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La práctica analítica

La práctica analítica

En este apartado el lector podrá encontrar el trabajo presentado por María Cristina Giraldo, psicoanalista miembro de la NELcf y de la AMP, en cada uno de los Talleres de Casos Clínicos realizados en la NELcf-Cali en los años 2022 y 2023. Cabe aclarar que en cada uno de los encuentros no se trató de una pedagogía “que enseñe a construir un caso con un modelo universal para todos”, como bien lo afirma María Cristina “el caso clínico en su arquitectura tiene cuerdas que se anudan alrededor de un vacío, ese vacío es la pregunta que causa en el practicante la construcción del mismo”, quien intenta hacer legible la lógica del caso de aquel que escucha.

I Taller de casos clínicos [1]

María Cristina Giraldo *

Agradezco esta invitación al Directorio de la NELcf-Cali, a Carolina Hernández y a Nuris Martelo por la presentación de sus casos, y a ustedes por su presencia. Oscar Zack abrió esta coordenada con su conferencia sobre la construcción del caso en psicoanálisis, en la que señaló cómo el caso pone en acto nuestra orientación, podríamos decir, la demuestra.

El argumento a las II Jornadas de la NEL-Cali: Eso se goza, en febrero de 2020, antes de la pandemia y cuando ni siquiera se la veía venir, afirmaba con relación a la presencia del analista algo que sorprende, como sucede con el acto, que se verifica por sus consecuencias, es decir, en el aprés coup: “…ya no se trata tanto del analista que con su interpretación va a develar el sentido oculto de los síntomas que está reprimido, sino del analista que con su presencia y su acto va a acompañar al parlêtre en una tarea de maniobrar, al modo de un artesano, esos modos de goce sintomáticos, para armar con esas piezas sueltas otros arreglos más vivificantes para el sujeto”. Sobre este nuevo modo de la interpretación Miller señala: “Hay que poner el cuerpo para llevar la interpretación a la potencia del síntoma”.[2]

Lo retomo porque hemos puesto el cuerpo hoy aquí con relación al primer taller de casos clínicos, y esa interpretación que, como sucede en la práctica lacaniana, proviene del analizante, en nuestro caso, del sujeto de esta Sección de Escuela en posición analizante, pone en relación presencia del analista, acto analítico y potencia del síntoma. Por eso, el corte vuelve acto la enunciación del analizante, podemos ver algo de witz en ello: perturba la defensa de lo que uno se dice a sí mismo en análisis, transforma el dicho en decir y le confiere a este el estatuto de acto. Esta orientación separa la posición del analista del sentido gozado y la pone en el lugar del Ya-Nadie, lugar vaciado de sentido. Es una orientación que separa del estar comandados por la posición de goce fálico, sin distancia del Otro al cual se da consistencia con el fantasma, “…no podemos ser analistas mientras estemos instituidos por el fantasma fálico”[3], nos dice Miller en la clase 4 de su curso El Uno solo.

Durante mi periodo como AE, maniobré con algo en las Noches de Escuela de esta Sección, que hacía síntoma y que implicaba meter el cuerpo, “yo voy” -dije- y el Directorio de entonces supo hacer el par, como lo hace ahora. Podríamos afirmar entonces que la formación del analista en la orientación lacaniana entraña un ineludible punto de fuga, porque exige una mutación psíquica: la invención de formas de arreglo sinthomáticas con lo incurable, con el Uno de goce del analista, que hace marca en su estilo. El analista se autoriza a sí mismo en su propio análisis, no en su práctica y en este taller veremos cómo los casos presentan al analista, en tanto forma parte del inconsciente del analizante, que es lo que funda la transferencia.

Miller propone la paradoja fecunda de la Escuela como concepto, en tanto la misma está fundada “…en la no identidad del psicoanalista. Su carta de identidad se ha perdido. El concepto de Escuela de Lacan supone que no hay concepto del analista”[4]. El trabajo testimonial de los AE no constituye entonces la carta de identidad del devenido analista de su propio análisis, así como tampoco el título de Analista de Escuela. Si no hay carta de identidad, los testimonios tampoco la constituyen, por eso no hay una forma prestablecida de elaborarlos, en tanto apuntan al estilo singular del AE. Si nos preguntamos ¿Qué es un testimonio? desembocamos en un imposible, pero sabemos lo que no es.

En un taller de casos clínicos ponemos a trabajar las formas de arreglo singulares con lo real en juego en la clínica, orientación que apunta a los principios de la práctica y, por tanto, impide que del mismo se haga una suerte de pedagogía, pero lo que no sería posible realizar, es un taller sobre construcción de testimonios, si bien nos orientamos por ellos, como nos enseñó Oscar Zack, no sin preguntarnos ¿por qué?

Cuando hablamos de Escuela del pase no hacemos de ello un slogan a ser repetido, sino el cuarto redondel que anuda la clínica, la episteme y la política en la formación analítica en la orientación lacaniana. De un lado, porque el pase introduce la concepción original del analista en Lacan: es en el análisis donde se deviene analista y no en la práctica, por establecida que la misma esté, ni en los cargos, ni en las publicaciones. Es la subversión lacaniana: al analista no lo encontramos en las insignias de las tres p (posesiones, prestigio y poder). El giro magistral producido por Lacan es orientar con la clínica del fin de análisis la entrada en análisis y el hacer del testimonio de un AE la investigación de cómo devino analista de su experiencia de análisis, lo cual es hacer legible la lógica de su fin de análisis. En modo alguno es volverse analista de la propia cura, analista de sí mismo, a lo que Miller llamó “el narcisismo inflamado por una nominación gloriosa”[5]. En vez de hacer de tapón al agujero de no saber qué es un analista, que conduciría a ser el analista que le falta a los analistas, más bien se trata de situar cómo cada uno se hizo a lo más singular que es su sinthome, su forma de arreglo con el Uno de su goce, que por incomparable, agujerea la doxa epistémica que creemos tener. La nuestra es una política que orienta tanto a la Escuela, como a la práctica lacaniana y a la extensión del psicoanálisis.

Lacan se refiere a la experiencia de testimoniar, no por nada testimonio en latín se denomina testis, siempre se testimonia sobre los propios cojones. Es la elección forzada de dar pruebas, cada vez, de la investigación que es el trabajo testimonial sobre el analista que deviene, sin ser, de la propia experiencia de análisis y, mediado por la transferencia a la Escuela, es lo que hace transmisible la lógica de la cura en un testimonio y, de otra manera, en un caso clínico orientado por la pregunta del practicante sobre su posición analítica en la dirección de esa cura. A partir de las diferencias y de las relaciones entre testimonio y construcción de caso puedo abordar la siguiente pregunta: ¿Qué le enseña un testimonio a la construcción de un caso clínico?

Especialmente le enseña a hacer legible la lógica que orienta la experiencia analítica, la lógica singulariza y nos conduce a los matemas y estos escriben un texto que se vuelve transmisible al reducir la referencia (datos, biografía, novela familiar) a lo estrictamente necesario, es decir, a hacer de conectores entre trozos de real.

Podemos servirnos de una cita de Miller que, si bien está referida a las psicosis, nos sirve de orientación en la construcción de los casos: “…la psicosis está siempre en el texto, vale decir que no está, precisamente, en la referencia”[6]. La construcción de caso presenta el texto del paciente que es la lectura lógica, legible por el sujeto supuesto saber leer del analizante y su partenaire analista: del enjambre de S1, de su programa de goce, de su síntoma fundamental, de su fantasma si se trata de una neurosis o de los montajes fantasmáticos que encontramos en algunas psicosis, especialmente en las ordinarias y en algunas extraordinarias. De lo que vuelve al mismo lugar como fijación de goce, de la relación con el Otro y con el objeto, de los pasajes al acto, de los actings out, de los fenómenos elementales, de los tratamientos al goce invasivo, de las invenciones, del cuerpo sintomatizado, de lo sexual, de la neurosis infantil, de la lógica amorosa, de las declinaciones del objeto pulsional y de la demanda del sujeto.

Nos enseña a localizar en nuestros casos lo que hace de cada caso que sea único, su poder demostrativo, lo que permite elevarlo al paradigma, sin que se universalice, sino más bien en la perspectiva de lo memorable por singular, lo que cae de la clase, del tipo clínico, por tanto, incluye lo contingente, lo que nos causa sorpresa. Es el texto que hay que hacer legible en una conversación clínica.

En el trabajo testimonial del AE, se trata de escuchar lo singular del testimonio que es lo que lo hace incomparable y es por eso que nos enseña cuando el corpus teórico no explica en modo alguno eso que hace excepción del mismo. No se trata ni de la excepción narcisista, ni de la excepción psicótica, sino cuando las interlocuciones localizan aquello que escapa a la teoría y es justo en ese punto en que la enseñanza de los AEs puede agujerear y vivificar a la doctrina analítica.

Por su lado, en el caso clínico hay que apuntar a lo que cae del mismo, a lo que lo singulariza, si bien ese parlêtre no se ha hecho, como el AE, a lo más singular de sí, que son los arreglos del sinthome con el Uno del goce, cuando se afirma que el AE es el estilo[7] se alude a ello.

El diagnóstico es un punto de llegada y no un punto de partida, no se prioriza en ello la clase que niega la diferencia, sino los arreglos singulares de cada uno con lo real, como dice Laurent, “el lugar demostrativo del caso único”[8], que es un punto esencial en la enseñanza de un caso: la demostración. Y es en eso que Laurent retoma la demostración de la clínica del fin de análisis, en los testimonios del pase, lo dice claramente sin proponer hacer testimonios de un modo generalizado, sino para extraer de ahí la elucubración de saber sobre la lógica de la cura y el dar pruebas de ello. Éric Laurent, en este mismo artículo, nos dice que se trata de que los casos “puedan testimoniar al mismo tiempo la envoltura formal, lo que hay del tratamiento de un problema de goce real y la particularidad de una enunciación”[9].

La política de la enunciación sostiene el bien decir en psicoanálisis y este es el que orienta una conversación clínica: a diferencia del dicho o del enunciado, que aspira a la verdad fálica del fantasma, el decir o la enunciación no es tal sin efectos de real. Tiene que ver con los significantes amos que podamos aislar, con la manera como el sujeto trata su goce, bien sea fantasmaticamente, a través de sus defensas, o de invenciones que conviene situar cada vez.

Miller nos recuerda en la clase 3 de El Uno solo a Roland Barthes, quien distingue en la imagen fotográfica dos dimensiones, studium y punctum: el studium es la presentación y la armonía de la imagen, mientras un punctum es algo que viene a romper o a escandir el studium “a atravesarme como una flecha; es un azar que me marca, así como también me da un puñetazo. Ese punctum es, en cierto modo, un detalle que moviliza especialmente y que produce un contraste chocante en el studium estabilizado de la imagen”[10]. Digamos que en la construcción de un caso clínico, así como en un testimonio, el punctum es el efecto de real del mismo, lo que cae por singular. En un testimonio, lo que resuena en la Escuela sin que se entienda por la fuga de sentido que comporta, es que el pasante accedió a su experiencia singular con el Uno del goce que, justo por tratarse de lo real del goce, produce efectos en el cuerpo de quienes lo escuchan.

La verdad mentirosa del testimonio, si nos orientamos por lo real y en tanto que es así, sabemos que en vez de efectos de verdad sobre lo real del fantasma, situamos los efectos de real, donde la verdad solo puede ser mentirosa, corresponde al studium y conecta los trozos de real. Para decirlo con Bentham, esa es la utilidad que pueden tener las ficciones, en nuestro caso, sobre la versión del Otro en la novela familiar que siempre es fantasmático.

¿Qué diferencia el testimonio de un AE de un caso clínico?

Voy a concluir afinando la diferencia entre el testimonio de un AE y un caso clínico presentado por un practicante del psicoanálisis. De la relación entre ambos argumenté lo que considero esencial. Pasemos a las diferencias.

En el caso clínico el analista demuestra, si se orienta por la última enseñanza, cómo sigue a su analizante en diferentes tramos de su experiencia de análisis, si bien orientado por la clínica del fin de análisis, desde las entrevistas preliminares. Si seguimos a Lacan en El Seminario 24 “aquel que sabe, en el análisis, es el analizante”[11], se orienta por ello el practicante que consiente a la “ruptura con su anclaje en la suposición”[12].

En la clínica del fin de análisis, la travesía del fantasma permite descubrir que el Otro al que se le dio consistencia con la posición de goce fantasmática no existe, por eso el Otro de la demanda cae y con el mismo la suposición de saber al analista, pero esa de-suposición de saber es el costo que el practicante debe pagar cada vez y no solo al final para que en la experiencia el saber leer se transfiera al analizante y la transferencia pueda hacerse legible y, por tanto, operar en el dispositivo analítico. La transferencia, si nos orientamos en que Hay Uno y no hay Otro, pasa del Sujeto Supuesto de Saber (SsS), al Sujeto saber Leer y el Supuesto saber cómo operar del analizante y es allí donde el analista pasa del SsS para estar, como bellamente dice Laurent, “en el lugar de aquel que sigue[13].

Así que la condición para que el analizante pueda llegar a hacer una lectura lógica de su experiencia de análisis es la de-suposición de ese saber que, por amor y para ser amado, le supone al analista; y esa condición no es sin el deseo del analista que se compromete con la transferencia y paga así con su persona como deshecho de la operación analítica.

II Taller de casos clínicos[14]

María Cristina Giraldo *

El caso clínico en su arquitectura tiene cuerdas que se anudan alrededor de un vacío, ese vacío es la pregunta que causa en el practicante la construcción del mismo. Por tanto, es un vacío activo que conduce a hacer legible la lógica del caso clínico que hace hilo en su construcción en eso singular de cada ser hablante. No se trata, por tanto, de una suerte de pedagogía en un taller que enseñe a construir un caso con un modelo universal para todos.

Caso designa en latín casus, lo que cae, la sorpresa, la contingencia, lo que irrumpe, el acontecimiento imprevisto, es el punto en el que la demanda puede llegar a formularse a partir del trauma y constituye una urgencia subjetiva. En lo que decide a consultar: el encuentro con el traumatismo, un trozo de real sin sentido que irrumpe fuera de programa y produce una discontinuidad en el funcionamiento. Las coordenadas que le daban consistencia a la vida se rompen y quien consulta bordea un vacío angustioso. Apunta a que el hilo sea lo más singular, se trata de Un caso.

Como en los dos casos[15] que nos van a servir cada uno para enseñarnos cuál fue el vacío de saber activo, en el caso de Carolina Koretzky y en el de Cecilia Rubinetti en torno al cual  armó cada una su construcción ¿qué nos enseñó su práctica y qué preguntas nos dejan abiertas para seguir investigando? Tanto en Mateo como en María hay una referencia a lo traumático, si bien de manera distinta. Miller nos remite a un principio: “se produce un traumatismo cuando un hecho entra en oposición con un dicho, con un dicho esencial de la vida del paciente, cuando hay una contradicción entre el hecho y lo dicho”[16]. Fíjense que no se trata de algo que sucede en la realidad y que es traumático para todos, por ello hay una relación en la orientación lacaniana entre trauma y malentendido. En el caso de Carolina la madre que lo quiere perfecto o muerto, en el caso de Cecilia ser la única que no.

Veremos en ambos casos, el estatuto que tiene el diagnóstico que no es un punto de partida con el cual taponamos el vacío central y forzamos el caso en la clasificación y en los universales. Se tiene en cuenta, especialmente en el caso de Mateo, donde se advierten signos discretos de una psicosis ordinaria, para tener maniobras calculadas con él que no precipiten un desencadenamiento. En ambos casos se priorizan los arreglos singulares de cada ser hablante con lo real que es, como dice Laurent, “el lugar demostrativo del caso único”[17].

Por qué tomar dos casos de la práctica de dos analistas de la AMP, porque el psicoanálisis en intención tiene una relación moebiana con el psicoanálisis aplicado o en extensión, que le es éxtimo, si bien son dos caras diferentes de la misma banda, lo cual implica diferencias y relaciones. Lo que está en juego es la política, tanto en la práctica, como del psicoanálisis como síntoma social: el psicoanálisis aplicado o en extensión, no está al margen del psicoanálisis puro o en intensión, sino que, como nos enseña Miller en Un esfuerzo de poesía, se tornó su inquietud central: “Hace mucho tiempo que ese exterior devino interior, e incluso puede decirse que devino éxtimo al psicoanálisis”[18]. El psicoanálisis en intensión orienta al psicoanálisis en extensión, es lo que le da la condición de éxtimo y al practicante en la orientación lacaniana la posición de extimidad, bien sea que se forme como analista en la Escuela, o que se forme en psicoanálisis en este segundo taller de casos clínicos o en el Ciclo de Estudios sobre Psicoanálisis (CEP). Es por esa misma razón que nos orientamos en los temas de investigación que nos proponen los Congresos de la AMP, las Jornadas de la NELcf, el ENAPOL que se realiza cada dos años en el que la FAPOL -Federación Americana de Psicoanálisis de la Orientación Lacaniana- reúne a las tres Escuelas en América (la NELcf, la EBP y la EOL) cuya XI versión Empezar a analizarse se realizará en Buenos Aires el 29, 30 de septiembre y 1 de octubre de este año (2023).

Miller nos dice en la Conferencia de introducción al próximo Congreso de la AMP en Paris en febrero del año próximo que toma un aforismo de Lacan como vacío activo de investigación -Todo el mundo es loco, es decir, delirante- lo que nos pone a diferenciar de entrada locura de psicosis, que es el Caso de Cecilia: “La práctica del psicoanálisis no se enseña, a lo sumo se supervisa dado el caso, cada vez, de un caso singular, el cual no se deja llevar al universal, sino que se puede elevar -cuando éste se presta a ello- a la dignidad de un paradigma”[19]. Nos enseña a localizar en nuestros casos lo que hace que cada caso sea único, su poder demostrativo del caso único como dice Éric Laurent, lo que permite elevarlo al paradigma, sin que se universalice, sino más bien en la perspectiva de lo memorable por singular, lo que cae de la clase, del tipo clínico, por tanto, incluye lo contingente, lo que nos causa sorpresa. Es la lógica que propongo hacer legible en la conversación clínica que vamos a tener.

Es con esta orientación que no voy a desplegar un corpus teórico que sirva de lecho de Procusto para hacer un forzamiento de los dos casos que vamos a trabajar a modo de ilustración que sería una apuesta por el sentido que vela el vacío de saber con un S2. La enseñanza que dejan los casos clínicos que vamos a estudiar me implicaron constatar cada vez que el saber es solo supuesto, posición que implica consentir a volver acto la de-suposición de saber ¿no es esa posición la que agujerea la formación analítica al causar el consentimiento a la clínica?

Con relación a la construcción del caso lacaniano y, como diría Laurent, de su poética, me oriento por una propuesta de Guy Briole al respecto: “Desde mi punto de vista, el caso no verifica la teoría, sino que, por el contrario, nos la enseña. Es en ese sentido que estamos en posición de aprender del caso”[20]. Esta perspectiva es muy importante en tanto implica consentir al agujero en el saber que el caso bordea y muestra el carácter de ficción que hace consistir la propia doxa, si se puede decir así. En oposición a ello, orientarnos por aquello que cae del caso en la práctica, por singular e incomparable, es orientarse por el síntoma. Si el caso nos enseña es porque logramos elevarlo al paradigma, al situar eso inigualable del ser hablante que el corpus teórico no le explica al practicante y que agujerea una conversación clínica en la perspectiva de situar problemas y abrir a preguntas de investigación. Esta propuesta se orienta en Miller: hacer pasar lo imposible de enseñar a lo necesario.

Hay que contar con que al comienzo, como nos orienta Lacan, está la transferencia y no la demanda de análisis, en el caso del XI ENAPOL Empezar a analizarse, la transferencia a la Orientación lacaniana, si bien el deseo decidido es uno de los nombres de la demanda en una experiencia a la cual aspira quien consulta. Es el consultante quien demanda y el analista acepta introducirlo a la experiencia de análisis, por ello Empezar a analizarse no es, en modo alguno, una invitación a analizarse, lo cual invertiría la demanda. Es lo que hicieron en el Directorio de la NELcf-Cali cuando les pidieron el porqué de su solicitud de inscripción a este taller, no alentaron a nadie cuyo deseo no estuviera decidido lo cual resonó en mi la cita de Lacan en Televisión: “El psicoanálisis le permitirá esperar seguramente que el inconsciente del cual usted es sujeto pueda ser traído a la luz. Pero todo el mundo sabe que no aliento a nadie a ello, a nadie cuyo deseo no esté decidido”[21].

La vertiente del XI ENAPOL contario a invertir la demanda, nos causa a discutir sobre lo que se pone en juego en una entrada en análisis, tal y como hacemos con la discusión sobre el final. Lo decimos en plural, preservando así la singularidad y diferenciándolo de cualquier protocolo estándar, por eso son inicios y finales de análisis.

La discusión sobre la entrada en análisis es entonces una de las cuestiones que singulariza a la práctica de orientación lacaniana. La misma es inexistente en la psicoterapia, así como en el protocolo de entrevistas de evaluación de la IPA, en las cuales el vacío que causa la pregunta esencial de quien consulta está taponado por el protocolo de una práctica igualitarista “para todos”. A diferencia de ello, la discusión sobre la entrada le permitiría al practicante, cuando se somete a la experiencia analítica, llegar a encontrar una forma de anudamiento siempre singular de la episteme, la política y la práctica, que se pone en acto con su estilo sinthomático. Es por ello que la práctica del psicoanálisis no se enseña, como nos orienta Miller, porque lo imposible, que es lo real que la orienta, no encaja en los universales.

En el modelo de la IPA se inicia el análisis después de una evaluación que consta de 5 entrevistas y de una devolución al paciente de lo evaluado. Este protocolo le da al analista la posición de amo del saber sobre las condiciones del yo propicias o no para el análisis. Es el nombre de un imposible en la orientación por lo real que, desde la entrada, se dirige a lo más singular de cada ser hablante: el Uno de su goce o, si lo prefieren, su modo de gozar.

El psicoanálisis en intención o puro nombra la formación del analista en las Escuelas de quienes así lo hemos elegido e implica la condición ética de la experiencia de análisis del analista en formación y el control permanente de su práctica. El ENAPOL, que llegó a su XI versión, está abierto a todo el que se encuentre causado por la orientación lacaniana, así no decida formarse como analista, pero si en psicoanálisis, lo cual es distinto. En el ENAPOL se trabaja en torno a un tema clínico, político y epistémico de relevancia para la Orientación Lacaniana, será la oportunidad de poner en acto de qué manera Empezar a analizarse reúne estas tres dimensiones.


* María Cristina Giraldo es psicoanalista en Medellín, Colombia. AME.Miembro de la Nueva Escuela Lacaniana del Campo Freudiano (NELcf) y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP).

[1] Trabajo presentado en el I Taller de Casos Clínicos. NELcf sección Cali, 10 de Septiembre de 2022.

[2] Miller, J.A., “Conferencia de Jacques-Alain Miller en Comandatuba”. IV Congreso de la AMP, Comandatuba – Bahia, Brasil, 2004. https://2012.congresoamp.com/es/template.php?file=Textos/Conferencia-de-Jacques-Alain-Miller-en-Comandatuba.html

[3] Miller, J.A., El Uno solo. Curso de la Orientación Lacaniana, Clase 4, miércoles 9 de febrero de 2011, inédito.

[4] Miller, J.A., El concepto de Escuela. Publicado en Cuadernillos del Pasador, Buenos Aires, 1993.

[5] Miller, J.A., Cómo terminan los análisis, Paradojas del Pase, Navarin/Grama, Buenos Aires, 2022, p. 17.

[6] Miller, J.A., “La psicosis en el texto de Lacan”, La psicosis en el texto, Manantial, Buenos Aires, 1990, p. 117.

[7] Expresión de Mauricio Tarrab.

[8] Laurent, E., “La poética del caso lacaniano”, Incidencias memorables en la cura analítica, EOL/Paidós, Buenos Aires, 2002, p. 39.

[9] Ibid., p.49.

[10] Miller, J.A., El Uno solo. Curso de La Orientación Lacaniana, Clase 3, miércoles 2 de febrero de 2011, inédito.

[11] Lacan, J., El Seminario, libro 24, L’une-bévue…,clase del 10 de mayo de 1977, inédito.

[12] Laurent, E., “Tratamiento psicoanalítico de la psicosis e igualdad de las consistencias”, La conversación clínica, UFORCA, Grama, Buenos Aires, 2020, p. 43.

[13] Idem.

[14] Trabajo presentado en el II Taller de Casos Clínicos. NELcf sección Cali, 17 de junio de 2023.

[15] María Cristina hace referencia a los casos propuestos para el taller: Koretzky, C., “El historiador del detalle”, La Conversación Clínica. UFORCA por la Universidad Popular Jacques-Lacan, Buenos Aires, Gramma, pp. 125-137. Y Rubinetti, C., “Hacerse la loca”, Revista Lacaniana de Psicoanálisis No. 14.

[16] Miller, J. A., “La conversación”, Efectos terapéuticos rápidos. Conversaciones clínicas con Jacques-Alain Miller en Barcelona, Paidós, Buenos Aires, 2005, p. 81.

[17] Laurent, E., “La poética del caso lacaniano”, Incidencias memorables en la cura analítica, EOL/Paidós, Buenos Aires, 2002, p. 39.

[18] Miller, J.A., Un esfuerzo de poesía, Paidós, Buenos Aires, 2016, p. 15.

[19] Miller, J.A., “Todo el mundo es loco”, Conferencia de introducción al XIV Congreso de la AMP, París, abril 3 de 2022, inédito.

Fuente: https://psicoanalisislacaniano.com/2022/04/03/jam-todo-el-mundo-es-loco-20220403/

[20] Briole, G., “Conversación Clínica del Instituto del Campo Freudiano de España. Red de formación continuada en clínica psicoanalítica”, Casos que enseñan. Barcelona, febrero 21 y 22 de 2009.

Disponible en https://www.redicf.net/textos/3p_barna0209.pdf

[21] Lacan. J., “Televisión” (1973), Otros escritos, Buenos Aires, Paidós, 2012, p. 569.