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a-leer en nuestra Biblioteca

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“La letra escrita es una decantación de una formación que no cesa de no escribirse”, es la cita que Robinzon Caicedo subraya a partir de la invitación que se le hizo para decir algunas palabras en el lanzamiento del primer número de Alcarraza. La letra escrita como decantación de una formación es la razón de ser de las bibliotecas, y lo que en ellas acontece. En el 2023 se inauguró el espacio de biblioteca “A propósito de la letra”, en el que se presentó el libro de un colega miembro de la NELcf-Chile titulado El color del vacío, donde estuvo presente el autor, Francisco Pisani, y otra colega de la NELcf-México, Edna Gómez, así como el comentario de Elvia Cuaspa, asociada a la NELcf-Cali. En este apartado también se encuentra el trabajo presentado por Gloria Irina Castañeda en el espacio de “Noche Biblioteca” en el que se proyectó el documental La primera sesión de Gerard Miller. Por último, encontramos la decantación de una pregunta de investigación alrededor de las toxicomanías realizada por la asociada Nuris Martelo, quien recuerda que la omnipresencia del goce constituye un reto en lo social y en la clínica.

Lanzamiento de revista digital alcarraza[1]

Robinzon Caicedo*

Cuando Mónica me envió el correo para invitarme a participar de esta conversación escribió al final, y cito, “especialmente porque la letra escrita es una decantación de una formación que no cesa de no escribirse”, esta frase me remitió inmediatamente al curso de Miller 1,2, 3, 4 donde habla sobre el cuadrado lógico y el cuadrado modal, donde el “no cesa de no escribirse” se ubica por el lado de lo imposible, de lo real, de un “nunca”. En este momento, surge en mí la pregunta y también la afirmación de una posibilidad de establecer que la formación puede ser planteada como un imposible. Sabemos que Freud hablaba de 3 imposibles: gobernar, educar y psicoanalizar. Y creo que hoy en día se puede añadir este cuarto imposible, formar-se. Esto me parece sobre todo en el psicoanálisis donde nunca se podrá afirmar de sí mismo o de otro que ya está “formado”, porque no se trata de que exista un perfil de psicoanalista con el cual plantearse un registro calificado y que todos pasen por allí; es decir, la formación de un analista no va por el lado de estándares y logros pedagógicos, sino que se basa en principios, a saber, el propio análisis, el control y la formación epistémica.

Si bien la formación podría ser vista como un imposible, no quiere decir que no exista formación, quiere decir que es posible bordear, acercarse, y estar en un continuo frente a esto, movilizado por el propio deseo y en el Uno, término con el cual me encontré de manera recurrente en cada uno de los artículos de Alcarraza, además de que pude observar que cada autor iba con su “cadaunería” en sus textos, sentí que pude leer algo de lo que en psicoanálisis causa a cada uno de los miembros y asociados de esta sección. Fue importante para mí porque me permitió entender que no se trata de tomar a los analistas de la Escuela o de la AMP como modelo, sino de avanzar en la formación y en el análisis para ir llegando a lo Uno desde el cual seguir trabajando.

La diversidad de trabajos y temas me pareció una gema valiosa en la publicación, se pueden consultar temas sociales, temas alrededor de la formación, sobre lo que es ser miembro en la NELcf y la AMP, tener acceso a las enseñanzas que puede arrojar un testimonio de pase, como es el de Raquel Cors, con comentarios a propósito de lo real de la vida sobre sucesos como el Covid-19 y, para nuestra ciudad de Cali particularmente, el estallido social del 21 de Abril de 2021. Sin desconocer que en otras ciudades también se vivenció y se atravesó la experiencia de lo ocurrido en el año 2021. Así mismo, poder leer con algo de alegría y nostalgia la reflexión de Nuris Martelo sobre la mesa de lectura “a-leer sobre adicciones”, en la cual tuve el privilegio de participar.

Todo esto me llevó a plantearme la pregunta, propuesta además para este espacio, sobre la pertinencia de la revista Alcarraza para la sección, para la ciudad, para el psicoanálisis en esta ciudad. Considero que esta publicación es importante para la formación desde la vertiente epistémica, ya cada uno de los que aún no somos miembros ni asociados sabremos si estamos en el ejercicio del control, que es siempre un deseo, como el pase; y si se está en análisis. Pero frente a lo epistémico, esta revista realiza un aporte enorme para la reflexión sobre el psicoanálisis y el lugar del psicoanalista frente a las distintas realidades tanto de la política lacaniana, como de lo más cotidiano. Para nosotros, quiero recoger aquí a todos mis colegas con los que comparto el deseo de continuar acercándonos al psicoanálisis, es importante contar con publicaciones como esta porque nos hace más próximo lo que se está reflexionando y planteando desde la NELcf, sobre todo porque se corre el riesgo de considerar que ser asociado y miembro de una Escuela es un ideal alejado, ser analista corre el riesgo de convertirse en un ideal o anhelo, y creo que en el acercamiento de nosotros los “jóvenes” es importante para entender que el lugar del analista no puede ser un ideal, no puede ser un imperativo, no puede ser un estándar, no puede ser una meta (meta como cuando alguien se plantea lograr un grado académico o profesional), se trata de un deseo que además implica sostenerse en posición analizante, ser analizante del psicoanálisis en la Escuela, como lo habría planteado Lacan. Ser analista es un deseo, en este texto se lee el deseo de cada Uno por compartirnos esto. Muchas gracias.

La primera sesión, una provocación. La presencia del analista[2]

Gloria Irina Castañeda*

Para Freud[3], la infancia adquiere una especificidad que marcará el futuro de la vida amorosa y pulsional de los seres humanos, cuyo resultado será una especie de moldura que se repite y se reimprime de manera regular. En todo caso, es normal que la investidura libidinal insatisfecha esté en la búsqueda de una satisfacción, y por ello se vuelca a la figura del médico. En esta lógica, Freud concibe el surgimiento de la presencia del analista como falsa conexión en tanto pone en circulación una repetición con el analista de las relaciones pasadas, con los objetos primordiales infantiles, y de las pasiones de amor y odio. Sin embargo Freud desvela otra arista, y es que la transferencia se convierte en un espacio singular y proclive para hacer actuales y presentes los impulsos eróticos de los pacientes que están en la base de los síntomas. Así las cosas, el analista encarna la presencia del Otro del lenguaje.

Surcando la transferencia ineludiblemente está la pulsión, que no habla porque se satisface en silencio, como un pedido silencioso de otra satisfacción. Pero lo más interesante, y quizás paradojal, es que dicha satisfacción silenciosa de la pulsión en la transferencia se nutre de algo que se agarra de la presencia efectiva del analista, encarnada en el aquí y ahora de la sesión.

En su retorno a Freud, Lacan nos dirá que la presencia del analista supone la puesta en escena de la realidad sexual del inconsciente, es decir, de la actuación pulsional que busca su suplemento en el Otro, en tanto hay un lazo por la vía de la alineación significante y otro lazo por la vía del objeto en la presencia del Otro. Así pues, para que la pulsión se haga ver, oír, chupar y cagar  necesita de un Otro presente, con su cuerpo vivo. Freud mismo lo advierte, lo cito: “Es innegable que domeñar los fenómenos de la trasferencia depara al psicoanalista las mayores dificultades, pero no se debe olvidar que justamente ellos nos brindan el inapreciable servicio de volver actuales y manifiestas las mociones de amor escondidas y olvidadas de los pacientes; pues, en definitiva, nadie puede ser vencido in absentia o in effigie”.[4] ¿Vencer?, Freud nos dirá que se trata de una lucha entre el médico y el paciente, entre intelecto y vida pulsional, lo cual se desenvuelve en el campo de batalla de la transferencia, es allí donde debe obtenerse la victoria y utiliza la expresión: “sanar duraderamente de la neurosis”.[5] Por ello, en este arsenal se hace imprescindible que el analista sepa qué tipo de objeto pulsional hace surgir su presencia en el analizante, y sabemos que Lacan insistirá en que la resistencia está más bien del lado del analista.[6]

Lacan en su última enseñanza insistirá en la dimensión opaca del goce que resiste al sentido y su negativización. En esta nueva dimensión nos dirá que más que sujeto del inconsciente está el parletre, porque tiene cuerpo, goza y el analista no está por fuera de esto; no es haciendo interpretaciones como va a tomarse por un sujeto del significante, él también aporta su cuerpo, se necesita que esté el cuerpo por cuanto es lo que se goza y ello no quiere decir que se destornille de la risa, también puede desplegar y significar que se aburre.[7]

Finalmente, Miller plantea la posición del analista,[8] en el marco de un discurso, de un nuevo lazo con el Otro; nos dice que el analista debe ocupar el lugar de agente, como objeto a, objeto que causa el deseo y cause el trabajo del analizante, lo cual socava el discurso del amo en su intento de dominación, por tanto debe olvidar lo que sabe, su propio inconsciente, vaciado de su goce y dedicarse solamente a escuchar o incluso más que eso, a leer el síntoma.

Al respecto, en el documental La Primera Sesión, de Gerard Miller, Chrisiane Alberti habla de cómo en la primera sesión el paciente trae recuerdos dolorosos, y de la importancia de la asunción de un modo de presencia muy particular del analista con respecto a lo que el paciente dice: “se requiere de una presencia en la cual justamente uno no se identifica con el paciente, acoger sin juzgar, sin tomar posición y también sin conmoverse”. Tampoco, como dice Guy Trobas, los analizantes se van a encontrar con una pared, ni con silencios inconmovibles. No es un silencio sin movimientos, nos dice Luis Solano, no es un silencio sin gestos, es un silencio que está habitado y que ofrece un lugar al sujeto que habla.

Comentarios en la inauguración del espacio “A propósito de la letra”, sobre El color del vacío[9]

Edna Elena Gómez Murillo*

Las Bibliotecas del Campo Freudiano tienen un cometido y una apuesta plenos de vida: hacer lazos con el mundo y sus múltiples expresiones tanto de la ciencia como del arte, la tecnología, las humanidades e incluso la religión. Se reconoce en ellas una disposición a la que podríamos llamar cosmopolita porque son lugares en los que coexisten producciones de diversos campos, donde se viven todos los “climas” y se conversa con gran interés, con las diferencias en tanto partícipes del mundo como patria propia.  Por eso, cuando una de las Bibliotecas de la Federación Internacional del Campo Freudiano inaugura un espacio en el concierto de las Bibliotecas, es motivo de mucho contento, significa que el ánimo de seguirse inscribiendo en el Otro de la cultura está despierto.

Y llamarle a ese nuevo espacio A propósito de la letra, nos recuerda la forma en que para Lacan la escritura ocupa una función central no solo en la civilización, sino también como la marca de goce que imprime el lenguaje sobre el cuerpo de cada hablante, de tal manera que esa letra que ha quedado como el rastro de la humanización, encuentra, a veces de forma contingente -y por eso son aún tan importantes las bibliotecas donde sea que se instalen- la intersección de la cultura con la letra propia de cada sujeto.

Este fue el caso desde la primera vez que leí un libro de Francisco, sin embargo leyendo El color del vacío, ha ocurrido algo que me ha costado trabajo nombrar: me topé con que su escritura propone un recorrido distinto a la linealidad de los hechos. Y como resto cae que esta escritura se asemeja mucho más a la naturaleza de lo inconsciente: esas cadenas de significantes operando todas simultáneamente y sobre las que el sujeto incide enunciando, es decir, extrayendo, articulando y nombrando los fragmentos que le resuenan como más significativos, ahí donde su goce está condensado.

Inmediato recordé a una autora alemana llamada Hito Steyerl, ella ha escrito un ensayo con el título En caída libre. Un experimento mental sobre la perspectiva vertical. Ahí, desde su propio campo de realización, que es el cine y el arte visual, ha descubierto algo que en Freud  ya leíamos derivado de su práctica analítica, que el funcionamiento del aparato psíquico no es lineal, desarrollista, evolutivo, sino que todo en él es simultáneo, actual y sin contradicción, lo propio del hablante es una perspectiva vertical. Entonces cuando un sujeto enuncia, no lo hace como una secuencia ordenada por lo puramente simbólico y horizontal, sino guiado por su letra de goce. Les cuento unos pequeños fragmentos de lo que esta cineasta dice:

“Imagina que caes pero no hay tierra…Mientras caes, tu sentido de la orientación podría empezar a engañarte. El horizonte se agita en un laberinto de líneas que se desploman, y pierdes toda conciencia de qué es lo que está arriba y qué abajo, qué viene antes y qué después, pierdes la conciencia de tu cuerpo y de tus contornos.  Los modos tradicionales de mirar y percibir se hacen añicos. Se altera todo el sentido del equilibrio. Se distorsionan y multiplican las perspectivas. Surgen nuevos tipos de visualidad.”[10] 

“Así como la perspectiva lineal producía a un observador estable y un horizonte imaginarios, la perspectiva vertical produce un observador flotante y un piso estable imaginario…Esto instaura una nueva normalidad visual: una nueva subjetividad…”[11]

Podemos considerar que un trabajo analítico es esa mirada vertical, un corte hecho sobre las cadenas de significantes que corren simultáneamente, y que de ello se extrae una enunciación que no es lineal como la narración que se dirige a un horizonte estable, sino a una nueva forma de habitar el lenguaje con un horizonte agitado por el goce.

El libro de Francisco Pisani está hecho de fragmentos de vida que se suceden, y cada uno tiene su propia lógica, su sentido o sin sentido, es eso lo que permite disfrutar de un horizonte inestable. En un instante uno sabe que no hay que llegar a ningún lugar preciso, que cada partícula es un acontecimiento por valorar.

Comparto algunas notas para la conversación:

1°La perspectiva lineal produciría la idea de que existe lo concluido y lo inconcluso, creo que Francisco hace en el libro una pregunta que precisamente pone en tensión la creencia en un principio y un final, dice así: “¿La muerte deja inconclusa la vida o la interrumpe, en la vana pretensión de vivir eternamente?” ¿O es ese fragmento de vida lo que contingentemente es y no más? El librero cuya función y naturaleza sea tal vez mantenerlo así no más, quitándole, poniéndole la mirada, no más…

2°¿Es una escritura a la manera onírica, donde tú eres cada uno de los elementos incluso el librero, la guitarra de Víctor Jara, Víctor Jara, su hija, tus hijas, tu mujer, los dibujos de tus hijas, el luthier…?

3° En un momento nombras algo que al parecer ha dicho otro: “escribir serenamente”, que resulta ser el tono de tu escritura en este libro para el que guardas un deseo de preservar un misterio de la pregunta inicial.

4° Quizás la vida es eso: portar un misterio inexpresable que debe ser expuesto.

5° ¿Qué es para ti escribir? ¿Devenir escritura?

6° “Y arriba quemando el sol”…toda la elucubración de este mundo y a mitad del camino Francisco se detiene para señalar eso otro real, incandescencia en el espacio, esa ignición ajena a toda palabra.

7° Se van acortando los enunciados hasta cerrar con un final genial…

A propósito de la letra: ¿Qué es escribir en psicoanálisis?[12]

Elvia Cuaspa*

Leer el texto: “El color del vacío” de Francisco Pisani provoca de entrada una pregunta sobre la escritura: ¿qué es escribir? Pero a medida que avanzamos en su lectura, surgen otros interrogantes que tienen que ver, quizá, con eventos de ruptura implicados en  un saber hacer con los recuerdos y los olvidos, con las historias de vida singulares y con las obras inconclusas. Todo esto como efectos de haber podido cernir los afectos enmarcados en el vacío  inaugural, cuyo color deviene entonces, una suerte de una Otra escritura develada esta vez por la dimensión lógica de la letra.

En este sentido el  texto  hace alusión al color del vacío, que desde Freud emerge como  luz de la hiancia. Así, para escribir hay que aprender a leer desde el claroscuro del espacio abismal que nos habita. Con Lacan podemos leer ese espacio como resto de la primera sustitución metafórica en relación al Otro. Este libro nos enseña que se escribe desde la pregunta sin respuesta, desde la incertidumbre, desde el color del objeto perdido y nunca recuperado, desde la letra como litoral entre saber acumulado y sentido gozado, desde la  huella y  su borramiento, desde el vacío y la plenitud, desde lo femenino como centro y ausencia.

De otro lado podemos ver, en acto, la diferencia entre narrar, contar una historia, y escribir. Escribir es narrar la doble ausencia, es anunciar e intentar armar la escena de teatro que jamás se logró, tal vez porque el personaje central, o el artista concernido, no pudo llegar a la cita, o porque el mensaje de invitación a la obra tampoco llegó a su destino, y que sin embargo, sigue circulando desde el vacío productivo como una suerte de metaforización de lo innombrable, de lo indecible y desde la página en blanco como producto del vaciamiento y  la soledad añorada en esas largas caminatas del  joven austral recitando poemas entre el desierto y el mar.

Finalmente nos quedamos con un saldo de saber, que emerge de la cantera poética  de Margarite Duras en su gran enunciación.: “escribir es saber que escribiríamos si escribiéramos” y desde Goethe: “Solo se puede escribir de lo que no se sabe demasiado”, es decir desde la docta ignorancia, desde el agujero en el saber  y el deseo que esto  nos causa, desde el consentimiento a bordear y colorear ese vacío que nos constituye como sujetos y nos empuja inventar un amor más digno y a continuar reivindicando ese acto de hacer con la vida una nueva escritura.

El empuje al consumo, dimensión social y subjetiva

Nuris Martelo Puerta*

Nos enfrentamos a un empuje al consumo, el cual podemos pensar como un síntoma que nos remite por una parte a la dimensión social, y por otra a lo singular de cada sujeto.

Las toxicomanías no son nuevas en la sociedad. Sin embargo, el uso que cada sujeto hace de las sustancias constituye un nuevo fenómeno. En la historia de las culturas, los consumos aparecen ligados a los rituales, o usos que no eran tan problemáticos, como algunos actuales, donde el imperativo “todos consumidores”, ligado a la caída del Otro, que ya no funciona como un punto de basta entre lo simbólico y lo real, incide en la proliferación de este síntoma. En este sentido Galende[13] retoma el concepto de reflexivización, planteado por Zizek, para decir que cuando los ideales caen y solo son reemplazados por una reflexivización continua, se abre un campo que tiene como extensión solo la satisfacción. La búsqueda de satisfacción se torna un imperativo y esto propicia que cualquier objeto pueda ser tomado como una droga. Galende explica que el objeto para que pueda ser consumido maníacamente debe tener una condición de ¨fugacidad ̈. “Si perdura, si no se agota rápidamente, no puede repetirse constantemente el mismo proceso”.[14]

Consecuentemente esta fugacidad en la relación con los objetos también puede, según el autor, permear los vínculos sociales y convertirlos en lo que Bauman llama los lazos líquidos, hasta llegar a lo que en la modernidad se ha llamado los amores tóxicos. En los amores tóxicos se busca la satisfacción de algún modo narcisista y no el encuentro con el otro. En este sentido la ideología del consumo promueve la homogeneización de los goces, en el cual la instantaneidad juega un papel primordial. Las relaciones se tiñen de esa manera en encuentros fugaces, que hacen suponer una completud y evitan el desencuentro. En algunas culturas se observan formas de relación, como el lazo amoroso con una muñeca, como sustituto de la relación con una mujer, llevada al extremo de tratar de humanizarla, llevándola a cualquier espacio social.

El psicoanálisis nos enseña que el ingreso a la cultura siempre causa un malestar. Malestar que puede ser tramitado de diferentes maneras. Aunque la respuesta a la castración, es algo que cada sujeto construye, se puede pensar que en lo social, aparecen diferentes modos como salidas a ese malestar; entre ellas se podrían mencionar, las que se ha llamado algunas comunidades de goce, en la medida en que se promueven salidas instantáneas, que buscan obturarlo, pero que no dejan de ser excluyentes. Sectores que alojan grupos de consumidores, de los cuales no se quiere saber. En este sentido en algunos países, entre ellos en Colombia, encontramos sectores como la hace pocos años intervenida “Calle del Cartucho” en Bogotá o “El Calvario” en Cali .

Es posible mencionar un sin número de sustancias u objetos con los que se establece un lazo de dependencia, así como también podemos encontrar reportes de consumos cada vez más tempranos de sustancias y especialmente de los gadgets, que parecen taponar todo tipo de malestar.

“Ese lugar lo ocupará el discurso, entendido como el principio del lazo social. Es decir, que afirmar que el Otro no existe implica que el punto de basta se reconstituye como lazo social. Y la tesis de Lacan es que el goce contemporáneo, se sitúa por el plus de goce, y ya no por el agente de la castración. En consonancia con esta particular relación al Otro, el síntoma pasa a ser una respuesta posible frente al vacío que se abre entre el semblante y lo real”[15].

Para Freud, citado por Naparstek, dice que algunas de las formas que ha encontrado el ser hablante para lidiar con ese malestar son: la religión, los narcóticos, el amor, el síntoma y la sublimación. Sin embargo “cada una de estas posibilidades tiene su otra cara, por ejemplo, el amor puede traer unas de las más grandes gratificaciones pero también puede traer el sufrimiento”.[16] En cuanto a las sustancias como tratamiento de lo sintomático, plantea que pueden tener el riesgo de que te alejen de la realidad.

Para la Organización Mundial de la Salud (OMS), la clasificación de las adicciones parte del tipo de sustancia, así como de la frecuencia de uso, llegando a definir cuáles son los consumos problemáticos o no. En un informe reciente[17] se comenta que durante la pandemia de Covid 19 encontraron un incremento del consumo de ciertas sustancias, lo que permite inferir, que el contexto social también incide en el predominio de ciertos síntomas. Ante el malestar actual en Colombia (secuelas sociales post pandemia, recesión económica, cambios políticos, etc.), se menciona el aumento de: consumo de sustancias psicoactivas, los feminicidios y fenómenos de estallido social, que buscan dar un tipo de respuesta, en este caso vía lo sintomático.

Según el psicoanálisis lacaniano, es el sujeto el que hace de un objeto algo tóxico, siendo necesario saber la función que cumple la sustancia para cada sujeto; en el tratamiento,  además de lo anterior, es importante tener en cuenta en una cura,  la estructura psíquica del analizante y la  transferencia.

Desde la perspectiva social, también conviene considerar las implicaciones que tiene  el discurso de la ciencia, en tanto la mayoría de las conceptualizaciones terapéuticas, se hace un énfasis en los cambios que se producen en el cerebro; se enfatiza en la corteza prefrontal, la cual va a permitir mediante  la voluntad que se domine o evite el consumo problemático de sustancias,  especialmente en los niños y  jóvenes. Siguiendo este enfoque, no se da lugar a la responsabilidad subjetiva, en la cual está en juego el sentido del síntoma para cada adolescente, sino sólo a un cambio químico que se puede lograr mediante el entrenamiento de la corteza prefrontal.  Conviene no solo tener en cuenta el discurso de la ciencia, y cómo este permea algunos tratamientos, sino también la incidencia de las políticas en torno a la guerra contra las drogas.

Según Antebi(s.f) “si Freud centra su análisis del sujeto y de lo colectivo en la identificación, nosotros ahora, pregunta Miller, en qué lo centramos?. La promoción del plus de goce se centra en el eclipsamiento del ideal. Desde aquí se explica la crisis contemporánea de la civilización”.[18] De acuerdo con Miller, actualmente tenemos una pluralización del goce. La omnipresencia del goce, el cual ya no está localizado, sino que aparece por todos lados, lo cual constituye un reto en lo social y en la clínica.


*Asociado a la NELcf- Cali

[1] Trabajo presentado en el lanzamiento de “Alcarraza. Cuadernos de psicoanálisis de la NELcf- Cali” el 31 de Mayo de 2023.

[2] Trabajo presentado en la presentación de la película La primera sesión de Gerard Miller. NELcf- Cali el 21 de Junio de 2023

[3] Freud, S.,“Sobre la dinámica de la transferencia” (1912). Obras Completas de Sigmund Freud, Tomo XII, Amorrortu Ediciones, Buenos Aires, 2000.

[4] Ibid., p. 105

[5] Idem.

[6] Miller, J., La transferencia negativa. La posición del analista, Editorial Tres Haches, Buenos Aires, 1998, p.39

[7] Miller, J., Sutilezas Analíticas. Ed. Paidós, Buenos Aires, 2011, p.250

[8] Miller, J, El banquete de los analistas. Ed. Paidós, Buenos Aires, 2010, p.92

* Edna Elena Gomez es psicoanalista en México. Miembro de la Nueva Escuela Lacaniana del Campo Freudiano (NELcf) y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP)

[9] Comentario presentado en la inauguración del espacio de biblioteca “A propósito de la letra”. NELcf-Cali el 26 de Agosto de 2023.

[10] Steyerl, H,¨En caída libre. Un experimento mental sobre la perspectiva vertical”. Los condenados de la pantalla, 2018, https://ror.ooo/en-caida-libre/

[11] Ibid.

*Asociada de la NELcf-Cali

[12] Trabajo presentado en la “Presentación del libro El color del vacío” de Francisco Pisani”. NELcf- Cali 26 de Agosto de 2023.

*Asociada NELcf-Cali

[13] Galande, D, ¨Lazo social intoxicado¨, Revista Pharmakon. Ediciones Gramma, Buenos Aires, 2009

[14] Idem., p.52.

[15] Naparstek, F, “Nuevas prácticas de consumo .¿Nuevas terapéuticas?” Revista Glifos. Revista virtual de la ciudad de México #12, https://www.nelmexico.org/wp-content/uploads/2021/01/glifos-12.pdf

[16] Ibid.

[17] UNDOC. Informe Mundial sobre drogas 2021

[18] Antebi, D., “A propósito del Curso La Orientación Lacaniana de Jacques Alain Miller” sobre El Otro que no existe y sus comités de ética, s.f.