y la metonimia. Tenemos el registro de lo imaginario que nos permite hacernos a una imagen unitaria del cuerpo. Pero lo real es algo que no se logra atrapar con el sentido, he ahí su imposibilidad.

Esto introduce preguntas fundamentales para el psicoanálisis y su práctica, preguntas que sostuvo Lacan y que se mantienen hoy. ¿Cómo tratar con la palabra lo real del goce ligado al síntoma del sujeto?  Es ahí en donde el desplazamiento, Orientarse por lo real, implica el esfuerzo del analista por escuchar y leer, en cada sesión, algo distinto al sentido común, para que el analizante escuche y lea a su vez, esos significantes-solos en los cuales están atrapados sus modos de goce. 

Si tratamos de escuchar al parlêtre es para ubicar, en primer lugar, con él, eso que itera, porque en eso que itera, eso se goza. La cuestión es dejarnos enseñar por los arreglos, las soluciones de cada Uno frente a su real.

8. Enseñar lo imposible

Luego de este recorrido, volvamos al problema de la enseñanza. Hay que resaltar también que Miller en el texto de orientación diferencia muy bien Discurso analítico del psicoanálisis como teoría. El discurso analítico, precisa, es la práctica del análisis; por otro lado, está la teoría psicoanalítica, su historia, sus debates.   Esta diferencia apunta a recordar que la formación del analista fundamentalmente está en su propio análisis y en el control de su práctica.

Ahora bien, una cosa es la posición del enseñante en la enseñanza de la teoría psicoanalítica cuando está atravesado por su propio análisis, que la posición de un enseñante sin análisis. En la enunciación de quien enseña se jugará la diferencia.

Entonces, lo imposible de enseñar, desde esta perspectiva no es la teoría, que efectivamente se enseña. Lo imposible de enseñar está en ese saber que se juega a nivel de la singularidad de cada uno, esa dimensión de lo incomparable, de las marcas de lalengua en su cuerpo y el goce ligado a ellas. En otras palabras, el “lo” de lo imposible de enseñar apunta, a mi juicio, al sinthome, ese modo de nombrar lo innombrable de ese resto de goce, Hay de lo Uno, al cual se identifica el analizante al final del análisis. El sinthome nombra su nuevo arreglo frente a lo imposible de la relación sexual, su saber hacer con, singular, “que provee un nuevo anudamiento con la vida y con la causa analítica”,[31]  en la Escuela y con la Escuela.

Ahora bien, dado que esta dimensión de lo imposible no está de entrada, se trata, en la experiencia analítica, de “hacer” “de producir” “lo imposible”, para que, con base en ello, con base en ese No hay, el sujeto pueda hacer una “invención responsable”[32] con lo que hay (Hay de lo Uno).

9. Los dispositivos de la Escuela para bordear lo imposible

¿Cómo transmitir entonces algo de eso incomparable que solo vale para Uno? ¿Cuáles son los dispositivos inventados por Lacan para bordear ese imposible?

Lo imposible de enseñar no nos debería hacer olvidar que lo posible de la formación, de la práctica, de la enseñanza y de la Escuela misma está agujereada por ese imposible.

Está lo imposible, está lo posible, y está el deseo de enseñar. Somos herederos del deseo de Freud y de Lacan, también del deseo de Miller por el psicoanálisis y por la Escuela. Este im-posible de enseñar pone en juego el deseo de cada uno de los integrantes de la Escuela, en un tejido transferencial de trabajo.

La Escuela que Lacan fundó está sostenida en que es imposible saber qué es El analista como categoría universal.  La formación que la Escuela dispensa bordea ese agujero en el saber.  ¿Pero qué sí es posible?  Lo posible lo podemos ubicar en dos dispositivos también creados por Lacan: El pase y el cartel.  A lo cual hay que agregar la práctica del control.

El pase, dispositivo privilegiado de investigación sobre el final del análisis, guarda la estructura analítica de lo posible sobre lo imposible en tanto nos permite, a través de los testimonios de los Analistas de la Escuela, Uno x Uno, saber algo sobre lo que es la producción de Un analista a partir de su final de análisis.  Un testimonio de pase, entonces, es una pieza única e incomparable a través de la cual un AE bordea el agujero de su imposible, lo real de su síntoma imposible de curar.  De la idealización de El analista, la Escuela pasa a la dignidad de Un analista.

El pase es, entonces, un campo de investigación no solo para el secretariado del pase, los carteles del pase, los Analistas de la Escuela nombrados, sino también para la Escuela misma en su conjunto. El pase es intrínseco a la enseñanza de y en la Escuela, la tiñe como enseñanza no-toda, no universal, no estándar, la excluye de cualquier ideal de dominación.

El cartel, considerado por Lacan, como órgano base de su Escuela, tiene como propósito ser una herramienta para que cada uno de los que se comprometa en su ejercicio, pueda hacer una elaboración propia. No una elaboración grupal pues es justamente la dimensión de grupo lo que el cartel busca limitar por un tiempo preciso.  La función Más-Uno en un cartel, tiene el encargo de descompletar la ilusión de la formación común reenviando a cada uno a lo suyo, a su pregunta, uno x uno.  El cartel, en ese sentido, permite lo posible de la formación de cada uno, sobre ese agujero de imposibilidad. Se orienta, en ese sentido, por el mismo fundamento de lo real del pase y de la Escuela de Lacan.

La práctica del control en la orientación lacaniana es una exigencia ética, no un deber burocrático y administrativo. Tiene una cercanía con el análisis personal en tanto pone en cuestión los puntos opacos de la posición del analista en su práctica. En ese sentido, el control toca lo real de la formación del analista. Es un dispositivo de enseñanza que se orienta por lo real del estilo de cada analista, por sus impases y sus puntos de imposibilidad.

10. El sinthoma

En Alocución sobre la enseñanza, Lacan expresa lo siguiente: “Lo que debo acentuar bien es que, por ofrecerse a la enseñanza, el discurso psicoanalítico lleva al psicoanalista a la posición de psicoanalizante, es decir, a no producir nada que se pueda dominar, a pesar de la experiencia, sino a título de síntoma”.[33]

Subrayo esta idea: lo que se produce en el discurso psicoanalítico es a título de síntoma. Encuentro en esa frase una brújula que orienta nuestra práctica y las enseñanzas que de ahí se derivan: dejarnos enseñar por lo que nos enseña la extracción del núcleo real del síntoma.



2. ¿QUÉ CUERPO EN LAS PSICOSIS?

EL CUERPO DEL SUJETO PSICÓTICO EN LA INSTITUCIÓN*

LUISA FERNANDA ARAGÓN**

Este texto es producto del trabajo realizado durante dos días con los colegas de Cali, en preparación de las XIV Jornadas de la NEL, “El cuerpo en las psicosis”.

[34] La elección del tema que nos reunió en Cali se desarrolló alrededor del 5to. eje propuesto por la Comisión Epistémica de las Jornadas de la Escuela, bajo el título El cuerpo del sujeto psicótico en la institución. Es un tema amplio que puede ser abordado desde diferentes perspectivas: epistémica, clínica y política, que toma en cuenta la acción lacaniana y nuestra presencia en la ciudad.

Quiero destacar que es un tema que me atraviesa de diversas maneras y sobre el que he venido y continuaré investigando. Mi interés también surge a partir de la experiencia de trabajo a la que he consentido desde hace varios años, incluyéndome en diferentes dispositivos e instituciones que acogen a sujetos autistas y psicóticos.

Elegí para este texto, conservar el título y resaltar algunos puntos que fueron trabajados en Cali en dos conferencias. Hay, entonces, dos grandes vías que abren y nos acercan al tema: una a partir de la clínica del parlêtre y cómo las psicosis nos acercan a ella, y otra en dirección a lo que nos enseña el trabajo en instituciones sobre la relación entre el cuerpo y las psicosis.

El cuerpo, del sujeto al parlêtre

Propongo, entonces, comenzar recordando que desde sus inicios el psicoanálisis revolucionó al formular que el cuerpo no puede ser reducido al puro organismo. Al no ser la relación con el cuerpo algo de orden natural, el psicoanálisis siempre se ha interesado por investigar qué supone tener un cuerpo y cómo éste se constituye.

Vemos aparecer una distinción central entre ser un cuerpo y tener un cuerpo. Es lo que Lacan subrayó: que para tener un cuerpo hay que habitarlo desde muy tempranamente; no llegar a tenerlo produce efectos decisivos en las primeras experiencias de la vida de un sujeto. Apoyados en los tres registros podemos sostener que el cuerpo se conquista y se construye en el anudamiento entre lo real, lo simbólico y lo imaginario.

Sabemos que antes y durante los primeros meses de vida, se inicia un recorrido marcado por vicisitudes más bien complejas con las que se enfrenta el infans para su supervivencia. Sobre este punto cobra relevancia la distinción que Freud y Lacan, establecen en cuanto a esta condición de prematuridad y posición de dependencia que caracterizan el desamparo infantil, y cómo el bebé depende de otros seres hablantes.

Precisamos que desde antes de su llegada al mundo el cuerpo humano está atravesado por el lenguaje. El sujeto es hablado, pero también habla con su cuerpo. La importancia del cuerpo afectado por el troumatismo de lalengua nos introduce a las articulaciones del ser hablante con su cuerpo y con el Otro. El cuerpo se define, entonces, como sede del goce, recortado del campo del Otro, que produce efectos de sujeto.

Si seguimos las formulaciones de Lacan, vemos que la entrada en el lenguaje deja marcas en el cuerpo que se escriben de manera contingente y que el sujeto intenta recuperarlo por la vía de la imagen.  Para Lacan, el estadio del espejo constituye la matriz central para que el niño entre los 6 y 18 meses de edad se reconozca en y logre construir una imagen propia de su cuerpo. En este instante, la mirada localizada en un punto de exterioridad marca el momento en que el niño puede asumir su propia imagen y, sólo a condición de reconocerla, podrá identificar el mundo interior.

En este pasaje, Lacan indica que antes de adquirir el dominio motriz el niño reconoce con júbilo y regocijo su imagen reflejada en el espejo, permitiendo así la “producción de unidad corporal”. Desde esta perspectiva, el estadio del espejo es indicativo del momento de la construcción del cuerpo, introduciendo los poderes de lo imaginario con su dimensión de goce.

Recordemos que ya Freud había concebido la estructuración del narcisismo como vital para la constitución de la imagen del cuerpo y el objeto. Va a ser alrededor del fracaso de estas operaciones en este momento constitutivo que, para Freud y Lacan, habrá consecuencias en la constitución del cuerpo hablante.

Lacan llama la atención sobre la función del objeto, que se irá modificando y elaborando a lo largo de sus seminarios y de su enseñanza. Con el esbozo del objeto a, la relación que tiene el cuerpo con los objetos pulsionales introduce una dimensión donde la función del objeto a es fundamental para que se produzca un recorte, la función de un resto que condensa un goce ligado a las zonas erógenas relacionadas con funciones que forman parte de la economía libidinal.

Al abordar esta primera operación, el niño debe ceder el objeto para que se pueda constituir un vacío alrededor, donde sea posible refrenar algo del goce en el cuerpo. Al no estar recortado el circuito pulsional, el objeto sufre variaciones, por lo que la vía que nos interesa es respecto a la topología. Ir por esta dirección apunta a subrayar la condición de vacío en los agujeros del cuerpo, vacío creado por el recorrido de la pulsión cuando persigue su satisfacción.

Así que es en la superficie de los bordes y en los orificios que delimitan el cuerpo pulsional que estos objetos tienen una relación de exterioridad interna con el cuerpo, que hace de cada objeto una diferencia separable por estructura. Los diferentes tratamientos del agujero constituyen un montaje del cuerpo que suple los circuitos pulsionales.

Esto no ocurre de la misma forma para un sujeto psicótico, ya que hay algo que no opera de la misma manera.  La no extracción de los objetos pulsionales compromete el funcionamiento del cuerpo y las relaciones con el mundo. El psicótico no cede el objeto; por ello solemos repetir que lo tiene “en el bolsillo, es por eso que es un loco”.[35] Al no haber extracción de objeto, el cuerpo se encuentra invadido por excesos de goce.

Si recorremos con atención la última enseñanza de Lacan, que no es sin la primera, podemos encontrar en ella cambios conceptuales que van acompañando las transformaciones que va tomando el concepto de cuerpo. Se puede leer en Lacan cómo se aleja de Freud y toma la mano de Joyce, para dar un giro decisivo en la transición del inconsciente freudiano, para pasar del sujeto al parlêtre, que incluye al cuerpo.

Este viraje permitirá a Lacan formular que el parlêtre “ama a su imagen como lo que le es más prójimo, es decir su cuerpo. Simplemente, de su cuerpo no tiene estrictamente ninguna idea”.[36] Con ello Lacan destaca que la unidad del cuerpo es siempre ilusoria, que la fragmentación del cuerpo da cuenta de que hay una disarmonía en la representación del cuerpo, en el que contrasta lo que se siente en el cuerpo y lo que se ve en la imagen.  Si bien hay una consistencia ilusoria que lo mantiene unido, no desconocemos que somos confrontados a la experiencia de que a cada rato el cuerpo levanta campamento. Es por ello que el cuerpo siempre nos da qué hacer y algo se nos escapa.

Podemos considerar entonces que, con este desplazamiento del inconsciente, Lacan introduce las nociones de sinthome y escabel sobre las cuales se funda la clínica del parlêtre. Apoyándose en la creencia del misterio del cuerpo hablante, el cuerpo habla en términos de pulsiones que resuenan por el eco en el cuerpo del hecho de que hay un decir.[37] Cuanto más avanza Lacan en su enseñanza, más pondrá de relieve que la experiencia de estar vivo es la experiencia de tener un cuerpo que se goza.  Con estas elaboraciones sobre el sinthome, se renueva la noción de síntoma freudiano, y el goce toma el primer plano.

Esta nueva dimensión del sinthome como acontecimiento de cuerpo introduce el término escabel, aquello sobre lo que se alza el parlêtre para levantar el cuerpo, para hacerlo bello, para hablar con él y darle consistencia. Por esa vía, Lacan reformula su concepción del cuerpo como un armado de piezas sueltas, que hacen a una consistencia mental.[38] Esto lleva a Lacan a plantear la expresión “el parlêtre adora su cuerpo porque cree que lo tiene. En realidad, no lo tiene, pero su cuerpo es su única consistencia”.[39] Para que el cuerpo cumpla con la función de consistencia mental, es necesario que los tres registros se encuentren anudados, sea por el Nombre del Padre o por un sinthome; si ello no ocurre, lo imaginario se separa y el goce rebasa el cuerpo, que pierde su consistencia.

Ante la conmoción, extrañeza y ajenidad con que el parlêtre experimenta su cuerpo, inventa recursos artificiales y suplementarios que J.-A. Miller, en La experiencia de lo real en la cura psicoanalítica, denomina corporización.[40] En este sentido, el cuerpo se goza corporizándolo de manera significante. De allí que, para sostener la consistencia mental del cuerpo, el parlêtre contemporáneo recurra a una diversidad de recursos como el tatuaje, los piercings, el body-art, la cirugía o a la práctica de actividades deportivas que lo conducen a crear un lazo artificial con el cual pueda hacerse una adherencia o dedicarle algún cuidado.

El cuerpo en las psicosis

Abordar el tema del cuerpo en las psicosis nos invita a retomar que los tipos clínicos responden a la estructura; por ello volvemos a los fundamentos que Freud y Lacan nos legaron. De esta manera, las “Memorias de un enfermo de nervios”, escritas por Daniel Paul Schreber y retomadas por Freud en “Puntualizaciones psicoanalíticas sobre un caso de paranoia (Dementia paranoides) descrito autobiográficamente”, son un gran aporte a partir del cual se constituye el paradigma de la psicosis freudiana.

La genialidad de Lacan y su apuesta por no retroceder frente a las psicosis lo llevaron al encuentro con los psicóticos, primero en su práctica hospitalaria como psiquiatra y, posteriormente, en sus Presentaciones Clínicas. Durante años se acercó a las psicosis, una por una, para extraer las consecuencias que lo llevarían a arribar a la clínica del sinthome y a elevar el caso Joyce al nivel de paradigma.      

Hay que reconocer que las distintas elaboraciones que Lacan realizó sobre el cuerpo y las psicosis, desde su tesis, sus primeros Seminarios y Escritos, retornan en su última enseñanza para introducir la perspectiva en la que el psicoanálisis mismo se deja enseñar por las psicosis.

A ello contribuye también la orientación de J.-A. Miller, que toma como referencia los distintos momentos de la enseñanza de Lacan, en la que las reformulaciones acerca del cuerpo en la clínica de las psicosis y las neurosis se tornan borrosas. En su texto La invención psicótica, J.-A. Miller introduce que “Somos todos esquizofrénicos porque el cuerpo y los órganos del cuerpo nos hacen problema, salvo que, nosotros adoptamos soluciones típicas, soluciones pobres".[41] Lo más interesante a destacar de esta propuesta, es que subraya que el cuerpo de todo parlêtre, independientemente de si se trata de neurosis o psicosis, testimonia que no podemos dar por sentado que “el órgano crea la función”.

El cuerpo es clave en la clínica diferencial; es lo que nos permite localizar el goce y operar sobre los diferentes modos de tratarlo. Los fenómenos psicóticos del cuerpo tomarán diferentes matices según se trate de la esquizofrenia, la paranoia, la melancolía o la manía. El tipo clínico de la esquizofrenia muestra las consecuencias de la falla en la incorporación del orden simbólico, sus consecuencias en el lenguaje y en la constitución del cuerpo. Podríamos decir que es en la esquizofrenia donde los fenómenos del cuerpo, propios de la psicosis, son más evidentes.

Con la clínica de las psicosis ordinarias,[42] J.-A. Miller amplía el horizonte respecto a ciertos fenómenos de cuerpo, sutiles, que dan cuenta de pequeños desenganches, que se diferencian de los que se presentan en los grandes desencadenamientos.  Esta clínica nos muestra que, frente al goce invasivo en el cuerpo, el sujeto cuenta con ciertos arreglos que funcionan como “grapa” para anudar las tres dimensiones: corporal, social y subjetiva.

A pesar de los desarreglos, desenganches y embrollos del cuerpo que padecen los sujetos psicóticos, la clínica del sinthome aborda las distintas maneras en las que las psicosis nos enseñan qué puede hacer el parlêtre con relación a lo que le pasa en su cuerpo y de qué recursos dispone para habitarlo y enlazarse a él.

El psicótico realiza verdaderos esfuerzos de invención para hacerse a un cuerpo de goce, ya sea a través del delirio o de otras soluciones o identificaciones imaginarias. Desde esta perspectiva, hallamos que en el cuerpo “pasan cosas imprevistas” y que el psicótico testimonia de los arreglos, suplencias e invenciones para ligarse a él.

El psicoanálisis lacaniano en la institución, un tratamiento posible para las psicosis

De la misma manera en que abordamos la concepción que el psicoanálisis de orientación lacaniana tiene del cuerpo y las psicosis, también es relevante preguntarnos a qué nos referimos cuando utilizamos el término institución. El goce está en el fundamento de toda institución humana.  Concebimos que, para la estructuración de la subjetividad, no hay ningún sujeto que pueda prescindir de un Otro institucional, que funcione como aparato regulador del goce y funde las modalidades de cómo cada uno hace lazo social. De manera resumida, podemos decir que el término institución responde a estructuras fundamentales que la organización humana y social designa, como, por ejemplo, la familia, la escuela, etc.

Las instituciones siempre están en crisis y sus funciones específicas cambian conforme la época. Ya en los tiempos de Freud y de Lacan se podían extraer las marcas de la época y sus incidencias en las instituciones, así como también la permanente tensión de que el practicante del psicoanálisis no quedara asignado a ningún lugar que no fuera el de la pregunta sobre el goce más singular de cada quién. Esta dirección señala cuál es la función social del psicoanalista, su articulación a la época y las distintas significaciones que recaen sobre las instituciones donde responde con su acto.

Hoy, encontramos una serie de dispositivos institucionales en el campo de la salud mental, que incluyen a los hospitales psiquiátricos, hospitales de día, centros de consulta e internación, que se ofrecen bajo el modelo tradicional de la emergencia psiquiátrica. En estos tiempos que corren, el abordaje de las psicosis generalmente queda a cargo de la disciplina médica; sin embargo, no hay ninguna contraindicación para el encuentro con un analista, por lo que muchos practicantes trabajan en instituciones.

El cuerpo ocupa un lugar central en los tratamientos que caracterizan la época, que comprobamos con el aumento de propuestas terapéuticas y de las neurociencias que intentan proponer la identificación del ser hablante a su organismo y rastrear en el cerebro la causalidad psíquica. Cada vez más, se propagan una multiplicidad de ofertas médicas y psiquiátricas que atentan constantemente contra el porvenir del psicoanálisis.

Nuestro discurso se sitúa de entrada en otras coordenadas en cuanto a la manera cómo hoy se presentan las nuevas formas de denominar las psicosis. Con la despatologización del mundo esta denominación ha ido sufriendo distintas modificaciones, al punto en que como categoría diagnóstica corre el riesgo de desaparecer y caer en desuso. El término psicosis aparece vinculado al significante crisis, como un estado pasajero que coexiste, en ciertos sujetos, con otros diagnósticos o condiciones que persisten a lo largo del tiempo. 

Dentro de este panorama un tanto confuso a nivel de las instituciones, el psicoanálisis sostiene una concepción de las psicosis, de la comprensión de los fenómenos que en ella se presentan y una posición en la escucha del psicótico, que abre posibilidades para el tratamiento. La concepción que se tenga del término institución y sus implicaciones, determinan la apuesta para que el sujeto que entra con determinado sufrimiento encuentre un lugar y que pueda ser escuchado el desorden en la juntura más íntima del sentimiento de la vida.

Se trata, entonces, de pensar la posición del psicoanalista en una institución como aquello que escapa a la regla y que viene al terreno de la imposibilidad, creando las condiciones para construir una práctica que pueda alojar la singularidad del sujeto, acoger la particularidad de su deseo e intervenir oponiéndose a cualquier identificación o nominación reduccionista que lo deje atrapado en un discurso donde no pueda encontrar su lugar.

La clínica de las psicosis nos confronta con la pregunta de si estamos a la altura de una práctica que exige una respuesta social e institucional, “No sólo por los fenómenos de delirio, sino que es una respuesta exigida por eso que retorna en el cuerpo y en el actuar, en el pasaje al acto suicida o peligros, en la automutilación, en la agresión, en la errancia y el estupor del melancólico, pérdida de interés, ausencia de todo proyecto, uso devastador de drogas o alcohol”.[43]

La institución puede instituir e introducir un límite a la irrupción de goce que excede al sujeto y habita en toda crisis. Por ello, es de vital importancia que haya practicantes que puedan generar las condiciones para iniciar un tratamiento posible, un recurso cuando la pulsión de muerte amenaza la vida.

Solemos repetir que el psicótico no demanda nada, por lo que estos sujetos generalmente son enviados a la consulta o la institución por el Otro social o familiar cuando algo se torna insoportable. Las psicosis, con sus desarreglos, desenganches, brotes, desencadenamientos y pasajes al acto, introducen un real que en muchas ocasiones requiere, además del tiempo de internación, el acompañamiento para tratar estas irrupciones de goce, especialmente cuando el tratamiento excede lo que puede ofrecerse a nivel de la consulta privada. Ello no excluye que muchos pacientes puedan dirigirse a un analista.

Se requiere del practicante que esté atento a introducirse por una grieta o rendija, cuando posiblemente los otros discursos hayan desistido o no se interesen más por el sujeto psicótico. Es en esos momentos cuando el practicante no debe retroceder ante la psicosis y tampoco frente a su deseo. Podemos decir que cuando salimos al encuentro del sujeto nos encontramos con los arreglos y soluciones que hasta el momento le habían permitido tratar su malestar en cierta medida.

Aquí las maniobras del practicante jugarán un papel central, al que se le agrega la internación como recurso posible para reenganchar al sujeto con la vida. Una vez el practicante se ha logrado incluir y poner al trabajo, deberá cuidar, con los recursos a su disposición, que su práctica sea analítica, creando las condiciones para que las intervenciones puedan ser orientadas por los recursos y soluciones de cada sujeto.

El discurso del amo no está ausente; de alguna manera u otra está en la institución. Si bien el psicoanálisis no puede responder a todas las demandas y requerimientos que surgen en el interior de una institución, la posición que conviene, como nos señala Eric Laurent, es “la de decir sí y no al mismo tiempo” en cómo asumimos y consentimos frente al discurso institucional.

En el terreno de las instituciones que se proponen, nuestra presencia no debe confundirse ni deslizarse, como nos indica Laurent en su texto Estabilizaciones en las psicosis,[44][11]a reparar el supuesto déficit que se le adjudica al sujeto psicótico, ni a proponernos como una prótesis imaginaria. El tratamiento del sujeto psicótico en la institución, que toma en cuenta sus posibles estabilizaciones o arreglos, no pretende “rehabilitarlo o reinsertarlo”.[45]  Por el contrario, además de acompañar al sujeto se trata de seguirlo en ese trabajo que ya viene realizando. Bajo esta concepción, la institución se propone como un lugar donde pueda surgir la invención.

La práctica en instituciones incluye al analista y por lo tanto la dimensión de la transferencia. Si nos orientamos por la clínica bajo transferencia, reconocemos que las maniobras transferenciales que nos enseña la práctica entre varios implican pluralizar la transferencia apoyándose en varios y no en un solo practicante.

Si ponemos especial acento en el cuerpo del analista, consideramos que no se reduce a la pura presencia imaginaria del cuerpo del practicante. Ello nos lleva a preguntarnos: ¿Qué posición conviene en el encuentro con la psicosis? ¿De qué tipo de presencia hablamos y qué posición encarnar que no lleve a lo peor?

Encontrar las vías para abordar la clínica de las psicosis requiere que los practicantes se presten como partenaires del parlêtre para seguirlo en la posición que mejor convenga.  Se tratará de una presencia modesta, a la vez versátil y móvil.

Estamos acostumbrados a referirnos a la presencia del analista como aquel que acompaña al sujeto psicótico ya sea en el lugar de: secretario del alienado, testigo, traductor, bricolador que acompaña la invención; analista lector y editor. Según la particularidad de cada caso, es así como cada practicante se incluye y se deja usar como un instrumento más.

Nuestra apuesta en este campo se orienta por hacernos interlocutores del decir del psicótico, de aquello que es cuestión de palabra y cuerpo.  Es muy importante resaltar lo que señala Christian Alberti en el texto que nos compartió en la preparación para las XIV Jornadas de la NEL, en el que enfatiza que en el encuentro con el psicótico se “requiere un cuidado especial para mantener las condiciones del diálogo”.[46]

Entonces, ¿cómo sostener una conversación con el sujeto psicótico? Guy Briole, retomando la expresión Á bâtons rompus,utilizada por Lacan en su tesis, indica que una conversación con el sujeto psicótico es aquella que permite pasar “de un tema a otro, volviendo al primero, etc. Es también tener conversaciones en las que a menudo el sentido se escapa, si bien algo las guía (…) Lacan se dio cuenta de que eso facilitaba el discurso espontáneo”.[47] De aquí podemos deducir que nuestra intervención recae en ofrecer al sujeto psicótico la posibilidad de que se encuentre con alguien con quien pueda hablar.

Se sabe que, por varias décadas, Lacan psiquiatra concurrió a Saint-Anne y se incluyó en el hospital no solo para escuchar al psicótico con “las orejas apropiadas”,[48] sino que con su apuesta le devolvió al “enfermo” la dignidad que tiene su propio decir.  Lacan nos transmitió la importancia que tiene que el discurso analítico se inserte y se haga presente en el campo institucional.

Con su permanente interlocución con otros discursos, tanto Freud como Lacan, nos trazaron las vías en extensión para reinventar el psicoanálisis, a condición de que sepamos implicarnos e infiltrarnos de la buena manera en los lugares que acogen y atienden el malestar.

Este desafío permanente se renueva con la orientación de J.-A. Miller, quien nos provoca y nos convoca a pensar al “psicoanalista como objeto móvil, susceptible de desplazarse a nuevos contextos, particularmente a instituciones”.[49] A esta orientación se suma la invitación de dirigirnos al Otro social en un esfuerzo de poesía en lo que respecta “a nuestro esfuerzo institucional, que hoy en día consiste en crear instituciones de atención, instituciones terapéuticas”.[50]

A pocos meses de haber concluido las XIV Jornadas de nuestra Escuela y de haber podido escuchar sobre la posición jugada con que los practicantes extraen las consecuencias y dan pruebas del psicoanálisis que practican en instituciones, resalto que el psicoanálisis de orientación lacaniana sigue siendo una opción posible al tratamiento de las psicosis en diferentes dispositivos institucionales. Los efectos de esta práctica se verifican, sus aportes nos orientan y se mantienen vigentes para hacer avanzar el psicoanálisis tanto en intención como en extensión.

A través de varios textos elaborados para el Boletín Laboriocio,[51] como durante las plenarias y las simultáneas clínicas de nuestras Jornadas, pudimos constatar cómo cada practicante ha podido formalizar y dar cuenta de los hallazgos, invenciones y sorpresas con que se ha encontrado, cuando cada psicótico testimonia de cómo ha podido montar otros enredos y embrollos posibles, en los cuales algún efecto de sujeto se ha producido, en articulación con un cuerpo afectado por el goce.



YAYOI KUSAMA Y SU RED INFINITA.  ¿QUÉ NOS ENSEÑA SOBRE EL CUERPO?*

GLADYS MARTÍNEZ**

Yayoi Kusama, artista japonesa nacida en Matsumoto, hace 94 años, es una de las artistas contemporáneas más conocidas y exitosas a nivel internacional. Su estilo es inconfundible. Basta apreciar superficies, de diversas formas y materiales, marcados con puntos de todos los tamaños que conducen irremediablemente a una sensación de infinito inconmensurable, para reconocer la marca original que Kusama logró inscribir, de modo permanente, en el mundo. ¿Cómo nació este impulso materializado que ha logrado tocar tantos cuerpos a nivel mundial? Digo tocar cuerpos, porque ella misma se ha encargado de que sus obras, sus exhibiciones y sus instalaciones, -que la mayoría de las veces ella arma directamente- sean una vivencia inmersiva que produzca “una delicia vivir”.

[52]

Mi interés en compartirles mis lecturas en torno a esta artista, se debe a dos razones principales: una admiración por los artistas, que como bien lo decían Freud y Lacan, siempre, en materia de interpretación, nos llevan la delantera. Lectores de su tiempo, exploradores de los misterios humanos más ignotos, trabajan alquímicamente sobre las cosas del mundo para ofrecerlas a la mirada, al oído, a los sentidos. Si entendemos por interpretación, el arte de hacer vibrar el cuerpo, de hacerle resonar sus armónicos más secretos, los artistas nos interpretan con materiales inverosímiles: trozos, pedacitos de hierro, madera, papel, salpicados de trazos pulsátiles, de brochazos finos, intempestivos o calculados, acumulaciones de texturas, líquidos viscosos, luces y sombras, sonidos y silencios.

Un segundo interés me llevó a leer, de principio a fin, la autobiografía de Kusama, La red infinita: El recuerdo de cuán impactante fue para mí una retrospectiva suya en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires MALBA, experiencia imborrable, y cómo el tema del cuerpo insistía como protagonista en cada período de su obra, siendo su arte, su singular modo de tratarlo, o más precisamente, de hacerse a un cuerpo.

Ciertamente, en esta sección de la Nueva Escuela Lacaniana, NEL-Cali, nos sentimos compelidos a trabajar el tema del cuerpo, porque el tema que desplegaremos en el próximo encuentro de Escuela, -versión 14vas de sus jornadas, en el cual van a converger elaboraciones epistémicas, clínicas y políticas de colegas de la amplia geografía de la NEL (9 países), atravesados y pulsados por la orientación lacaniana que es nuestro agalma y nuestra brújula- es El cuerpo en la psicosis. Compelidos porque no tenemos de otra, es una elección forzada, gustosa, además, en tanto el cuerpo ocupa un lugar central, tanto en las últimas elaboraciones de Lacan, el cuerpo hablante, como en la experiencia analítica que practicamos, la cual, al tener como pilar fundamental para la formación la propia experiencia de un análisis, repercute en nuestro propio cuerpo sus efectos vivificantes.

Desde lo que el arte enseña al psicoanálisis recorreré algunas reflexiones, en torno al cuerpo, a partir de la obra de Yayoi Kusama.

Kusama es hija de importantes empresarios de semillas. Nacida en Matsumoto, región rodeada de praderas y montañas, conocida como los Alpes japoneses. La luz, la luminosidad, la ráfaga, el brillo, fueron elementos que desde tempranas experiencias capturaron a Kusama y se impusieron a su retina. Dice que cuando caminaba por el campo las cosas emitían “fogonazos y centelleos”. Algunas imágenes “me saltaban a la vista que me quedaba deslumbrada y atónita”. Así mismo, fue capturada por la visión de la dimensión de acumulación y multiplicación de un elemento, como podría serlo una piedra junto a muchas otras en un río, brillando en la tarde.

Tanto su niñez como su adolescencia fueron un tiempo muy difícil en su entorno familiar. Extraigo la siguiente frase: “Era como si ya hubiese abandonado toda esperanza para mí misma y para mi entorno desde los días en que me hallaba en el vientre de mi madre”.[53] Fue su padre quien le regaló las primeras pinturas. Regalo que su madre rechazó vehementemente, pese a que se desenvolvía en el terreno del mercado del arte. Le dijo tajantemente que no podría ser pintora: “por encima de mi cadáver”.[54]

Era la elegida por su madre para que sirviera como vigía de las irremediables escapadas de su padre donde geishas y prostitutas. La respuesta de su madre frente al fruto de su tarea, era golpearla y maldecirla. De niña fue solitaria, taciturna, desconsolada. Un recuerdo temprano nos anoticia de un momento de resquebrajamiento psíquico, donde sus estabilizaciones se tambalean. Tendría entre 10 y 15 años cuando había estallado la gran guerra (WWII). Se encuentra en un campo de violetas, y siente que empiezan a mirarle y hablarle; crecieron en número y volumen hasta que su sonido le “hizo daño”. Dice: “Perpleja, intenté decir algo, pero ahora mi voz era la de un perro”.[55] Presa de pánico, corrió a su casa, hizo un hueco en el interior de un armario y se encerró en él. No pudo saber si había sido realidad o si fue una “clase de sueño”.

Desde algún tiempo anterior ya había indicios de fenómenos que anotician de la rasgadura de la realidad, fenómenos extraños que parecieran el preludio del desencadenamiento psicótico. “Veía auras alrededor de algunos objetos” y así mismo, las plantas y los animales “emitían voces”. Un toque externo que reverbera en el agujero forclusivo, amenaza con hacer caer todo el edificio de la subjetividad. Numerosas experiencias de este tipo son narradas por Kusama a lo largo de su autobiografía.

Como lo comentaba anteriormente, el despertar de la adolescencia parece haber sido uno de ellos. Si bien no lo narra con detalle, podemos deducir que tuvo tratamiento psiquiátrico en este período, ya que fueron dos “eminentes” doctores, quienes la apoyaron definitivamente en su proyecto de hacerse a una vida artística fuera de Japón. Su lugar de destino, al cual se empeña con todas sus fuerzas como mudanza y apuesta, fueron los EEUU, por sus largas extensiones de praderas, tal como eran dibujadas por una admirada artista, Georgia O’Keffe, quien fue pieza clave en sus decisiones. Es conmovedora la fuerza de este empeño, de tocar mil puertas, de no cesar en el intento decidido de salir del mundo cerrado y oscuro, tal como el hueco del armario, que le representaba su familia y su país. Incomprendida, se hace a su lugar como artista definitivamente en Nueva York.

¿Cómo trató Kusama las “alucinaciones visuales y auditivas” -como ella misma las llama- en el despertar de su adolescencia? Llegaba a casa con la urgencia de plasmar en papel lo que se le imponía como mirada: “no paraba de hacer bocetos. En esas ocasiones, yo no estaba aquí”. Por eso nombra ese período como estar en un “lugar al margen” desde el cual buscaba metabolizar las imágenes que se sucedían a gran velocidad. Para Kusama este impulso, casi necesidad vital de registrar en bocetos lo que se le imponía, “capturarlas todas antes de que se desvanecieran”,[56] es el origen de sus cuadros. Pintaba todos los días. Ese “Yo no estaba aquí” hace eco de una especie de “desprendimiento” de su cuerpo, “al margen”. Es interesante apreciar el rigor y tenacidad de dar forma concreta y de poner fuera eso inasimilable que invade la realidad de un sujeto. Apelaba al temprano descubrimiento en Nagano de un método de trabajo que transformó en estilo:

mientras trabajaba con hojas de papel blanco de tamaño carta había hallado mi propio y exclusivo método de expresión: pinturas a tinta con acumulaciones de puntitos minúsculos y dibujos a pluma de unas concatenaciones interminables, ininterrumpidas, de una fusión de formas celulares o curiosas estructuras que parecían la imagen ampliada del tallo de una planta.[57]

En retrospectiva, narra con detalle esos momentos definitivos de sus primeros años en USA, donde la precariedad, en todo sentido, impregnó su mundo subjetivo resquebrajándolo hasta hacerlo añicos, así como también el depuramiento, vuelto arte, de su original tratamiento para reconstruirlo. Nueva York en el comienzo fue un infierno. Vivía en la miseria. En invierno se congelaba hasta los huesos. “Incapaz de dormir, me levantaba de la cama y me ponía a pintar. No había otra manera de soportar el frío y el hambre, y así me sometía a la presión de un trabajo cada vez más intenso”.[58]

Kusama es vehemente en afirmar que su recurso a la pintura, -a este tipo original de expresión con la pintura- no nació con fines artísticos. La pintura fue “primaria e intuitiva”.[59] Sin la noción de “arte” propiamente dicha, la pintura fue para ella un férreo intento de cifrar, -si pudiera decirlo así- de localizar en el papel, eso que invadía su ser amenazándolo de aniquilamiento subjetivo. Es su tratamiento el que deviene arte posteriormente, por resolución, por haber sabido hacer pasar al mundo su más extremo punto de locura. Arte advenido desde el agujero forclusivo mismo. Destaco dos modos de tratamiento:

  1. La dedicación incólume, punto a punto, trazo a trazo, para fijar el goce desparramado.
  2. El recurso a proporcionarse una super identificación.

Empiezo por el segundo. En momentos de tristeza máxima escalaba el edificio más alto de Nueva York, el Empire State Building, para desde esa sensación de altura, de contemplación de la “inmensa y deslumbrante” panorámica, armarse a una misión sobre la tierra. Una especie de super identificación no simbólica sino imaginaria. Esta super identificación[60] está ensamblada con ideas o sensaciones de éxito, de grandeza, que brindaron cierta cohesión imaginaria. Esta suerte de inscripción que se busca en el mundo, desde este espesor de grandeza, es la otra cara de esa nulidad sentida en la juntura más íntima del sentimiento de la vida,[61] como lo expresan las palabras de Kusama: un “mejor no haber nacido”, reflejo de la sombra sobre el yo de un ser de desecho. Dice:

sentía como si me hubiese plantado en el umbral de toda ambición mundana, donde en verdad cualquier cosa era posible”. […] Aquel anhelo era como una llama devoradora que ardía en mi interior. Mi entrega con tal de lograr una revolución en el arte hacía que me hirviese la sangre en las venas y hasta lograba que se me olvidara el hambre.[62]

Me detengo ahora, en el primer tratamiento. Perdidas las coordenadas Simbólicas e Imaginarias (no comía, ni dormía), echó mano -literalmente- de la pintura. Sin pausa, en una especie de estado febril, intentaba fijar, punto por punto, en red, lo desparramado del goce en el momento de desencadenamiento. Dice:

Lo cierto es que sufría frecuentes episodios de una severa neurosis: llenaba un lienzo de redes, y acto seguido continuaba pintándolas en la mesa, en el suelo, y al final me las pintaba también por todo el cuerpo”. […] aquellas redes empezaban a expandirse hacia el infinito. Me envolvían, y yo me olvidaba de mí misma, se me adherían a los brazos, a las piernas, a la ropa, y llenaban la habitación entera.[63]

Destaco la pérdida de delimitación de su cuerpo, su prolongación y mezcla con los objetos externos, poniendo de frente cómo y cuánto un cuerpo “se suelta”. Tengo la hipótesis de que la pintura sobre su cuerpo, era un consentimiento a fundirse con el afuera, a la vez, que una forma de contenerlo, una vez pasada la crisis. En el desencadenamiento mismo, ella está invadida de un goce innombrable, y, por eso mismo, busca fijar, localizar lo infinito con un artificio también “infinito” -su red infinita hecha de repeticiones, insistencias, trazos incesantes con materiales concretos. Dice:

Una mañana me desperté y me encontré con las redes que había pintado el día anterior, pegadas a las ventanas. Maravillada ante aquello, fui a tocarlas, y las redes empezaron a reptar y se me metieron por la piel de las manos. Se me aceleró el pulso. En plena agonía de un ataque de pánico de los gordos, llamé a una ambulancia […].[64]

Estas urgencias se repitieron. Los médicos indicaron ayuda psiquiátrica e internación. Pero ella apeló al autotratamiento de “seguir pintando como loca”. A veces olvidaba comer, no lo necesitaba, pues, “pintaba con toda mi alma”. La angustia era masiva, “vaivén intermitente de unas llamas en los huesos”.

Ahora que indicaba que Kusama hacía un tratamiento de lo infinito del goce con artificios infinitos a partir de materiales concretos, no dejaba de encontrar cierta semblanza con la enseñanza que Lacan extrae de Joyce, tal como figura en el Seminario 23, El sinthome. Los arreglos sintomáticos ciertamente siempre son únicos e intransferibles, pero es interesante cómo a veces consuenan. Joyce, trata -a través de su escritura y descomponiendo la lengua inglesa- la invasión de una especie de hablado del Otro en él, esto es, de palabras impuestas. Vía la polifonía inventada, vía el sonido, Joyce trata lo invasivo de sus voces. El lapsus del nudo, I, S, R, se suple vía la construcción de un Ego corrector,[65] su ser de Artista, para abrochar su cuerpo. Artista del que hablarían los universitarios por más de 300 años. Acentúo que es con el mismo material del mal, del veneno, con el que se construye la solución, el arreglo, dándole una vuelta, otro uso. En el caso de Joyce, un tratamiento de las voces que le se le imponían; en el caso de Kusama, un tratamiento de la mirada deslocalizada y multiplicada al infinito. Kusama también apela a hacerse un nombre como artista, creando un arte lo suficientemente sólido “que dure para siempre”.[66] Dice: “estaba convencida de que producir aquel arte tan único que surgía de mi interior era lo más importante que podía hacer para construir mi vida como artista”.[67]

Dos años después de su llegada a USA, y a causa de apoyos claves, de figuras de renombre, logra una exhibición en solitario. Titula esa muestra Obsessional Monochrome. Lienzos en grandes formatos, con aquellas redes infinitas en blanco sobre negro, sin composición alguna y carentes de centro.  Dice: “La monotonía que generaban sus formas repetitivasdesconcertaba al observador, al mismo tiempo que su hipnótica serenidad atraía al espíritu hacia un vértigo de vaciedad”.[68] A la par que las redes infinitas podían, de algún modo, tratar lo infinito del goce, fijándolo, también su repetición producía una reducción, una especie de vaciamiento. El efecto, en el espectador, era de enigmática atracción y a la vez profundamente conmovedor. Les comparto algunas resonancias de los críticos: "composiciones de una extensión que tiende al infinito y que dependen por completo del paciente escrutinio de las sutiles transiciones tonales por parte del observador”; “llamativa vuelta de tuerca, si bien perturbadora en su estricta austeridad”. Otro decía: “te abruma de manera silenciosa”; “Una luminosidad delicada imbuye de una gran dignidad la superficie”.[69]

Ella denomina este primer lienzo, del que parte su sello inconfundible, “su epopeya”. Trascendiendo el marco “resumía todo lo que yo era”. Manera de nombrar esa experiencia inefable: “[…] el hechizo de los puntos y la rejilla me envolvían en un telón mágico de un poder misterioso e invisible”.[70] Vida y muerte. Las redes blancas vaciando y delimitando el agujero oscuro de lo mortífero, como la boca de un lobo, y decantado en un “hechizo de puntos”, con los que ella misma hechizó al mundo entero hasta nuestros días. A esta operación, ella la denominó obliteración. Vaciamiento a través de las redes blancas de las “acumulaciones astronómicas de puntos”. Dice:

Mi deseo era el de predecir y medir la infinitud de un universo sin límites desde mi posición en él, puntos: acumulación de partículas que forman los espacios negativos en la red. ¿Cuán profundo era el misterio? ¿Existía una infinitud de infinitos más allá de nuestro universo? Al explotar estas preguntas, quería examinar ese solitario punto que era mi propia vida. Un lunar: una sola partícula entre miles de millones.[71]

Una conferencia no es suficiente para abordar ese “infinito de infinitos” que es la obra de Kusama. Valdría la pena detenerse en cada apuesta, en cada desgarro y arreglo, en sus vehementes manifiestos, en su música, en su escritura, en sus puestas en escena. Hubo y hay todo un taller de seguidores laboriosos, de trabajadores minuciosos, enlazados a los proyectos Kusama, así como de la política que ella delimita y vectoriza para los alcances de su obra. Es extremadamente metódica. A sus 94 años, una vez le toman su presión arterial, en el hospital psiquiátrico que eligió como residencia por elección propia, tiene una jornada de trabajo en su taller de 12 horas, que acondicionó en la acera de enfrente. Así tenga que soportar los achaques y dolencias de su cuerpo viejo afirma: “Creo poder decir con toda honestidad que esta es la mejor época de mi vida.[72]

Para finalizar, mencionaré un último aspecto de su obra enlazado al horror de la sexualidad y a lo real del cuerpo vivo, los cuales trata de modo singular.

Su arte psicosomático, como ella lo nombra, tuvo por finalidad exorcizar el horror que le producía la sexualidad. Asegura haber visto el coito cuando aún no podía caminar. Su modo de decir sobre esta temprana experiencia, nos devela el carácter traumático de la misma, que tal como afirmaba Freud, nunca es universal para todos, sino singular y casi siempre apoyada en algo mínimo que, por su irrupción inesperada, acontece en el cuerpo, surcándolo. Dice ella: “el terror que me entró por los ojos se fue hinchando como un globo en mi interior acompañado de una desbocada ansiedad por el futuro”.[73]

En su caso, fue necesario marcar su cuerpo, literalmente una y otra vez, a través de sus puntos, o recrear el objeto del horror del cuerpo, el órgano sexual masculino, al infinito y de modo blando, como modo de domar el horror abismal que producía en ella. Los afectos que dominaban todo lo relacionado con el sexo, eran el asco, la repulsión, la angustia, el horror, “lo sucio”, pues al adolecer de significación fálica, -esa que hace pasible poner en palabras algo del goce, como goce sexual- lo que emerge es la presencia real, brutal, de lo irrepresentable. Aquí su método para tramitar lo que podría ser leído como “lo obsesivo” de su arte, fue la agregación, que, a manera de “ecos con efecto telescópico”, (¡ecos visuales!) conmovían al espectador de un modo extraño.

El impresionante modo de domar este horror, que implicaba multiplicar esculturas blandas de falos, salpicadas de puntos, en hexágonos rodeados de espejos que creaban esta sensación de infinitud, además del uso del color y laboriosidad, incluía una dimensión de performance, de intervención en vivo y en directo a plena luz del día y ante la mirada de espectadores. Ese elemento, nos anoticia de lo que propongo leer como cierto apuntalamiento de un goce-satisfacción, goce, en cierta manera tratado irónicamente no impuesto, pues le resultaba profundamente “gracioso, divertido” tirarse encima, de esas esculturas blandas de falos multiplicados, y casi nadar sobre esas aguas de horror intangibles, transformadas en objetos inventados con sus manos, intervenidos y visibles. “Puedo deleitarme en mi enfermedad a plena y deslumbrante luz del día”,[74] nos dice.

El coito quedó signado, para ella, como un “acto violento”. Propongo considerar esa “violencia” como la violencia primitiva, aquella de lo irrepresentable que golpea, aturde, conmociona el cuerpo; latigazo, penetración, incrustación, rasgadura, golpe seco, de las palabras sobre el cuerpo.

Ella afirma nunca haber tenido sexo con nadie. Y esto es muy interesante, porque Kusama fue pionera de performances nudistas, de pinturas corporales, de happenings que algunas veces desembocaban en orgías públicas, con audiencia. Eso tan extraño y sui generis de sus propuestas artísticas, era leído por sus contemporáneos japoneses como una especie de mezcla de “aberración sexual”, “promiscuidad” y “perversión”: ¡arte, de ningún modo!

La acumulación también buscaba producir la auto obliteración, ese modo de tratar su horror, vía la repetición, hasta domeñarlo o tornarlo en otra cosa, arte para pensar, por ejemplo, arte para hacer reflexionar, integración de su Un punto único dentro la red de otros puntos dirimiéndose en millones de puntitos. En su interior, se trataba de buscar “nuevos modos” de convertir sus obsesiones “en formas concretas”.[75] En su obra Infinity Mirror Room – Phalli's Field “la grandiosa agregación de símbolos sexuales humanos se había transformado en cómico campo de lunares”.[76]

Nos quedará para otras reflexiones, considerar la singular función que tuvo y tiene el espejo, o las superficies reflexivas, en sus instalaciones. Así mismo, lo que denominó Toilet Art.

Jamás olvidaré lo que se experimenta en sus instalaciones tipo Love forever, las cuales consisten en miles de luces multicolores, programadas para cambios de color e intermitencia, en laberinticos corredores repletos de espejos. Infinity Mirror, en el MALBA fue una inmersión en la dicha, en la risa. Cada uno veía reflejada su propia imagen de manera múltiple incrustada de esas luces tan radiantes, vivas y alegres. En el trayecto, no se dejaba de escuchar el efecto de risa espontánea, de sorpresa, de casi todos quienes recorrían y transitaban ese laberíntico trayecto. Experiencia única y en soledad, con otros. Lluvia de luz y alegría.

De ese primer Love Forever (1963) dice:

Estas imágenes psicodélicas convertían la obra en una especie de caleidoscopio que reflejaba luz en la raíz de todas las cosas y atraía hacia la locura a todo aquel que entrara en la sala. Se trataba de la materialización del estado de rapto que yo misma había vivido, en el que mi espíritu se vería arrebatado para vagar por la frontera entre la vida y la muerte”. […] monumento eléctrico al propio amor […] “declaración viva, que respiraba.[77]

Casi siempre, los días previos o posteriores a una obra o exhibición, la postran en la cama. Su cuerpo “levanta campamento”, como lo recortó muy bien Lacan. Diría que, al igual que Joyce, Kusama se “entrega” a esa incesante insistencia de lo real de la vida, que, como el mar, siempre recomienza. “Hasta que alcance el final de mi vida, sin mediar decisión posible por mi parte, continuaré aspirando a todo tipo de sentimientos y de visiones al tiempo que huyo de ellas y busco la obliteración”.[78]

Testimonio impresionante, en acto, porque acontece en este mismo momento: en Japón deben ser las 10:30 am de la mañana, y ella estará pintando.  Sin duda, un conmovedor, férreo, luminoso y colorido triunfo frente a su natal e inmemorial marca de un “dolor de existir”.

Videos:

Yayoi Kusama Interview: Earth is a Polka Dot, https://www.youtube.com/watch?v=21NrNdse7nI

Museo Yayoi Kusama en Tokyo, https://yayoikusamamuseum.jp/en/home/

Yayoi Kusama.Obsesión Infinita, Film de Martín Rietti, https://www.youtube.com/watch?v=J_Ppf-B9AuQ



REFLEXIONES “ANIMADAS” A PARTIR DE LA LECTURA DEL LIBRO

¿BUENAS PRÁCTICAS EN AUTISMO? MÁS ALLÁ DE LOS PROTOCOLOS, LA SINGULARIDAD*[79]

GLADYS MARTÍNEZ**

Quizás una de las cosas más sorprendentes que nos enseñan los testimonios de padres, hermanos, intervinientes, docentes que tienen que vérselas con un sujeto autista es, cuánto se produce un giro cuando el otro se acerca, de manera genuina y abierta, libre de demandas y expectativas, a esa singularidad. Así, quien se acerca se ofrece como espacio vacío, borrando todo “saber a priori”, “todo prejuicio” y se permite captar ese germen de saber original del que el sujeto autista es capaz. No se trata de un saber ya constituido, más bien lo propongo considerar como un germen de saber para estar en el mundo. Para quienes rodean esta “singularidad absoluta”[80] del sujeto autista, estar dispuesto a pesquisar ese germen de saber, cambia un mundo. Del germen de saber se puede pasar a “construir saberes con”, y, a su vez, a dejarse, radical y humildemente, enseñar, por un saber singular.

María Jesús Sanjuana, madre de un niño autista y presidenta de la Asociación de familias TEAdir-Aragón, habla de la importancia de “cambiar la mirada, enfocar desde otro ángulo” y considerar que lo que, ante los ojos del mundo, pueda nombrarse como “rarezas”, es ello justamente lo que puede darles “valor ante otros”. “Jugar en positivo” es la fórmula encontrada, en tanto madre, para abrirse a captar el recurso original de su hijo, recurso frente al caos.[81] Me sirvieron sus palabras para desbaratar un prejuicio: esto del “aparente retraimiento”, pues, finalmente lo que ella descubre es la necesidad que tiene el sujeto autista de ser acompañado. Pero no de cualquier manera: a ella se le esclarece que es necesario que ese otro “se involucre”, que “haga su apuesta”. Esto le da un giro completamente distinto al término tan coloquial de “acompañar”.

Para ella, el autismo no es una enfermedad sino “una forma de ser, de estar en el mundo”.[82] Esto requiere de los otros un “estar dispuestos a probar otras formas”,[83] potente invitación a abrirse a la experiencia de lo que es no-estándar.  Y frente a los impasses, limitaciones, contratiempos del mundo, sobre todo en relación a los recursos y maniobras en el medio social, propone operar con “un esfuerzo que viene más de la voluntad que desde el bolsillo”. Encuentro esta afirmación muy afín al aforismo lacaniano “amar es dar lo que no se tiene”. La voluntad no es algo que se posea, no entra en el conjunto de los bienes que se pueden o no poseer. Más bien concierne a la decisión de salir de la cárcel de la impotencia, de consentir “al riesgo” como principio,[84] que da lugar a lo inesperado, a lo sorprendente, causado y orientado por algo ante lo cual no se retrocede pues opera como causa. Abocarse a una “voluntad de causa” junto a una vocación a que “lo singular no sea omitido”.[85]

Así como no se espera, ni se trabaja para que alguien que es ciego, sordo o paralítico vea, oiga o camine, en relación al autismo se trata de cambiar el chip, de soltar ese empuje a querer restaurar lo perdido. Y más bien instaurar un “querer hacer” nuevo y un “confiar en la sorpresa”.[86]

Tomo el extracto de un documental que me impresionó profundamente: Life, Animated. Documental de Roger Ross Williams (2016) basado en el libro, autobiográfico, del periodista Ron Sunskind, Life, Animated: A Story of Sidekicks, Heroes and Autism (2014). Este documental, hecho de fragmentos de videos familiares, de películas de Disney más las entrevistas propias del documental, sigue las pistas en la vida de Owen, hijo de Ron, quien, a la edad de 3 años, se sumergió en una especie de “gran pozo oscuro y profundo”. Como lo expresa su padre, ocurre una especie de “secuestro” del niño que había llegado a ser, y, una vez superado el aturdimiento, emerge el deseo inquebrantable de los padres por ir a su rescate.

Sin previo aviso, dejó de hablar, de mirar a los otros, de interactuar, con dificultades serias a nivel de motricidad y manejo del cuerpo en el espacio. Desde siempre, este chico manifestó una impresionante captura y fascinación por las películas de Disney. En el documental se aprecia un video casero de cuando apenas caminaba, con la nariz pegada al televisor cuando aparece Mickey y una expresión de júbilo inminente.

En inglés, sidekick significa “compinche”. Esta es una historia de cómo alguien al lado, es un compinche que encuentra las maneras de acercarse a un “saber desconcertante”,[87] a una posición singular inentendible para el resto de los mortales que nos creemos “normales” y a quienes nos cuesta muchísimo trabajo establecer lazos con lo diferente, con lo que no se parece al común.

Comparto tres escenas del documental: Hasta los 3 años, Owen era como cualquier otro niño. Jugaba con su hermano, con su padre, leían, reían, hacía uso del lenguaje. En una escena está jugando con su padre a Peter Pan y el Capitán Garfio. Se le escucha un uso del lenguaje como el de otro niño cuando juega, risas e interacción. Pero de repente, todo cambia. Deja de hablar, su mirada se sumerge no se sabe dónde, su semblante es otro. Es otro niño. Lo único que conserva del anterior, es su altísimo interés por las películas de Disney. Los especialistas que lo evaluaron en su momento diagnosticaron un autismo.

El padre, dispuesto al “rescate” sigue las pistas de su hijo, sutiles, hasta que aparece un detalle. Casi 2 años después, un día, viendo La Sirenita, el niño balbucea algo como yuisover… algo inentendible que su madre interpreta “juice” (jugo). El niño tira el jugo, lo rechaza, y devuelve repetidamente el film a la escena donde la Sirenita está a punto de ceder la voz a la bruja, para volverse humana. La bruja pide, casi como una jaculación: ¡¡¡Just your voice!!! Sorpresa, hallazgo. “¡No es juice, es just!”, exclama su madre. Es eso lo que su hijo balbucea. Los padres pueden leer que se trata de un modo de palabra, sin ser muy conscientes todavía de ello. El padre le dice a Owen, “justyourvoice”, “justyourvoice”, y Owen le mira, por primera vez, desde ese día en que desgarró su mundo. Owen, exaltado también repite esta jaculación. Fue un descubrimiento. Sin embargo, esto que para los padres era como una puerta que se abría para entrar en el mundo de su hijo, (el padre lo llama “el “maravilloso momento de justyourvoice”) fue desestimada por los especialistas al calificarlo de ecolalia. Aun así, mantuvieron una reserva sobre si su hijo podría estar entendiendo o diciendo algo.

Esto encaminó a los padres, pese a las pocas esperanzas, a la “misión de rescate para sacarlo de la prisión del autismo”. Tenían la intuición de que “hay algo más de lo que vemos con los ojos”, como lo dice una participante del club de películas Disney que Owen crea en su vida de adulto.

Pasó mucho tiempo. Owen seguía sin hablar. Hacia los 9 años, su padre sigue otra pista. Al terminar la fiesta de cumpleaños de su hermano y ver que se entristecía porque sus amiguitos se iban hacia sus casas, Owen busca a sus padres exclamando: “Walter (así se llama su hermano) no quiere crecer como Mowgly o Peter Pan”.  Frase compleja gramaticalmente, correctamente construida. Los padres, se sorprenden, algo se ilumina. Siguiendo su propio pulso, su padre toma acción.

Decidido a poder hablar con su hijo y a que su hijo le hable, sube a su habitación y encuentra un objeto y una oportunidad propicia. Toma la marioneta de Iago, compinche de Jafar en la película Aladino, y desapareciendo su cuerpo, le presta a Iago su voz. La marioneta camina sobre la frazada de la cama y le pregunta: “¿Owen cómo te sientes?” Owen contesta: “Mal porque no tengo amigos”. El padre siente una emoción intensa, y apretándose los dientes se dice a sí mismo: “mantente en el personaje”. Esta orientación, “mantente en el personaje”, es una preciosa enseñanza de alguien que sabe que tiene que ponerse al lado, que tiene que vaciarse de sí, de su “yo” de padre. De este modo puede seguir a su hijo, y dándole voz real al personaje, encarnándolo, le da vida como realidad efectiva, en cierto modo lo corporiza, lo saca de lo plano y sin cuerpo que es la imagen del dibujo animado, tirándole así una cuerda para hacer un lazo. Exclama: “Cómo es que tú y yo hemos llegado a ser tan buenos amigos?” a lo que Owen responde: “Cuando te vi en Aladdin me hiciste reír”. Y la conversación se extiende un poco más. Owen habla con Iago lanzándole, finalmente, una frase de Jafar: “Me encanta cómo funciona tu mente retorcida”. Propongo leer esta respuesta como una ratificación del nacimiento de una alegría de poder contar con un “compinche” para él. Este momento es de una fuerza incalculable. En ese momento algo se engancha, se abre una ventana, se enciende una luz. A partir de allí, esta familia empezó a hablar el lenguaje Disney, o más precisamente, empezó a tomar la palabra de Owen en serio.  Las “curiosidades” de los sujetos autistas, “constituyen puertas al mundo”. Este es un saldo de enseñanza invaluable para mí: captar el germen de saber en eso que llamamos “rarezas”, en esos “aparentes balbuceos” que pueden devenir actos de palabra cuando hay alguien “compinche” para saberlos capturar, alojar y extender. Ya que nadie es poseedor del saber que haría falta para el autismo, − el padre de Owen dice, “no somos terapeutas ni especialistas, sólo padres”- este no-saber conmina a una posición de humildad y modestia insoslayable. La humildad se impone, y para ello, se hace preciso deponer la experticia, la suficiencia y esa, tan molesta, infatuación del yo.


* Texto presentado en la NEL-Cali en el Espacio preparatorio hacia el XIV Congreso de la AMP “Todo el mundo es loco”, el 5 de febrero de 2024.

** Psicoanalista en Cali, Colombia. Miembro de la Nueva Escuela Lacaniana del Campo Freudiano (NEL) y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP).

[1] Lacan, J., “Lacan por Vincennes”, Scilicet: Todo el mundo es loco, Buenos Aires, Grama ediciones, 2023, p. 21.

[2] Miller, J.-A., (2007-2008) “Brújula de la última enseñanza”, Todo el mundo es loco, Buenos Aires, Paidós, 2015, pp. 315-329.

[3] Serrat, J.M., “El mundo de los demás”, Canal de Youtube Joan Manuela Serrat [En línea],  https://www.youtube.com/watch?v=8-JLMDKV2js

[4] Lacan, J., “El estadio del espejo como formador de la función del yo [je] tal como se nos revela en la experiencia psicoanalítica”, Escritos 1, Ciudad de México, Siglo Veintiuno Editores, 1985, p. 86.

[5] Miller, J.-A., (2007-2008) Todo mundo es loco, óp. cit., p. 316.

[6] Salman, S., “Una satisfacción menos paradojal”, Revista Lacaniana de Psicoanálisis,No. 32, 2022, p. 38.

[7] Miller, J.-A., “Todo el mundo es loco, AMP 2024”, Cuadernos del INES, No. 16, Lima, Akasha Ediciones, 2023, p. 15.

[8] Neologismo de Lacan, formado por mot, palabra, en francés, y materia.

[9] Miller, J.-A., (2007-2008) Todo el mundo es loco, óp. cit., p. 320.

[10] Caroz, G., “Diagnosticar-Un esfuerzo de poesía”, Freudiana, No. 76, 2016 [en línea], https://freudiana.com/revista/freudiana-no-76/

[11] Ibíd.

[12] Ibíd

[13] Ibíd.

* Intervención en el Seminario epistémico de la NEL-Bogotá “Delirio - sueño - locura”. Abril 11 de 2023.  Presentado también en la NEL-Cali en el Espacio preparatorio hacia el XIV Congreso de la AMP Todo el mundo es loco.

** Psicoanalista en Cali, Colombia. Miembro de la Nueva Escuela Lacaniana del Campo Freudiano (NEL) y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP).

[14] Lacan, J., “Lacan para Vincennes”, Ornicar?, No. 17/18, 1979 [en línea]. p 278, http://www.alaletra.com/archivos/lacan-pour-vincennes-_biling%C3%BCe_.pdf

[15] En la contratapa del libro El peso de los ideales de Juan Carlos Indart. Citado por Laurent en “¿Cómo se enseña la clínica?” Buenos Aires, Cuadernos del ICBA 13, 2010.

[16] Lacan, J., (1969-1970) El Seminario, Libro 17, El reverso del psicoanálisis., Buenos Aires, Paidós, 1992. p. 178.

[17] Freud, S., (1925), “Prólogo a August Aichhorn, Verwahrloste Jugend”, Obras completas, Tomo XIX, Buenos Aires, Amorrortu, 1979. p. 296.

[18] Freud, S., (1937), "Análisis terminable e interminable", Obras completas, Tomo XXII, Buenos Aires, Amorrortu, 1979, pp. 249-250.

[19] Miller, J.-A., “Presentación del Curso”, La Orientación Lacaniana, Página Web Asociación Mundial de Psicoanálisis, https://www.wapol.org/es/orientacion/Template.asp?Archivo=presentacion.html

[20] Tute., “Mabel y Rubén”, Tute, 13 de marzo de 2023 [En línea], https://web.facebook.com/photo.php?fbid=757952629035047&id=100044609491546&set=a.199271034903212&_rdc=1&_rdr#

[21] Freud, S., (1915), “Pulsiones y destinos de pulsión” Obras completas, Tomo XIV, Buenos Aires, Amorrortu, 1992, p. 118.

[22] Freud, S., (1900), “La interpretación de los sueños”, Obras completas, Tomo V.  Buenos Aires, Amorrortu, 1991, p. 557-558.

[23] Lacan, J., (1962-1963), El seminario, Libro 10, La angustia, Buenos Aires, Paidós, 2007, p. 174.

[24] Miller, J.-A., “Todo el mundo es loco, AMP 2024”, Cuadernos del INES, No. 16, Lima, Akasha Ediciones, 2023, p. 15.

[25] Lacan, J., (1969-1970), El seminario, Libro 17, El reverso del psicoanálisis, Buenos Aires, Paidós, 2008.

[26]  Miller, J.-A., Todo el mundo es loco, óp. cit.

[27] Ibíd.

[28] Ibíd.

[29] Lacan, J., (1972-1973) El seminario, Libro 20, Aún, Barcelona, Paidós, 1981, p. 95.

[30] Miller, J.-A., El ser y el Uno. Inédito.

[31] Castellanos, S., “Lo que el psicoanálisis enseña, ¿cómo enseñarlo?” Intervención realizada en el III Encuentro de Elucidación de Escuela de la ELP, celebrado en Bilbao, Santiago Castellanos, 19 de septiembre de 2017 [en línea].  https://santiagocastellanos.es/lo-que-el-psicoanalisis-ensena-como-ensenarlo/

[32] Berenguer, E., “Hacer lo imposible”,  Conferencia en el Seminario del Campo Freudiano de Granada, España, 29 de Agosto de 2012 [en línea], https://www.youtube.com/watch?v=y5ejfJuRD4M  

[33] Lacan, J., (1970) “Alocución sobre la Enseñanza”, Otros Escritos, Buenos Aires, Paidós, 2012, p. 325.

* El presente trabajo recoge dos conferencias dictadas el 16 y 17 de agosto de 2024, en la ciudad de Cali, en ruta hacia las XIV Jornadas de la NEL “El cuerpo en las psicosis” que se realizaron en Bogotá en 2024.  La primera fue un Conversatorio titulado “Cuerpo, psicosis e institución”, auspiciado por la Universidad San Buenaventura, y la segunda “El cuerpo del sujeto psicótico en la institución” en el local de la NEL-Cali. 

** Psicoanalista en Ciudad de Guatemala, Guatemala. Vicepresidenta de la NEL (2023-2025) Miembro de la Nueva Escuela Lacaniana del Campo Freudiano (NEL) y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP).

[34] XIV Jornadas NEL, “El cuerpo en las psicosis”, Bogotá, Colombia, noviembre 1, 2 y 3 de 2024.

[35] Lacan, J., “Pequeño discurso a los psiquiatras”, Saint-Anne, inédito.

[36] Lacan, J., “El fenómeno lacaniano”, Revista Lacaniana de Psicoanálisis, No.16, 2024, p.15.

[37] Lacan, J., Seminario 23 (1975-1976)“El sinthome”, Paidós, Buenos Aires, 2009.

[38] Miller, J.-A., Piezas sueltas, Paidós, Buenos Aires, 2013.

[39] Lacan, J., El sinthome, óp. cit. p. 64.

[40] Miller, J.-A., “El cuerpo Schreberiano”. Biología lacaniana y acontecimiento del cuerpo, Colección Diva, Buenos Aires, 2002, pp 99-101.

[41] Miller, J.-A., “La invención psicótica”, Virtualia, No. 16.Disponible en: http://www.revistavirtualia.com/articulos/500/formas-contemporaneas-de-la-psicosis/la-invencion-psicotica, 2007.

[42] Miller, J.-A., “Efecto retorno sobre la psicosis ordinarias”, Revista Consecuencias, 2015 [en línea], https://www.revconsecuencias.com.ar/ediciones/015/template.php?file=arts/Alcances/Efecto-retorno-sobre-la-psicosis-ordinaria.html

[43] Zenoni, A., “Orientación analítica en la institución psiquiátrica”, La otra práctica clínica. Psicoanálisis e institución-Terapéutica, Grama, Buenos Aires, 2021, p. 22-23.           

[44] Laurent, E., Estabilizaciones en las psicosis, Manantial, Argentina, 1991.

[45] Vázquez, E., Actividad rumbo a las XIV Jornadas de la NEL – “El cuerpo del sujeto psicótico en la institución”, Guatemala, 2024.

[46] Alberti, C., “No decir más de lo que se sabe”, jornadas NELcf, 2024 [en línea], https://jornadasnelcf.com/xiv/orientacion/texto-de-nuestra-invitada/.

[47] Briole, G., El lugar de la palabra en la curación de la psicosis, Conversaciones SISO I. La curación de la psicosis. Associação Galega de Saúde Mental AGSM, 2004, p.102.

[48] Lacan. J., Hablo a las paredes, Paidós, Buenos Aires, 2021, p.94.

[49] Miller, J.-A., “Hacia PIPOL 4. Contexto y apuestas del Encuentro Textos fundamentales”, Sauval, 2009 [en línea], https://www.sauval.com/articulos/Hacia%20PIPOL%204.pdf

[50] Miller, J.-A., “Cosas nuevas en el psicoanálisis”, Un esfuerzo de poesía, Paidós, Buenos Aires, 2016, p. 133.

[51] Laboriocio, Boletín Epistémico, XIV Jornadas NEL “El cuerpo en las psicosis”, 2024 [en línea], jornadasnelcf.com/xiv/our-projects/laboriocio -.

* Conferencia abierta en ruta hacia las XIV Jornadas de la NEL “El cuerpo en las psicosis”, dictada el 4 de junio de 2024.

** Psicoanalista en Cali, Colombia. Miembro de la Nueva Escuela Lacaniana del Campo Freudiano (NEL) y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP).

[52] Kusama, Y., La red infinita, Barcelona, Penguin Random House Grupo Editorial, 2022.

[53] Ibíd., p. 75.

[54] Ibíd., p. 83.

[55] Ibíd., p. 73.

[56] Ibíd., p. 74.

[57] Ibíd., p. 38.

[58] Ibíd., p. 26.

[59] Ibíd.

[60] Alvarenga, E., “El cuerpo hablante y los humores”, Escrituras del deseo de Escuela Revista Glifos #13, NEL-CdMx, marzo 2020 [En línea] https://www.nelmexico.org/wp-content/uploads/2021/01/glifos-13.pdf.

[61] Lacan, J., “De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis”, Escritos 2, México, Siglo XXI, 2009, p. 534.

[62] Kusama, Y., La Red Infinita, óp. cit., p. 27.

[63] Ibíd., p. 29.

[64] Ibíd.

[65] Lacan, J., (1975-1976), El Seminario, Libro 23, El Sinthome, Buenos Aires, Paidós, 2006.

[66] Kusama, Y., La Red Infinita, óp. cit., p.  281.

[67] Ibíd., p. 31.

[68] Ibíd., p. 33. (N. de A.) Las itálicas son de Kusama.

[69] Ibíd.

[70] Ibíd., p. 34.

[71] Ibíd.

[72] Ibíd., p. 278.

[73] Ibíd.

[74] Ibíd., p. 54.

[75] Ibíd., p. 58.

[76] Ibíd., p. 60.

[77] Ibíd.

[78] Ibíd. p. 66.

* Texto presentado en la Conversación El sujeto autista y su familia, que contó como invitada a Luisa Aragón, vicepresidenta de la NEL, el 16 de agosto de 2024.

[79] Viscasillas, G., ¿Buenas prácticas en autismo? Más allá de los protocolos, la singularidad. Seminario europeo sobre autismo, Grama, Buenos Aires, 2018.

** Psicoanalista en Cali, Colombia. Miembro de la Nueva Escuela Lacaniana del Campo Freudiano (NEL) y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP).

[80] Roy, D., “La singularidad de un encuentro”, ¿Buenas prácticas en autismo? Más allá de los protocolos, óp. cit., p. 19.

[81] Sanjuán, M.J., “Una manera de estar en el mundo”, ¿Buenas prácticas en autismo? Más allá de los protocolos, la singularidad, óp. cit., p. 23.

[82] Ibíd., p. 24.

[83] Ibíd.

[84] Miller, J.A., Intervención en la presentación del libro El nacimiento del Campo freudiano, 10 de junio de 2023 [En línea] https://www.youtube.com/watch?v=gAVcOuaUyYM

[85] Salman, S., “Una satisfacción menos paradojal”, Lacaniana 32, Buenos Aires, Grama, 2022. p. 38.

[86] Sanjuán, M.J., “Una manera de estar en el mundo”, ¿Buenas prácticas en autismo? Más allá de los protocolos, la singularidad, óp. cit., p. 26.

[87] Roy, D., “La singularidad de un encuentro”, ¿Buenas prácticas en autismo? Más allá de los protocolos, óp. cit., p. 19.

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