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Recorridos

Recorridos

“¿Cómo opera el psicoanálisis?” fue el título del Ciclo de Estudios en Psicoanálisis organizado por la NELcf-Cali en el primer semestre del año 2023, dictado por los integrantes de la sección y contando con la invitación de colegas de la NELcf. El título tiene resonancia con las XIII Jornadas de la NELcf , “Cortes e interpretaciones”, llevadas a cabo los días 3, 4, 5 de Noviembre de 2023 en Lima, Perú. La pregunta ¿cómo opera el psicoanálisis? lleva a pensar tanto en la operación del analista como la operatividad del psicoanálisis en la época actual. Los artículos aquí recopilados corresponde a algunas clases dictadas en este ciclo de estudio, recórdándonos que en la operación del analista se pone en juego aquello que Lacan, en “Direccción de la cura”, nombra como táctica, estrategia, política. La táctica es la interpretación; la estrategia es la transferencia y la política el deseo del analista. Parafraseando a Lacan, y recorriendo los articulos aquí consignados, podríamos decir que en la operación del analista se encuentra las interpretaciones, en plural, el corte y la transferencia; en cuyo núcleo se encuentra el deseo del analista. Los invitamos entonces a leer, trabajar y re-correr este apartado que, sin duda, será operativo en el quehacer de la práctica analítica.

La interpretación[1]

Jaime Castro*

¿Cómo deshacer con la palabra aquello que se ha formado con la palabra?  Es una pregunta absolutamente lacaniana[2].

Un primer punto a señalar es que la interpretación del analista es segunda respecto a la interpretación primera que es intrínseca al inconsciente.  Llevando las cosas más al extremo podemos decir que el lenguaje al que el sujeto se sujeta es una interpretación de las marcas de goce que quedan en el cuerpo como agujero –troumatisme– del choque del significante que viene del Otro. Es lo que llamamos lalengua, significantes solos, S1.  La estructura del lenguaje que podemos escribir de forma paradigmática como S1-S2 es  una interpretación de esos S1.  Miller lo señala tajantemente:

Hacer resonar, hacer alusión, sobreentender, hacer silencio, hacer de oráculo, citar, hacer enigma, mediodecir, revelar -¿pero quién hace eso? ¿Quién hace eso mejor que nosotros? ¿Quién maneja esa retórica como si fuera de nacimiento, mientras que ustedes se rompen el espinazo para aprender sus rudimentos? ¿Quién sino el inconsciente mismo?[3] 

Otro aspecto que señala Miller en el mismo texto, “La interpretación al revés”, es que el inconsciente quiere ser interpretado, llama al desciframiento, el cual a su vez es un nuevo ciframiento, movimiento que se detiene en una satisfacción. El ciframiento mismo es un goce, el goce del ciframiento, el goce del sentido.

Decir que hay un goce en el ciframiento, es decir que hay un goce en el sentido, lo cual se vuelve problemático para pensar cómo desde el lenguaje se puede incidir en esa máquina de goce.  Miller señala que el significante está hecho para captar el efecto de significado y le resulta difícil dar cuenta del producto de goce. Es por eso que apunta que a partir de esto la interpretación “no será nunca más lo que era”.[4]

Entonces si interpretamos a la manera del inconsciente, y el inconsciente está estructurado como un lenguaje S1-S2, seguiremos la vía de la proliferación de sentido, y de sentido gozado. ¿Cómo cortar esa proliferación de sentido gozado? Pero, si lo que queremos es incidir en el goce del sujeto, el cual se encubre con su fantasma, no podríamos seguir tomando esa vía, por ahí no se da “un verdadero despertar para el sujeto”.

¿Cómo operar entonces?  Aquí es donde surge la cuestión del reverso de la interpretación. Si el significante por naturaleza llama a otro significante para ser interpretado, la interpretación al revés implica no agregar ese otro significante S2. Cito a Miller “Es reconducir al sujeto a los significantes propiamente elementales….” En otras palabras, reconducir al sujeto al significante unario S1. Lo dice así: “El reverso de la interpretación consiste en cernir al significante como fenómeno elemental del sujeto,  y como anterior a que se haya articulado en la formación del inconsciente que le da sentido de delirio”. Volveremos a esta cuestión más adelante con un texto de Leonardo Gorostiza titulado  “El principio de lo ininterpretable”; pero, podemos leer aquí lo que nos enseñan las psicosis en donde el fenómeno elemental se presenta como un significante solo que deja perplejo al sujeto y ante el cual aparece otro significante, S2, como saber delirante. Miller precisa: “Es la vía de cualquier interpretación: la interpretación tiene estructura de delirio”. [5] 

Miller llama postinterpretación a esta forma de interpretar que reduce el sentido S2, e indica que ella revela la “opacidad irreductible en la relación del sujeto con lalengua”. En otras palabras, no todo se puede interpretar, no todo se puede decir, allí hay un incurable.  Y agrega, “y es por eso que la interpretación -esa postinterpretación- no es ya, hablando exactamente, puntuación.  La puntuación pertenece al sistema de la significación, es siempre semántica, efectúa siempre un punto de capitonado. Es por eso que la práctica postinterpretativa (….) se sitúa no con la puntuación sino con el corte”.[6]  Entendamos aquí corte entre el sentido, S2, y el significante solo, S1.  Los efectos en la práctica son contundentes: “O bien la sesión es una unidad semántica, en la que S2 viene a hacer de puntuación a la elaboración (…) O bien la sesión analítica es una unidad a-semántica que reconduce al sujeto a la opacidad de su goce.  Ello supone que antes de ser cerrada en bucle sea cortada”.[7]  Este es justamente el tema de las próximas Jornadas de la Nueva Escuela Lacaniana del Campo Freudiano, Cortes e interpretaciones, a efectuarse en Lima este año. Entonces, una conclusión crucial hasta el momento es que la interpretación analítica, hoy, opera al revés del inconsciente.

Hay varios textos que podrían ser muy útiles para estudiar la interpretación hoy. Les hice llegar uno de Leonardo Gorostiza, “El principio de lo ininterpretable”.[8]  De entrada hay que subrayar que respecto de la interpretación se trata de principios, no de técnicas ni procedimientos estándares. También subrayamos que si hay un ininterpretable es debido a que hay un imposible de ser interpretado, de ser descifrado, un imposible de saber. Entonces vamos a ver cómo la interpretación y el corte tienen en su base un imposible de interpretar.

En el texto de Gorostiza se reconstruyen algunos momentos clave en la enseñanza de Lacan acerca de los poderes de la palabra y de sus límites. De entrada nos propone una orientación que implica un movimiento en Lacan de los efectos de sentido del lenguaje hacia lo real como opaco al sentido, como imposible de decir.

Retomemos una viñeta de mi práctica:

En una sesión, una analizante permanece en absoluto silencio a pesar de los intentos del analista para que hable. Transcurrido un buen tiempo el analista decide cortar la sesión, se levanta de la silla y dice “dejamos allí por hoy”. En la puerta le extiende la mano para recibir el dinero, ante lo cual la paciente pregunta “¿Y hoy que no dije nada también tengo que pagar?”.  El analista amable y firmemente con la mano extendida le dice “yo no la voy a obligar a hablar”. Ella paga la sesión. El analista por un lado se descoloca del lugar del Otro malo que la obliga, que goza del sujeto, y por otra parte le hace saber, con su acto, que la voz es a-fona, que el silencio es una forma del decir. No le agrega sentido, apunta a lo real en juego en el silencio y le devuelve así la responsabilidad al sujeto. 

Gorostiza revisa los límites y alcances de la palabra y el lenguaje. En términos de Eric Laurent “Es necesario no reducir este lenguaje a la concepción mecánica que puede tener la lingüística. Es menester agregar la topología de la poética. La función poética revela que el lenguaje no es información sino resonancia y a su vez, realza la materia que liga el sonido y el sentido. Ésta devela lo que Lacan nombró como moterialismo[9], que en su centro encierra un vacío”. [10]

El acento puesto en lo real como opaco al sentido implica que en el inconsciente hay algo imposible de ser interpretado. Es lo que Freud nombró como Urverdrängt, la represión primordial.

Con esta base destaquemos algunos puntos del desarrollo de Gorostiza

  1. La resonancia semántica

En este punto se destaca una concepción del lenguaje  distinta al esquema unidireccional de la comunicación: Emisor – mensaje – receptor.  Esto lleva a Lacan a plantear que la significación se constituye a partir de la posición del oyente en un movimiento retroactivo. Un ejemplo de esto es el chiste. Es el Otro que escucha el chiste quien sanciona si hay o no chiste.  Por eso el chiste y los dichos populares están en estrecha relación con el contexto, con el Otro. Para Lacan el emisor recibe del receptor su propio mensaje en forma invertida.[11]

Hay 3 niveles  en esta perspectiva de la palabra:  los dichos (lo que se dice), el decir (lo que no se dice) y el reconocimiento de su ser por vía de una identificación que el sujeto busca obtener del Otro.

Los riesgos de esta perspectiva son la sugestión y la hipnosis donde se agregan sentidos. Por el contrario, señala Gorostiza, Lacan radicalizó que el análisis operará per via di levare, como en la escultura que se va esculpiendo la piedra para encontrar en el núcleo la obra.

Esta radicalización en Lacan, nos explica Gorostiza, es a través de la función poética del lenguaje. Es decir en el poder de evocación de otros sentidos y significaciones de la palabra. Se trata de las resonancias semánticas y metafóricas del lenguaje.

Una cosa es una interpretación que le dice al paciente que lo que quiso decir es tal o cual cosa, que le traduce, le explica o le informa.  Otra perspectiva, es apuntar a hacer escuchar lo que no se dice en aquello que se dice por vía de la resonancia de la palabra.

Para explicar la resonancia, Gorostiza retoma al poeta hindú René Daumal,[12] quien estudia la poética hindú y los poderes de la palabra para producir sentido, uno de los cuales es lo que llama dhvani, la resonancia. Además del sentido literal y del sentido figurado o metafórico, está el sentido sugerido que Daumal llama “más allá del sentido”.

Gorostiza señala que el analista debería moverse especialmente en esa dimensión del sentido sugerido, es decir, operar de lado, à coté, no de frente, de manera indirecta.

Hay que tener en cuenta que esta perspectiva aún se mueve en el momento de la enseñanza donde Lacan le da prevalencia a lo simbólico, todavía no está el desarrollo de la relación de la palabra con el cuerpo.  Por ello Gorostiza se pregunta: “¿qué es lo que con el poder de la palabra puede hacerse resonar?”  A lo cual responde que “la palabra puede hacer resonar es, precisamente, ese sentido sugerido. Dicho de otro modo, puede hacer resonar lo que no se dice pero limitando su alcance de resonancia al sentido”.

Más adelante Gorostiza se pregunta “¿cuál es entonces la resonancia que, por medio de la palabra, es capaz de acoger lo que de la pulsión hace de límite al sentido?  A lo cual responde que esta pregunta es una guía en el trabajo de Lacan que lo lleva al  pasaje de un Otro consistente a un Otro aquejado de una falta, a otro inconsistente.

La resonancia a-semántica

En este apartado Gorostiza retoma de Lacan, en “La dirección de la cura y los principios de su poder”, que hay una incompatibilidad entre el deseo y la palabra. Se pregunta “cómo alcanzar con los poderes de la palabra” ese deseo inconsciente. Responde que es a través de la alusión, propiedad que es propia de la metonimia para indicar algo del objeto causa de deseo.  La interpretación, en este momento, se sitúa no a nivel del significado,  sino de otro significante en un desplazamiento metonímico. Lo cito: “situarla a nivel de un significante enigmático a partir del cual el analizante deberá hacer él mismo el trabajo de descifrado”

Es una perspectiva que gira en torno a la represión primaria que recordemos indica que no todo puede decirse, que hay algo imposible de decir. Es el “nudo de lo ininterpretable”[13] que Gorostiza retoma en su título.  Retomo, entonces su pregunta “¿cuál es el tipo de interpretación congruente con dicho principio?”

En lo que vamos, la interpretación del analista apunta en su decir a eso que no se puede decir de dos maneras: 

Primero, una interpretación metafórica que se dirige al significante último supuesto que no puede ser dicho, al S1, desligado de la cadena significante S2.

Segundo, una interpretación metonímica que “apunta ya no al significante último y separado de la cadena sino que surge de ubicar a lo no-dicho no como significante sino como objeto a en tanto plus-de-gozar”. Se trata de una interpretación alusiva. 

Esta elaboración de Lacan se ubica, según Gorostiza a la altura del Seminario 11 sobre Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis.  Implica el acento en lo real. Lo ha hecho desde antes en el Seminario 10 sobre La angustia. En el Seminario 11, Lacan trabaja la pulsión como uno de los conceptos fundamentales del psicoanálisis, y aborda las operaciones de causación del sujeto, alienación y separación, a partir de las cuales se puede ubicar que la relación del sujeto con el Otro implica siempre un punto de discordancia. 

Gorostiza plantea que en este momento la resonancia ya no es semántica, como en los años 50’s, sino a-semántica, y cita a Lacan cuando dice ahora «El objetivo de la interpretación no es tanto el sentido, sino la reducción de los significantes a su sin-sentido para así encontrar los determinantes de toda la conducta del sujeto».[14]

Tenemos entonces el campo del Otro que es el campo del sentido, y de otro lado, el campo del sin-sentido donde ubicamos la satisfacción pulsional que está en el núcleo del síntoma ligada a la relación del sujeto con el S1 solo y con el objeto a.

El S1 solo es asemántico, es el significante enigmático del troumatisme, es el núcleo del síntoma y genera su repetición. Como podemos ver, no es el síntoma freudiano del sentido reprimido que llama a un Otro para recuperar ese sentido, sino un síntoma que se goza a sí mismo.

Con relación al inconsciente vemos este movimiento de Lacan que va de un inconsciente simbólico y transferencial, ligado al síntoma simbólico, a un inconsciente real, a-semántico, que no hace lazo, es un inconsciente corte.

Gorostiza subraya que a esta altura, la interpretación apunta al corte entre S1 y S2 para obtener el aislamiento de un significante.

Más adelante, retoma, a partir de una referencia al Seminario 23, El sinthome,  que la noción de resonancia persiste en Lacan de una forma renovada, colocando el acento en el cuerpo. La cita que Leonardo trae de Lacan dice: «… las pulsiones son el eco en el cuerpo del hecho de que hay un decir; (y) para que resuene (…) es preciso que el cuerpo sea sensible a ello».[15] 

  1. La vía de la perplejidad

¿Qué fenómenos de las psicosis nos enseñan sobre la interpretación?

En este apartado encontramos lo que las psicosis enseñan de la relación primaria, “nativa”, del parlêtre, con el significante. Las psicosis nos muestran este momento de lalengua, anterior a la entrada del sujeto en el lenguaje. Es el terreno del sin-sentido, de los significantes solos que no hacen cadena. Es lo real como imposible de hacer sentido entre un S1 y un S2.

Los fenómenos elementales le hacen signo al sujeto psicótico de tal manera que lo dejan perplejo. Tenemos entonces un S1, sin sentido, que deja al sujeto perplejo, y luego  un sentido delirante, S2 que se agrega al anterior.

A partir de esto tenemos dos modos de interpretación, aquella que aporta un sentido al S1 del sujeto, y aquella que se abstiene de introducir más sentido cortando la cadena para aislar el S1 solo.  Gorostiza señala que es lo que Miller llama la vía de la perplejidad.[16]  Es lo que permite pasar de la “amplificación semántica a la reducción significante” para limitar la sed de sentido del sujeto.

Cito a Gorostiza:

“Entiendo que lo que está entonces en debate, al plantearnos si hacemos de la sesión analítica una unidad semántica o a-semántica es una distinta relación con la falta estructural que llamamos represión primordial (Urverdrängung). A mi entender de ello habla Lacan cuando dice que se trata de «… una falta que debe volverse a encontrar en todos los niveles, inscribirse aquí como indeterminación, allí como certeza, y formar el nudo de lo ininterpretable».[17]

Agrego una preciosa caracterización de la experiencia psicoanalítica “como un paréntesis de sentido en el cual pueda abrirse para el sujeto contemporáneo la posibilidad – si así lo quiere y puede – de acceder a esos significantes sin-sentido que marcaron su existencia y develar cuál es su forma singular de gozar – no regida por el mercado -, para hacerse responsable de ello”.

Voy a retomar en este momento una entrevista de Gérard Miller a  Suzanne Hommel, una analizante de Lacan. La encuentran en la película “Rendez-vous chez Lacan” (2011) “Una cita con Lacan”.[18] Allí se puede ver a una analizante que nos cuenta de una sesión con Lacan en la que le narra un hecho traumático que se repite en sus sueños ligado a su experiencia en los campos de concentración de la Gestapo. La intervención del analista con su presencia -esto no se puede hacer online– es que se levanta de la silla y le hace un gesto en la piel de la cara, en francés geste – à – peu. Es un acto del analista, en el marco de la transferencia analítica, que equivoca el goce traumático fijado en el cuerpo, y que la analizante consiente. Un acto que en su homofonía hace una torsión entre gestapo y gest- à – peu, desanudando el sufrimiento que padecía esta mujer.  El analista en esa sesión no agrega sentido al síntoma de la analizante, se dirige al equívoco de lalengua para disolver el goce mortífero cifrado en el cuerpo del sujeto en ese significante S1 Gestapo. Se puede ver que es una intervención que apunta a la materialidad del significante, a la letra, a lo escrito en el cuerpo y a las resonancias a-semánticas del significante solo y que en esa medida introduce un límite al goce mortífero.

Interpretar con Freud[19]

Gloria Irina Castañeda*

En el diccionario de la real academia española la palabra interpretar se encuentra como acción y efecto de interpretar. Interpretación auténtica. Este verbo se refiere a explicar o declarar el sentido de algo, traducir de una. También, se asocia ambiguamente con lo sagrado o profano, puesto que en todos los tiempos y épocas de la humanidad, y en la mayoría de las áreas culturales, se ha interpretado los signos, los oráculos, los escritos y el evangelio; no obstante, en todos los casos, la interpretación oscila en la ambigüedad, en la polisemia del elemento manifiesto que trata de un mensaje que se desliza en un escenario capaz de emular lo natural, o cuyo trasfondo se esconde en frases impostoras o redundantes, o, porqué no, en la riqueza de contenidos que desbordan los sentidos

En alemán Deutung, interpretar, supone la existencia de un sentido que hay que  reencontrar y no crear. Si tomamos como referencia la “Interpretación de los sueños”[20], para Freud interpretar es ir de un texto manifiesto al texto latente que lo fundamenta, es recorrer en sentido inverso las vías que han culminado en la producción del fenómeno. El presentimiento opaco del sentido, la intuición son precursores de ese trabajo de desciframiento. En esta vertiente de la interpretación, que opera por la vía del desciframiento, se ve cumplida su eficacia en el objetivo de hacer consciente lo inconsciente

En este sentido, para Freud, su procedimiento no es tan fácil comparado con el método popular del descifrado que traduce el contenido dado del sueño de acuerdo con una clave establecida; todo lo contrario, se orienta a personas que en contextos diferentes el mismo contenido onírico puede encubrir también un contenido distinto.[21] 

Así pues, la originalidad de la interpretación freudiana merece en efecto, ser recordada, destacada, y eximida de esfuerzos teóricos para circunscribirla al marco general de una hermenéutica, todo lo contrario debe utilizarse dentro del dispositivo analítico. Cito a Freud:

Nadie puede practicar la interpretación de sueños como actividad aislada; ella es siempre una pieza del trabajo analítico. De nada valdría que alguien se pusiese a interpretar sueños fuera del análisis. No podría evitar las condiciones de la situación analítica; y aun si elaborase sus propios sueños estaría emprendiendo un autoanálisis. Pero semejante interpretación de sueños sin miramiento por las asociaciones del soñante no pasa de ser, aun en el caso más favorable, una muestra de virtuosismo acientífico de muy dudoso valor. [22]

Ello por supuesto, nos conduce a otros interrogantes: ¿Es posible establecer una regla para el buen uso de la interpretación?, ¿cómo orientarse entonces? ¿Cómo encontrar la brújula?:

Para elaborar este interrogante tomo como punto de referencia “La interpretación de los sueños”, donde el uso de la interpretación es hacer legible un texto enigmático. Freud, nos da otras pistas al responder al interlocutor imaginario con quien dialoga, y quien homologa confesión y psicoanálisis. Lo cito:

En la confesión, dice el pecador lo que sabe, en el análisis, ha de decir algo más, este decir algo de más, Freud nos lo muestra como ese plus de decir, causado por la escucha y la presencia del analista que se produce en el despliegue del discurso, nos ubica entonces, en el plano de la pareja: enunciado-enunciación que nos permite situar al sujeto de la enunciación que se presentifica a partir de los enunciados.[23]

Ahora bien, trátese de un sueño, un lapsus, un olvido, el síntoma, es decir,  las formaciones del inconsciente, para Freud todas estas se manifiestan bajo la forma de un  tropiezo, que orientará  la búsqueda, será la brújula, esto es, la búsqueda de lo inconsciente como verdad a revelar, donde algo distinto puede realizarse, donde las ideas inconscientes o reprimidas deberán ser reveladas vía la interpretación y donde ésta encontrará su eficacia y su tope en el desciframiento, cuya causa última se articulará a los deseos sexuales infantiles reprimidos. Se trata entonces, de aprehender lo que no puede ser dicho, de la reemergencia de significantes reprimidos para acordonar la determinación inconsciente de las repeticiones del sujeto.

A partir de estas coordenadas es atribuible a Freud una pasión por la búsqueda de la verdad del sujeto, que en tanto articulada a la castración y al goce implica un apartamiento de la concordancia entre verdad y realidad.  Su no querer buscar el evento de seducción en las historias de vida que contaban las histéricas, hizo que Freud rompiera con lo empírico, sino que instituyó la verdad a una dimensión subjetiva, es decir fantasmática.  En esta vertiente el punto de amarre o de nudo, si quiere llamarse así, lo constituye un Otro incrustado en lo simbólico propulsado por una voluntad de decir. 

En este orden de ideas, las formaciones del inconsciente tienen la posibilidad de ser develadas para encontrar en su esencia, en su centro, una verdad inconsciente, diríamos que esto se constituye en una vertiente epistémica de la interpretación freudiana que orienta la práctica clínica. Vale la pena señalar una condición particular del síntoma descubierta por Freud, y es que, a diferencia de las demás manifestaciones del inconsciente no exhibe una característica temporal o fugaz, pues tiende a repetirse; pero al igual que los otros, ostenta un sentido que llama al Otro para ser descifrado.

Así las cosas, el síntoma está constituido por un significante cuyo significado está reprimido y opera como un mensaje que no está todavía develado por el Otro.  Ello supone la primacía de lo simbólico y por esto, el síntoma está situado en el campo del deseo y no en el del goce. Es el síntoma como metáfora que supone la sustitución de un significante por otro que está reprimido y que opera como un enigma a descifrar. Es lo que conocemos como síntoma-verdad, como formación del inconsciente, a diferencia del síntoma-goce de la última enseñanza de Lacan, que no es formación del inconsciente, que está más allá del inconsciente transferencial, que implica un movimiento hacia el campo del inconsciente real, porque es el síntoma como un medio de la pulsión.[24]

El síntoma-metáfora orienta la práctica clínica en la dimensión del análisis del lenguaje, del descriframiento del mensaje cifrado para el Otro, del síntoma analizable e interpretable, lo cual se corresponde con la llamada primera clínica, que Miller[25] enuncia en un primer momento como aquella que está conservada en la segunda clínica, pero luego dice que la segunda clínica dice mucho más que la primera, se ríe de la idea de cura planteada en esa primera clínica y relativiza el efecto terapéutico, aniquilando la idea de normalidad, de salud mental: “ tomando como principio esta fórmula, que vino una sola vez bajo la pluma de Lacan y en un texto accesorio, pero fórmula que comenté el año pasado: Todo el mundo está loco, es decir delirante”.[26] 

Siguiendo a Miller, la segunda clínica se la ha llamado de varias formas: borromea, clínica de los nudos, de las suplencias, y muestra al síntoma con una cara de goce, es lo real del síntoma y por eso mismo, amplia el concepto del síntoma heredado de Freud que es susceptible de levantarse de la represión; pero, el asunto es que se encuentra con un tope, con una piedra en el zapato que se llama restos sintomáticos, de los cuales habla Freud al final del análisis y que lo conducen precisamente a pensar que el análisis no tiene fin, en razón de lo que subsiste del síntoma. Y bien, la segunda clínica psicoanalítica es precisamente aquella que reconfigura el concepto del síntoma sobre el modelo de estos restos. Es de este modo que lo que Lacan llamó el sinthome, con la ortografía antigua que restituyó, es propiamente el nombre de lo incurable.

Así pues, cuando en psicoanálisis hablamos de síntoma entendemos por ello un elemento que puede disolverse, desaparecer, levantarse, en tanto que sinthome designa este elemento que no puede desaparecer, que es constante. Dicho de otro modo, la llamada nueva clínica psicoanalítica es una teoría de lo incurable.

Podemos decir que en la primera clínica, si puede decirse la clínica freudiana, los síntomas están del lado del inconsciente simbólico, entendido como discurso del Otro, inconsciente que opera como un continente que alberga pensamientos y  la verdad de cada sujeto. En cambio, en esa otra clínica, la segunda, el sinthome está del lado del goce del Uno, de lo que impele a repetirse, y por ende es el hueso del análisis, porque está en la perspectiva del inconsciente real, de un inconsciente, cuyo saber en esta nueva axiomática queda en disyunción con los pensamientos, es un saber que no piensa, pero que trabaja, pues en tanto trabaja para el goce, supone en sí mismo un goce. La piedra en el camino, son los restos sintomáticos que hacían pensar a Freud que el análisis era interminable. Lacan encontró en esos restos, la singularidad de la forma como cada uno goza, con la que el sujeto se identifica al final del análisis. En “Sutilezas Analíticas” Miller” nos dice:

La causa del deseo para cada uno es siempre contingente. Esta es una propiedad fundamental del parlêtre: la causa de su deseo depende siempre de un encuentro, su goce no es genérico, no se debe a la especie; la modalidad propia de su goce obedece en cada caso a una contingencia. El goce no está programado en la especie humana. Hay allí una ausencia, un vacío. Y es una experiencia vivida, un encuentro, lo que da para cada uno una figura singular al goce. De ahí el escándalo, ya que querrían que el goce fuera genérico, que esté ajustado a normas para la especie. Pues bien, ¡no lo está! Y con esto se estrellan todos los discursos universalistas”. [27]

Finalmente, cabe señalar que se trata de un goce que no se atraviesa como el fantasma, ni se supera, ni se resuelve, ni se descifra, ni cae con las identificaciones, es con lo que hay que vivir: “Soy como gozo”. No se trata de la verdad del síntoma freudiano, que al ser revelado produce la superación o el levantamiento del síntoma. La segunda clínica psicoanalítica es precisamente aquella que reconfigura el concepto de síntoma  sobre el modelo de estos restos. Es de este modo que Lacan llamó sinthome el nombre de lo incurable.

Variantes de la interpretación[28]

Ana Vigano*

Ante todo, agradezco al Directorio de la NELcf– Cali por esta amable invitación y por la oportunidad que me dan de compartir este rato de trabajo con ustedes.

Lo terapéutico, lo analítico.

Variantes de la interpretación es uno de los ejes clínicos que contempla, efectivamente, la perspectiva de las interpretaciones, en plural, del título de las próximas Jornadas de nuestra Escuela[29]. En este sentido, se trata de una cuestión eminentemente clínica, de la práctica clínica. Esperamos que algunos trabajos puedan inscribirse aquí para avanzar en nuestra investigación sobre la práctica analítica, y sobre el modo de decir lo que hacemos en las curas que dirigimos.

Tal vez vuelva a decirlo, pero compartiré aquí algunas de las líneas de lo que yo estoy trabajando desde mi interés. Estamos en marcha hacia las jornadas y cada uno de nosotros, en la Escuela, ya está trabajando con esa orientación, desde sus intereses y especialmente desde sus preguntas, desde los problemas, incluso con los que se encuentran y a partir de los cuales pretenden hacer una elaboración para sí mismo y para otros.

Estamos en la perspectiva de las curas que dirigimos. En el horizonte se ubica la noción de cura que tenemos en el psicoanálisis. No es que vaya a entrar en eso en profundidad; pero es esencial tener en cuenta esta cuestión para saber que si dirigimos las curas, el modo en que lo hagamos es lo que dirá si eso que hacemos es psicoanalítico o no. Además, si eso que llamamos psicoanalítico, también puede tener el adjetivo de lacaniano. Porque nos situamos en un tiempo en que la terapéutica lleva una delantera social y política importantísima. La vida y la muerte, y todo lo que ocurre alrededor de ellas, está bajo el imperio de la terapéutica posible. El porvenir de lo terapéutico es una cuestión política y los estados, advertidos de ello, abordan la cuestión a su modo, es decir, bajo la forma de todo tipo de regulaciones posibles. Respecto de las psicoterapias y sus regulaciones, una pregunta reiterada es cómo situar la orientación analítica frente a ese mercado. Ayer me interrogó sobre esto un periodista, en una entrevista de televisión, a propósito del libro de nuestra Sección NELcf-Ciudad de México, El psicoanálisis en el siglo XXI[30].

Miller nos ha señalado que el psicoanálisis ha contribuido en parte al éxito de las psicoterapias, pues ha brindado muchísimos elementos que han permeado en el campo de la salud mental y, por supuesto, de la cultura. Muchas psicoterapias se reconocen como psicoanalíticas -vaya uno a saber qué es lo que eso quiere decir-, pero aún aquellas que no, no dejan de tener en su abordaje la puesta en juego de la palabra, de la escucha, y muchas veces, de una cierta repuesta que bien podríamos situar como interpretación. De hecho, la cultura misma se ha vuelto altamente interpretativa de los otros. La otra cara de la moneda de este estado de cosas, es una renuencia a la perspectiva de “dejarse interpretar”, al menos, de ciertas maneras. Esto nos toca de cerca y nos mueve a la reflexión y al trabajo. La cultura propone significantes amo que, a su manera, interpretan. La religión y la moral, interpretan. También lo hacen los horóscopos y la autoayuda. También, por supuesto, la psiquiatría y las neurociencias, a su modo, interpretan.

La cuestión sobre lo terapéutico es esencial y conflictivo, y el propio Lacan dio diversas versiones de lo terapéutico. Una de ellas, por ejemplo, es que se trata de volver a un estado primario, lo cual sería imposible para el psicoanálisis puesto que no hay un estado primario. Sin embargo, algunas corrientes llamadas psicoanalíticas proponen la existencia de un estado primario, y la solución vía la regresión. Por otra parte, hay puntos esenciales del desarrollo de la noción de trauma acontecimiento, que marcan sino un estado, un cierto punto primero que efectivamente se intenta alcanzar al final. En fin, solo algunas líneas para plantear la problemática en cuestión y por qué esto es un asunto de Escuela. El psicoanálisis como tal, el psicoanálisis puro, necesita del pase como formalización de la experiencia analítica hasta su conclusión, y de la Escuela como medio de discusión y debate para la conclusión sobre el saber obtenido por medio del pase, cuestiones esenciales para lo que llamamos “la formación del analista”.

El psicoanálisis es un discurso, no una ciencia. Esto implica que es un tratamiento del modo de gozar, no es un saber sobre el goce, sino sobre su modo de empleo[31]. Pero en efecto, también se trata de una cuestión relativa al saber de determinada manera. Es un saber relacionado con el lazo social. El psicoanálisis es un discurso que da una opción particular sobre el uso del goce, sobre el modo de gozar.

Miller se pregunta por qué Lacan no cuenta a la interpretación en el rango de los conceptos fundamentales. Se responde que es por la equivalencia del inconsciente y la interpretación. El deseo inconsciente es su interpretación. La interpretación del inconsciente pone de relieve el “de” genitivo, es el inconsciente el que interpreta. La interpretación analítica así, vendría en segundo lugar. Se fundaría en la interpretación del inconsciente, y el error fue creer que se interpretaba desde el inconsciente del analista. Lacan dedicó muchas líneas de sus primeros seminarios a este punto. El asunto, dice Miller, es convertir al inconsciente en un lenguaje-objeto y hacer de la interpretación un metalenguaje.

El inconsciente interpreta; y si el analista interpreta, interpreta a continuación suyo. Sin embargo, el inconsciente interpreta y quiere ser interpretado, se ofrece a serlo. El deseo del sueño es deseo de ser interpretado, que no es otra cosa que deseo de tomar sentido. La interpretación requiere de interpretación. Interpretar es descifrar, pero la paradoja es que descifrar es cifrar de nuevo. El movimiento solo se detiene, dice Miller, en una satisfacción.

Para Freud se trata del sueño como realización de deseo en el proceso primario, para Lacan se trata de que el goce está en el ciframiento. Pero, ¿cómo es que está el goce en el ciframiento?, ¿qué implica esta cuestión? Miller lo plantea como una pregunta que no puede resolverse en la estructura del lenguaje, del inconsciente estructurado como un lenguaje. Dice que lo que Lacan llamó el objeto a es el desecho último de una tentativa grandiosa: integrar el goce a la estructura del lenguaje. Allí se abre una nueva perspectiva y el lenguaje se relativiza, apareciendo como una elaboración de saber sobre lalengua. El término significante empieza a desfallecer ya que está hecho para captar el efecto de significado, pero tiene dificultades para dar cuenta del producto de goce.

Perplejidad y resonancia

Entonces nos plantea que una práctica que apunta al sinthome, en tanto es el síntoma pensado a partir del fantasma -que es una frase que se goza-, una práctica así no interpreta a la manera del inconsciente. Interpretar a la manera del inconsciente es quedar al servicio del principio del placer, y es el principio del análisis interminable. Esto no quiere decir que esta dimensión no exista. Freud no habló de psicoanálisis terminable o interminable. Habló de psicoanálisis terminable e interminable. El “e” -la y-, que implica conjunción, y no disyunción.

El significante como tal, solo, es un enigma que llama a otro significante. El fenómeno elemental de la psicosis pone en evidencia máxima ese significante solo, la presencia del significante solo en suspenso a la espera de otro que le daría sentido. En la experiencia del fenómeno elemental al sujeto le concierne esa presencia, hay una significación, pero no sabe cuál. Miller pone al fenómeno elemental como el estado original de la relación del sujeto con lalengua. Si a ese significante solo se le agrega un sentido, podemos decir que hay delirio. Esto abre una vía para continuar trabajando hacia el próximo Congreso de la AMP que nos convoca bajo el título “Todo el mundo es loco”[32], es decir, delirante.

Miller se pregunta qué conviene, si es que hay una disyuntiva: ¿delirio o silencio para el analista? Hay otra vía. Reconducir al sujeto a los significantes propiamente elementales sobre los que su neurosis ha delirado.

El significante unario, insensato como tal, quiere decir que el fenómeno elemental es primordial. El reverso de la interpretación consiste en cernir al significante como fenómeno elemental del sujeto, y como anterior a que se haya articulado en la formación del inconsciente que le da sentido de delirio.

Opongo pues, siguiendo a Miller, a la vía de la elaboración la vía de la perplejidad. Una interpretación propiamente analítica funciona al revés del inconsciente. Es en este punto que se articuló para mí el texto de Laurent, que les compartí como lectura, y del que solo tomaré algunas cosas. Laurent parte de la confusión de pensar el lenguaje solo con la concepción mecánica de la lingüística, dice que es necesario para Lacan agregar la topología de la poética. La función poética revela que el lenguaje no es información sino resonancia que realza la materia que liga el sentido con el sonido. Moterialismo, que en su centro encierra un vacío: vacío central del lenguaje.

Lacan será conducido a fundar la posibilidad de la interpretación sobre una nueva dit-mansión (dicho-mansión), mezcla heterogénea del significante y la letra. Esta nueva dit-mansion -aporte específico del psicoanálisis-, se agrega a las funciones de la lengua pesquisadas por la lingüística. La interpretación deviene acontecimiento del decir, que puede elevarse a la dignidad del síntoma.

La interpretación como acontecimiento es aquella que puede situarse al mismo nivel que el síntoma, en tanto escritura corporizada -incidencia de la lengua sobre el cuerpo-. El síntoma es acontecimiento de cuerpo. Pero ¿cómo salir de la dimensión “auto” -autoerótica, autista en cierto sentido-, de esas marcas primeras y cruciales? Por un lado, el goce es autoerótico, pero por otro, y aquí hay una cierta apertura posible, la lengua no es nunca lengua de uno solo. Está hecha de fragmentos de lo común. Adicionalmente, se puede situar cómo la escritura del goce sobre el cuerpo conserva la estructura del mensaje invertido: el sujeto recibe su propio goce bajo la forma del goce del otro. Hay una “corporación de la dialéctica del sujeto y del otro” en el síntoma. A partir de la dialéctica corporizada del síntoma es que Lacan explora lo que puede permitir al analista hacer resonar el goce en la lengua común.

La impregnación de la lengua: referencia a Francis Ponge

“Quiero dar la palabra a aquello que no la tiene.

Es aquí donde se aúna mi posición política y mi posición estética.”[33]

Hay palabras que tocan y otras que no. Es un hecho de experiencia y es también un hecho clínico. La pregunta es justamente ¿a cuál uso de la palabra podemos recurrir para alcanzar, tocar aquello que hay de más real en nosotros? Lacan se pregunta: ¿a qué resón, (escriban r.e.s.o.n.[34]) es necesario recurrir para abordar lo real? r.e.s.o.n. como juego homofónico entre razón y resonancia. Lacan se refiere entonces a uno de los artistas que nos llevan la delantera, situando el Creative Method de Francis Ponge.

Francis Ponge concibe sus escritos sobre el arte, como cada uno de sus poemas. No se trata de describir, menos de interpretar… no se trata poner palabras en la pintura, sino de “decir el pintar”. El querer hacer con los medios de la escritura lo que el pintor hace en su taller. Ponge conduce al lector, dice Sollers, “al límite invisible de la palabra, allí donde ella puede reconocer su éxito relativo y su fracaso absoluto”.[35]

Con Ponge se tiene la sensación de estar a la vez en presencia del objeto y delante de su alteridad radical. El objeto está y no está a la vez, presente y ausente al mismo tiempo. ¿Cómo lo hace? ¿Por cuál uso de la lengua llega a situar algo de lo real, al límite de lo que escribe?

Muy sintéticamente, hace uso de dos mecanismos como parte de su método:

  1. Situar al objeto en el centro de sus preocupaciones. Pero no es el objeto real sino el objeto tal cual está hablado y escrito en la lengua francesa, en el espíritu francés. Concede suma importancia al espesor semántico de las palabras, a su etimología y a su historia. También da suma importancia al sonido de las palabras y a su aspecto visual.
  2. Hacer presente, en la materialidad del texto, la particularidad esencial de ese objeto. Una retórica por objeto y por poema. Uno por uno, en su materialidad. Es necesario que cada palabra, cada frase, cada texto tenga la impronta del objeto. Es necesario que el espesor semántico, sonoro y visual del objeto impregne no solo las palabras y las frases del texto, sino también su construcción y su tipografía.

Esta impregnación de la lengua es lo que Ponge llamaba réson.

Por un lado, el escrito producido se presenta como algo congelado, cristalizado. Pero por otro, y al mismo tiempo es vibración, estremecimiento y temblor. Las palabras resuenan en lo que está escrito como si fuera la primera vez, vuelven a encontrar en el poema el poder originario de nominación. Ponge lleva las palabras hacia su inscripción. Ajustándose a la materialidad sonora y visual del objeto que impregna el lenguaje, introduce un vacío en la lengua. El momento poético afortunado es cuando de esta materialidad de las palabras y el vacío que introducen surge, en la lengua misma, la nota diferencial de un objeto.

Cuando Lacan escribe r.e.s.o.n., subvierte este proceso. Va de la materialidad de las palabras a aquello que, del agujero en el sentido, puede introducirse. Un algo más que un sentido, en el sentido, es lo que distingue las palabras que tocan de las que no. Lacan considera en este punto que las intervenciones del analista son “del mismo orden” que las intervenciones parentales que nos han determinado, en el encuentro contingente de un dicho o un no-dicho y el cuerpo.

Se trata de ofrecer al sujeto en análisis la posibilidad de encontrar o reencontrar lo que Ponge plantea como “necesidad permanente de una palabra en estado naciente”. Esas palabras que tocan, en estado naciente, por su impacto, provocan un deseo irresistible de nombrar o simplemente de decir: son causa del decir.

La transferencia y el lugar del analista: ¿Una cuestión de Técnica o de Ética?[36]

Sandra Rebellón*

La transferencia es el pasajero desconocido del psicoanálisis mismo, y el destino del psicoanálisis es el destino de este pasajero desconocido en cada tratamiento psicoanalítico que conducimos”[37]

Para pensar la transferencia he tomado la vertiente alrededor del lugar del analista. En el Seminario 11 de Lacan, Los cuatro conceptos Fundamentales del psicoanálisis, al trabajar el concepto de inconsciente, menciona que la figura del analista hace parte de dicho concepto. Lo propio a la relación analítica es el inconsciente, lo hay porque hay analista, surge, gracias al analista, lo lee, lo sanciona, “La propia presencia del analista es una manifestación del inconsciente, incluso cuando se manifiesta como rechazo del inconsciente”[38]. Entonces, en esa medida el inconsciente es propio a la situación analítica, no existe por fuera de esta.

Para Lacan el inconsciente esalgo de lo no realizado, y requiere de una operación para su surgimiento.

Lacan ubica el deseo de Freud. Freud desde su deseo de la cura por la palabra y convencido de que en la cura por la palabra se llegaría a aquello que determina el síntoma, hace nacer el inconsciente. El inconsciente estaba o no estaba, pero no estaba realizado. Es el deseo del analista, en este caso, el deseo de Freud, que fue quien lo inventó.[39]

Entonces encontramos un término que se agrega al surgimiento del inconsciente, no basta con la presencia del analista, se hace necesario que se sume el deseo del analista, la presencia se ofrece entonces como soporte al deseo del analista. Este es un concepto en el que no me detengo mucho, ya que será parte de una de las clases que se tienen previstas más adelante. Me interesa seguir la huella en relación a la transferencia en la situación analítica.

Miller en Clínica bajo transferencia nos recuerda que “Al comienzo del psicoanálisis – dice Lacan – está la transferencia, no la demanda de análisis”[40]. En este sentido la sanción que hace un analista sobre la entrada en análisis habrá de ubicarse más allá de la demanda,

[…] si se califica como “acto analítico” el acto del analista que autoriza la experiencia y no así la del analizante que se compromete en ella, es porque la demanda de análisis, por poca que sea la información que se tiene acerca de la práctica analítica – me refiero a saber, por ejemplo, que el análisis no es equivalente a una experiencia de relajación – debe considerarse como la consecuencia de una transferencia ya establecida con anterioridad”.[41]

Acto analítico y transferencia comportan una vecindad, no hay acto analítico sin transferencia así como no hay acto analítico sin el deseo del analista.  Lo que sucede en un análisis, no es del orden del encuentro de dos sujetos, la relación analítica es asimétrica, no se sostiene en un encuentro intersubjetivo como sí sucede en las psicoterapias,  en las cuales se hace un uso de la transferencia por la vía de la sugestión, el dominio. El saber que circula está más en relación a nivel de lo imaginario, lo que no permite una apertura al inconsciente y a un saber supuesto, porque sin suposición de saber y sin sujeto supuesto no hay acceso al inconsciente. ¿Qué quiere decir esto?

Miquel Bassols en “Paradojas de la transferencia” dice:

En un sentido estructural: la transferencia está al principio de cada psicoanálisis; cada sujeto llega, de cierto modo, con el psicoanalista en su auto, incluso si él no lo sabe. Lacan dice en alguna parte que el asunto es saber dónde estaba ya el analista en la imagen que el sujeto trae consigo al primer encuentro con el analista.[42]

Bassols trae entonces una viñeta:

Él no sabía nada de mí, excepto mi nombre. En su sueño, me lleva en su automóvil. Voy en el asiento trasero. Él no puede ver mi cara, una cara que no conoce y que trata de descubrir en el espejo retrovisor. Hay un momento de angustia en el sueño cuando se da cuenta de que el otro puede verlo, pero que él no puede ver al otro. ¿Qué soy en el deseo del Otro? – esta es la pregunta que se convierte en una cuestión central tanto en su vida como en su análisis, como lo es, por otra parte, en todos los casos. Él sabe dónde va, al consultorio del analista, pero no sabe de dónde viene. En el preciso momento en que me está diciendo esto, en nuestra primera cita y antes de cualquier intervención de mi parte, se da cuenta de lo siguiente: el problema que le ha traído al analista es un conflicto con su padre, un padre que era… taxista. En ese punto, acuerdo con una intervención breve y enfática: – “¡Aja!” – “Sabe, – agrega, citando a su padre – nunca se puede saber quién se está conduciendo en el auto”. Y tiene razón, sobre todo cuando la persona que está llevando en el coche es la persona a quien le dirá las cosas más secretas de su vida, la persona a la que normalmente tiene en el asiento trasero cuando se recuesta en el diván.[43]

¿Dónde aparece el analista? Bassols refiere tres formas en que el analista aparece: a) El analista que el sujeto lleva en su auto, la persona que no puede ver, el analista que aparece en el sueño, b) El analista a quien va a ver y de quien sólo sabe el nombre y c) El analista como la persona real a quien le está diciendo todo esto en la primera entrevista. ¿Cuál de estas tres versiones del analista podría acercarse a un analista real, en el sentido Lacaniano?

Bassols dice:

Ninguna de ellas tomada de a una, sino todas ellas tomadas como el nudo que forman en el acto de habla de la primera entrevista. Si la presencia real del analista está garantizada por la persona que ha escuchado al sujeto en esa primera entrevista, si el analista real es soportado por la persona que ha recibido el mensaje inconsciente del sujeto y ha confirmado la verdad de ese mensaje – el mensaje que vincula el sueño con la cuestión por el deseo paterno – si esta presencia real puede ser garantizada por alguien, es porque previamente hubo una persona en el asiento trasero del auto y porque ese auto va a alguna parte, aunque ni el conductor ni el pasajero, por el momento, sepan a donde.[44]

La figura del sujeto supuesto saber es introducida por Lacan en el Seminario 11, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, esta formulación fue el esfuerzo de Lacan para deslindar, llevar más allá la relación transferencial del registro imaginario, es decir, poder ir más allá del desplazamiento sobre la figura del analista de los sentimientos y afectos del analizante, así como considerarla solo un hecho de repetición en tanto se ubica al analista en una serie de objetos. En esta figura del sujeto supuesto saber se articulan tres términos: El sujeto, el saber y la suposición. El saber supuesto podríamos pensarlos del lado del saber del inconsciente y por otro lado suponerle un sujeto a ese saber. El sujeto supuesto saber es una significación del saber. Silvia Elena Tendlarz en su texto Sujeto Supuesto Saber menciona que el saber queda situado en el “entre” del analista y el analizante “[…] en la medida en que el saber inconsciente del sujeto se despliega bajo transferencia”[45] Bassols en menciona que el analizante le supone un sujeto al saber inconsciente.

La transferencia es transferencia con su inconsciente, la transferencia es suponer un sujeto a su inconsciente, suponer que usted está implicado como sujeto con su inconsciente y con su síntoma. La lógica de la transferencia como Sujeto Supuesto Saber no es, por lo tanto, sólo o básicamente suponer un conocimiento al Otro sino, en primer lugar, suponer un sujeto al saber de su inconsciente.[46]

La figura de sujeto supuesto saber se apoya en la presencia del analista, el analista encarna este lugar, se presta a esta suposición de saber y no se aprovecha de este lugar para dirigir al sujeto, en esto Lacan fue contundente en “La dirección de la Cura y los principios de su poder”: se dirigen las curas no la vida de los sujetos.

Deslindar la transferencia de sólo ser tomada en su vertiente imaginaria o simbólica, es el esfuerzo de Lacan para articularla a algo del orden del registro de lo real, es decir, engancharla con el aspecto pulsional. La transferencia no se interpreta, sí se hace uso de ella, se maniobra y el analista guarda el saber que adquiere de la transferencia.

Pensar la posición y el deseo del analista como elementos que permiten operar con la transferencia – la transferencia no se interpreta- me llevó al primer testimonio, “La voz opaca”, de María Cristina Giraldo, y particularmente en el recorte alrededor de lo que María Cristina nombró como su trabajo de atravesamiento del trauma que fue el estrago en su vida.

Paso a leer el recorte:

Cree condiciones para viajar a Buenos Aires, estaba a la mitad de mi análisis y presentaría un trabajo en un Congreso de la AMP. Por más que le escribí a mi analista para consultar su disponibilidad de tiempo y definir mis velos, no obtuve de ella respuesta alguna. Solo logré contactarla muy cerca del viaje. Me dijo que no podría atenderme en esas fechas, porque no estaría en la ciudad, así que tuve que reprogramar mis vuelos, lo que me implicó pagar una alta penalidad a la aerolínea. Ya en sesión, pise mis cartas sobre la mesa. Desde la primera entrevista le había puesto como condición la garantía de no estragarme. Esa promesa se había roto y le anuncié mi decisión de retirarme del análisis. No se lo iba permitir a ella, ni me iba a permitir a mí misma estragar lo que llevaba de mi análisis; iba a rescatar eso, así tuviera que irme. Estaría un tiempo corto para ver si se decantaba algo. Mi analista esta advertida de mi profundo desencanto transferencial y de mi decisión sobre el analista al que buscaría para empezar entrevistas.[47]

¿Qué enseña la posición de la analista? Primero que todo: la transferencia no se interpreta. En ningún momento la analista, como lo menciona María Cristina Giraldo, salió a clarificar nada, no era cuestión de tomar el saber allí producido desde la vertiente imaginaria: aclararle a la analizante lo que había ocurrido, ni alentó, ni desalentó ninguna decisión, aguardó, a partir de su silencio produjo un vacío que permitió hacer resonar algo del eco de la pulsión en el cuerpo. Encarnar con su presencia el deseo del analista me parece que le permitió alojar el enojo, vertiente imaginaria, la decisión de buscar entrevista con otro analista, el despliegue de la cadena significante, la vertiente simbólica podríamos mencionar, para terminar alojando lo real de la transferencia. El analista alojando el objeto a.

Aquí quiero introducir algo que se trabajó la noche de ayer en el Seminario Epistémico: Delirio – sueño – locura, la posición del analista es un saber que se va puliendo a partir de la experiencia del propio análisis, no se transmite un saber maniobrar con la transferencia al modo de una técnica, es un saber de otro orden que precisamente comporta la experiencia intima al propio inconsciente y que se logra a partir de un análisis y de la producción de un analista al ser llevado hasta el final una cura analítica. El fin de análisis no marchita el saber, no lo liquida, transforma el amor al saber, ese amor transferencial hacia un deseo de saber, que se encuentra en el corazón del deseo del analista.

Deseo del analista

Clara María Holguín*

  1. Deseo del analista

A partir de los años 60’s Lacan anticipó la psicologización de las masas y denunció el olvido de la dimensión del inconsciente, que hizo que el psicoanálisis fuera confundido con las psicoterapias, al tiempo que verificó que los analistas en su afán de curar se habían convertido en “ortopedistas”, aplastando el hilo cortante de la verdad freudiana.

Fue razón suficiente para que Lacan insistiera en la importancia de marcar la especificidad del psicoanálisis respecto de las psicoterapias, y señalar la responsabilidad de los psicoanalistas en demostrar la presencia del inconsciente, tanto en las curas como en el ámbito de lo social. En el intento de dar respuesta a esto, Lacan propone el deseo del analista como el operador principal de su acto. “El deseo del analista es el fundamento del compromiso que un analista establece con la propia existencia del psicoanálisis en el mundo.”[48]

Lacan inventó la expresión deseo del analista como una crítica al deseo de Freud. Surge en el momento de la excomunión de Lacan por parte de la Asociación Psicoanalítica Internacional (IPA), que implicó a Lacan la prohibición para siempre de tener la calificación de analista didáctico, es decir, apto para formar analistas.

Lacan, pone en cuestión el deseo presente desde Freud (deseo del padre) con el objeto de explicitar la posición del analista en la cura analítica, y lo hace a partir de la posición en la que queda ubicado después de este acto de la excomunión: ser un desecho. Condición propia del analista.

Nos dice en la “Nota Italiana”, el analista “… es aquél que consiente ocupar el lugar de objeto perdido para el analizante, objeto resto, objeto inabordable y segregado por el discurso del amo. El analista “él, sabrá ser el desecho”[49] que conviene al psicoanálisis, si ha cernido la causa de su división, “la causa de su propio horror, del propio, el suyo, separado del de todos, horror de saber.”[50]

La definición dada al analista no se da a partir de una posesión, un tener, sino por un deseo. “Definir al psicoanalista a partir del deseo de saber no es definirlo a partir de la felicidad de su vida”,[51] como señala Miller, sino más bien, por cierta desdicha. “Sabe que es un desecho y también saber hacer de desecho. En efecto, este saber del analista sobre sí mismo sólo adquiere valor en el psicoanálisis si le permite saber hacer de desecho en la experiencia analítica”.[52] ¿Cómo un analizante puede tener ganas alguna vez de volverse psicoanalista?, cuando se trata de consentir a la posición de resto del proceso analítico.

La noción deseo del analista aparece por primera vez en “Dirección de la cura y los principios de su poder” como respuesta al concepto post-freudiano de contra-transferencia para dar cuenta de lo que opera en la cura del lado del analista, más allá del padre y la garantía dada por el Nombre del Padre. En oposición a la dimensión imaginaria evocada en la contratransferencia; en tanto función, esta noción introduce la dimensión simbólica, que tiene como objeto sostener la incógnita del deseo del Otro, ¿qué quiere el Otro de mí?, che vuois?

El deseo del analista es presentado por Lacan como un deseo que implica la renuncia a utilizar los poderes de la sugestión, renuncia a promover la creencia religiosa de la transferencia y la semántica del sujeto como supuesto saber. Es una respuesta frente al deseo de poder y de poder hacer el bien, y en ese sentido contraría la pendiente estructural que tiende a situar al analista en el lugar de amo y del gran Otro; está más allá de todos los bienes, y permite al analista no ceder a la fuerza de las pasiones con las que el analizante lo inviste en el curso de la cura; sin embargo, está lejos de la supuesta abstinencia o neutralidad benevolente del analista.

Lacan responde en su texto “Del Trieb de Freud y el deseo del psicoanalista”;“… el deseo del analista es en último término el que opera en el psicoanálisis…, con él se intenta superar los embrollos en lo que había caído el psicoanálisis con las teorías de la contratransferencia, al mismo tiempo que superar los malentendidos surgidos en torno a la neutralidad del analista”.[53]

2. ¿Cuál es la naturaleza del deseo del analista, de donde surge?

El término deseo del analista fue introducido por Lacan para nombrar el deseo de aquel que ocupa el lugar del psicoanalista. No parte necesariamente del deseo de serlo, obliga más bien a diferenciar un deseo de otro; no tiene que ver con el deseo del psicoanalista, como persona, pues como dice Miller, en Sutilezas analíticas, un deseo de este tipo “es siempre del tipo de moneda falsa”.[54] Queda abierta la pregunta, entonces qué tipo, de qué naturaleza es este deseo.

El deseo del analista tiene que ver con el sujeto que resulta de la experiencia analítica, es decir con aquel que se ha convertido en analista, es independiente de su eventual calidad de practicante. El “ser” analista no se adquiere por su práctica sino por su análisis, solo este le permite autorizarse en sí mismo, un sí mismo producido por el análisis, despojado del hombre viejo, y habiéndose revestido del hombre nuevo.

No es ni deseo de ser analista ni deseo de curar o de educar, es, como dice en la “Proposición del 9 de octubre…” un “deseo de un saber”, que está en relación a la causa en juego en la pasión de la ignorancia, un saber que se correlaciona con la causa del horror, es decir Un real. Es un deseo que surge a partir de la confrontación con el horror de saber. Como dice en el 67, el deseo del analista se inscribe en la teoría del fin de análisis y del pase de 1967. Es el nombre de un nuevo deseo que emerge con el atravesamiento del fantasma, en una operación que tiene a la transferencia como «pivote».

El deseo del analista es resultado de la operación subjetiva, del pasaje del analizante a analista, es decir, de la transformación subjetiva que se produce en una experiencia analítica, en la relación analítica. Si se trata de este pasaje, habrá que responder ¿cómo se pasa del estatuto de analizante al estatuto de analista? Es esa la cuestión del pase del 67.

Jacques-Alain Miller propone pensar este pasaje en términos matemáticos, a partir de la fórmula matemática. Nos dice que la propuesta de algoritmo de la transferencia planteado al inicio de un análisis es un esbozo del discurso del amo, del discurso del inconsciente, señalando que la entrada tiene la estructura del discurso del inconsciente y que la salida tiene la estructura del discurso del analista. Es decir, que este pasaje es una metáfora donde se produce la sustitución del discurso del inconsciente por el discurso del analista, pasando por el discurso histérico. Para que se produzca este pasaje es necesario el paso por el discurso histérico, el pasaje por el Otro en su dimensión de enigma, de sorpresa, la “x” en su propia enunciación (Deseo del Analista), es decir el Che vuois?, ¿qué me quiere el Otro?, ¿qué quiere decir el analista cuando habla, cuando no habla? Esta posición de “x”, posición de enigma, es una posición de deseo necesaria para que se produzca este deseo, es una “x” en su enunciación, donde el analista, a diferencia de demandar algo, no desea nada. Sin embargo, como dice Miller, al mismo tiempo desea muchas cosas, a saber, que aparezca el sujeto analizante, que el analizante hable, que reduzca sus síntomas, que caigan los significantes amos, que acepte la castración, que obtenga, finalmente, la diferencia absoluta, lo que lo hace no parecido a ninguno, y lo pone aparte, la excepción. Se trata de un extraño deseo, deseo de nada, en términos de objeto, pero deseo que el sujeto reduzca al Otro a su real, que lo libere de sentido.

Esto produce una sustitución: el discurso del analista reemplaza el discurso del inconsciente, se entra con el discurso del inconsciente y se sale con el discurso del analista.

Pero, además, dice Miller, desea que el analizante pueda llegar a colocarse en la posición de analista, es decir de objeto, desea también ser amado sin aprovechar ese amor para su goce y luego ser evacuado como desecho, es decir, que cuando lo ha dejado como desecho, que ocupe ese lugar para que pueda ser desechado.

Para entender este pasaje, señalemos de entrada que lo que se produce es un deseo, lo que implica ya un problema, pues el deseo como sabemos desde el inicio de la enseñanza de Lacan, está articulado al Otro, el deseo es deseo del Otro. Es un deseo que en la experiencia analítica sufre una transformación.

  • Deseo del analista (deseo de psicoanálisis)

La expresión deseo del analista debe leerse equívocamente, de un lado, se trata del deseo que tiene el analista, del otro, se trata de un deseo llamado “analista”. 

¿Que implica esta transformación? ¿Es que acaso hay algún deseo que sea sin el Otro? Señalemos de entrada que se trata de un deseo, y en tanto tal es un deseo que está articulado al Otro, es deseo del Otro. Se apunta a que pueda reducirse de todo sentido, del Otro, si se puede decir así. Que pueda dar cuenta como es hablado por el Otro hasta saber lo que es el deseo, sin las ataduras del Otro, es decir, que pueda saber que quiere, a partir de sus marcas traumáticas que hacen agujero y dejan una marca de ex-sistencia.

El camino de una experiencia analítica permitirá bajo transferencia, que funciona como pivote, es decir, no sin el Otro, que el sujeto pueda responder a la pregunta por su deseo, por eso que quiere. Sirviendo de ese Otro, que como Miller señalaba tiene la forma del che vouis?, ¿qué me quiere?, podrá interrogar qué quiere el Otro de él, que quiere decir lo que el Otro dice o no dice hasta poder saber quién y qué es, saber en términos significantes y de objeto lo que es para el Otro, enfrentándose a los significantes primordiales y lo que es causa para él, de modo tal que se produzca lo que Lacan llamó la diferencia absoluta.

Veamos cómo se produce esto.

Sabemos que en el sujeto, en tanto ser hablante, el goce esta interdicto, el goce entra para el sujeto en forma negativa para el sujeto, bajo la forma de menos, de perdida. Es por la vía del fantasma como el sujeto recupera algo de ese goce, apareciendo como positivizado, sea bajo la forma del j o bajo la forma de a. En otras palabras, es por la vía del plus de goce, el objeto a que se viene a taponar la castración. Es una positividad recuperada, se convierte en tapón de la castración. Se produce vía el fantasma una identidad entre el S1 que representa al Sujeto y el a. El significante de la identificación primordial por el cual el sujeto se sostiene en el fantasma, se hace idéntico al objeto, en la medida en que funciona como complemento, plus de goce.

El pase consiste, precisamente, en el desbridamiento del tapón que es el pequeño a. Se disuelve esa identidad del S1 y el a, hasta producir la diferencia entre uno y otro. La diferencia entre el Uno (S1) significante primordial del sujeto (aquel al que se sujeta) y el objeto a, como causa del deseo, que es lo que llama la diferencia absoluta. En la medida en que se disuelve la identidad entre el significante y el objeto se produce una mayor distancia de este falso recubrimiento que se opera mediante el auxilio imaginario, i(a), hasta producir una des-subjetivación (deser).

Es la clave de lo que Lacan llamó el atravesamiento del fantasma, que produce una conclusión ontológica. El sujeto puede saber lo que es en términos de objeto.  De un lado, se produce la falta en ser (el horizonte deshabitado del ser), una deflación del deseo, que se completa con la conclusión existencial marcada como pequeño a, que es la posibilidad del goce y funciona como grapa de la falta en ser.

En la medida en que puede ubicar la función que tenía ese objeto como tapón en su deseo, puede reintegrarse a su causa. Un deseo que ya no se apoya en el fantasma, en la identificación fálica.

Es una solución, como lo subrayó Miller en su conferencia, en términos de ser y no-ser y, agreguemos de saber sobre la verdad de lo que se es. Atravesar el fantasma, supone encontrarse con ese goce pulsional sin la cubierta fantasmática”.[55] En la medida en que el analizante sabe sobre el deseo y el objeto que lo causa, adviene un nuevo sujeto, un analista.

Es sobre este fondo de pérdida y de encuentro con este real que hacía de tapón, es que puede plantearse la posibilidad, para un analizante, de asumir para otros el lugar de semblante de objeto, es decir, ocupar el lugar del objeto causa del deseo del analizante, sin estar allí como sujeto para que el deseo del analizante pueda advenir.

Sin embargo, sabemos con Lacan, que la verdad tiene estructura de ficción, demostrando que no todo el goce está atrapado por este objeto. Dicho de otro modo, a pesar de que la significación de goce del fantasma es evacuada, algo del goce permanece; la pulsión es constante y será necesario hacer con eso que queda, intentar responder a la pregunta que había dejado planteada al final del Seminario 11, ¿cómo se vive la pulsión una vez atravesado el fantasma?  Hay un resto, una verdad que queda intocada y que Freud ubicó como restos sintomáticos, que dan cuenta de las raíces de la impureza del deseo, que allí se produce.

El deseo del analista, como señalaba Laurent, supone una caída, una ruptura previa en la cadena de las identificaciones especialmente fálicas, y la sustitución de una identificación por otra vinculada por el discurso analítico, esto es, se produce una sustitución, el discurso del inconsciente es sustituido por el discurso del psicoanálisis, que es una nueva escritura del Deseo del Analista, como decía Miller, pero esta metáfora no se hace sin restos.

Se trata ahora de vérselas con el resto pulsional no reductible al vaciamiento producido a partir de la topología del objeto, para interrogar, una vez se produce el atravesamiento del fantasma, que es evacuada la significación del fantasma, ¿qué se hace con este resto? y de esta manera extrema la idea de la diferencia absoluta, zona, que basándose en las consecuencias de la última enseñanza de Lacan, Miller traza las coordenadas de lo que él llama el «pase sinthome» o el “ultrapase».

A partir de este momento Lacan propone redefinir la operatividad del acto. No dependerá solamente de la distancia que se operó con relación a su goce, y en ese sentido de estar “advertido”, sino de su “ser”, pero en el sentido del parlêtre, en tanto que habla de su goce, es decir, incluye el cuerpo. ¿Qué implica esto? Es un paso muy importante: el deseo no es solo articulación con el Otro, sino que está conectado a la pulsión. La raíz del Otro es el Uno.[56]

Más allá de lo imposible de escribir la “relación sexual”, del “no hay”; o si se quiere, como se dijo, del “no existe”, se trata ahora de lo que “hay”, eso que es lo más singular del goce de cada uno en su locura irrepetible, lo real que ex-siste a la ficción. Se trata entonces de encontrar un tratamiento distinto del goce del síntoma sin la atadura al fantasma. Allí residen los cimientos de deseo del analista.[57]

Se requiere de una perspectiva diferente a la del objeto, que es la que proponemos llamar la perspectiva del sinthome: el surgimiento del psicoanalista, ya no solo del lado del objeto, sino a partir del no-todo.

Una nueva definición del pase, el ultrapase, sin invalidar el anterior, introduce “una vacilación en la localización de lo real en juego”.[58]  Mas que “lo real a partir del significante”, se trata del “significante a partir de lo real” que incluye el goce fuera del registro ontológico, del registro de ficción, que es una verdad mentirosa.[59]

¿Cómo redefine a partir de aquí el deseo del analista? Para intentar responder será necesario dar cuenta de eso que resta, de esa pulsión en juego que itera y que es marca en el cuerpo: Un goce fuera de sentido donde se pone en juego la pulsión, entendida como deriva, nombre de la pulsión lacaniana que está por todas partes y no tiene ni orden ni ley, como tampoco forma; régimen de un goce que está en oposición al goce masculino o fálico, y que Lacan ha generalizado como el goce como tal.[60]  Este Goce sobrepasa todo binarismo, y que se reduce al acontecimiento de cuerpo, el síntoma. Es la parte del goce que no responde al esquema de la castración, que no es ni simbolizable, ni decible, pero es afín a lo infinito. No en el sentido del exceso y del todo, que hay que atravesar, sino en el sentido del Uno que itera. Uno que no hace todo. Un goce que no se lee a partir del goce fálico, sino que da cuenta de otra lógica, la lógica del no-todo.

Este goce llamado por Lacan femenino, ex-siste, no se puede decir ni se puede castrar, como tampoco se atraviesa, se cierne. “En el nivel del síntoma no hay precisamente resolución por el deseo. El deseo no alcanza a la ex sistencia”, entonces, ¿qué tipo de deseo es ese que se produce al final, un deseo articulado a la ex-sistencia? Se constatan puntos de lo imposible que iteran, que confronta al analizante con un goce más allá del objeto a y más allá de la nada, un goce autoerótico, que no hace sentido. Pura reiteración del Uno de goce que Lacan llama sinthome.

El Hay el Uno significa que la incidencia del lenguaje en el parlêtre se reduce al significante Uno –marca, trazo, letra, Uno sin S2, no significa nada– resto indivisible e irreductible. S1, producto del análisis en tanto que diferencia pura, diferencia entre el significante y el goce, ya no articulado a la cadena de la repetición, sino significante como litoral del goce. La jaculatoria Hay lo Uno (il y a) es una posición de ex-sistencia. “…que va suponer acoger eso que itera, consentir a ello (asunción del no sentido de ese Uno que itera en el síntoma, si puede decirse, sin rima ni razón.)”[61],y en tanto que es ininterpretable, no queda más que desenredar y/o manipular, arreglárselas con eso. Es un modo de funcionamiento que surge del no-todo.

¿Puede este funcionamiento pensarse como un deseo? Si es así, ¿qué estatuto darle?, ¿se puede hacer surgir un deseo del no-todo? “Puesto que por otra parte he planteado que es del no-todo de donde surge el analista”[62].

Lacan abordará en el Seminario XXI las relaciones entre el ser sexuado y el analista; ambos se autorizan en lo más extranjero de sí mismo, en lo más Otro de sí mismo, no en la impostura de su yo ni de su persona. Cuestión que le permite decir que el analista deviene del no-todo, para señalar con ello que la autorización de sí mismo está por fuera de la lógica fálica y el significante. Experiencia de inconsistencia del Otro.

¿Qué definición para el deseo del analista, cuando ya no está marcado solamente por el deseo sino confrontado al Hay lo Uno, al Goce?

Tal como propone Marie-HeleneBrousse, se trata de una definición que incluye el heterotismo,[63] un goce hetero, “ese goce de ser no-toda que la hace en alguna parte ausente de sí misma, ausente en tanto sujeto”[64]. Esta ausencia produce una existencia bajo la forma de un vacío en el cuerpo, un vacío de materia del fantasma y un lleno de energía del goce Otro, “una energía que capta lo Uno para habitar cada tanto el cuerpo”[65].

Ese vacío como ex-sistencia de un goce deslocalizado respecto a las zonas de orificios investido por el fantasma es de lo que está hecho ese deseo en esta nueva definición: “un deseo basado en el cuerpo del analista de carne y hueso»[66]. Un extraño deseo porque no tiene que ver con el sentido ni con el objeto, sino con el amor (el goce), de ahí que se hable de significación vacía.

Un deseo fuera de sentido, pero no fuera de cuerpo[67] que anima el querer encontrar un trozo de real. El Deseo del Analista surge de la diferencia absoluta, diferencia entre el Ideal y el objeto, que leída aquí, podría pensarme que implica lo más singular, lo que hace a cada uno más aparte, sin comparación, es decir proviene de la mismidad puesta en juego en el no-todo, de ese vacío que hay.

Este pasaje de “analizante a analista moviliza la lógica del no-todo, y la sumersión en lo desconocido (l’inconnu), el in o lo Uno (l’Un), que supone ocupar el lugar, “el lugar del ya-nadie, el plus personne”.[68] El lugar del Ya nadie, plus personne, traducido como “nadie siendo alguien”[69] fue evocado por Lacan[70] a partir de la frase de Válery: “soy en el lugar desde donde se vocifera que el universo es un defecto en la pureza del no-ser… ese lugar hace languidecer al Ser mismo. Se llama el Goce y es aquello cuya falta haría vano el universo”, para señalar el paradójico lugar de la vociferación. “Ésta le añade a la palabra el valor, la dimensión, el peso de la voz, es decir, lo que viene de sobra en lo que llamamos tan amablemente la relación del analista con el analizante”.[71]

Entonces, en términos prácticos, ¿qué quiere decir esto? La perspectiva del sinthome pone de relieve que el deseo del analista «no es puro deseo». No es sólo «vacío», sino que está arraigado en el cuerpo. Si de deseo se trata es de uno, desarticulado del Otro, o más bien tendríamos que decir articulado a la raíz del Otro que es la pulsión, pulsión del Uno, no es sin goce. Esto me parece resuena a lo que también nos decía Miller en la intervención, el deseo del analista se asimila al goce femenino. Es un deseo articulado a eso pulsional que resta, y que permite vivir por fuera de los límites de la ley, la ley edípica.

Se trata de arreglárselas con eso, con eso que permanece y no cambia; porque el síntoma, o el sinthome, es lo que no se puede atravesar, lo que no se puede negativizar; es un «hay», que permanece tras el vaciamiento y la de-consistencia provocados por el análisis. Así, un análisis produce una serie de «no hay» pero también aísla un «hay», que es «lo que impulsa», lo que empuja -a decir, a hacer, a avanzar-. En este sentido, el fin se convierte en una elección, una opción: «poder utilizar y apoyarse en eso, en lugar de quejarse. Se trata de servirse tanto de ese vacío (lo que no hay), como de lo que hay. Volver a ese resto, activo. Esto es lo que quiere decir, a mi juicio, hacerse un nombre a partir del síntoma, es decir “hacer a partir de la ex-sistencia”.

Podría decirse que el nuevo nombre del deseo del analista, es el de un saber, deseo de saber, agreguemos, ¿un saber lidiar con el síntoma? Saber hacer frente al síntoma es el fin del análisis, dice Lacan al comienzo del Seminario 24, también dice, «identificarse con su síntoma»; pero prefiere responder en términos pragmáticos. Es decir, dar al síntoma un valor en uso: siempre hay que tratar con el síntoma, pero a lo sumo se sabe «tratarlo», «arreglárselas» con él. Es a esto que se refiere Lacan en el seminario sobre El sinthome, “la buena manera de ser hereje”.

Se trata de arreglárselas con eso que permanece y que no cambia, eso que no se puede negativizar, que hay, que se ha producido tras el vaciamiento y la de-consistencia provocada por el análisis.

Finalmente, en 1973, lo retomará bajo la forma del “deseo de saber” en la “Nota Italiana”, para señalar nuevamente “que no hay analista sin que ese deseo le surja”, lo que verifica Miller en El Banquete de los analistas al señalar que el analista surge del deseo de saber. Deseo, que en el Seminario 25 vuelve a nombrar con todas las letras refiriéndose al deseo de saber del analista e interrogando: ¿Es un saber de qué modo operar?

¿Un estilo sintomático?

No existe un analista universal. ¿Existe, quizá es lo que se puede decir, un estilo particular de cada analista? El síntoma no se detiene, tenemos al final un saber hacer que no es un estado permanente, ni tampoco una técnica «adquirida» de una vez por todas, lista para ser utilizada, aplicable como una cuadrícula de lectura. Sin embargo, el analista está «advertido» por su análisis de que el ombligo que hay que identificar se encuentra más allá del sentido, incluso si es necesario atravesar los caminos del sentido y los desvíos del deseo, opera apuntando más allá de la verdad y el sentido, es decir en contravía del discurso inconsciente, que es el discurso del amo, interrogando: ¿Dónde goza usted?

Lacan trata de poner al día el sentido del síntoma analítico, aquello de lo que está hecho el psicoanálisis. ¿De qué está hecho el apego al goce del psicoanálisis?, ¿de qué está hecho el apego de cada uno al psicoanálisis? Tiene que ver con una suerte de de-sublimación, que desoxida la práctica de orientación hacia la verdad e incluso de su adoración a la verdad, una práctica que apunta a la presión de lo real del sinthome. Una práctica sin verdad, sin ficción de la verdad, sin la ficción de los universales.

Termino señalando que este deseo es un deseo de saber, en la medida en que se ha desprendido de todo dogmatismo, y todo deseo de poder. Es de este modo que permite, en la medida en que reaviva la pasión de la ignorancia, reinventar el psicoanálisis, inventar un saber nuevo. En la medida en que hay un desvanecimiento del sujeto supuesto saber, se puede incidir en comenzar una enseñanza novedosa, que una vez que alcanza la posición de analista, vuelva a ser analizante en su relación con el sujeto supuesto saber, y haga del amor algo más digno, para seguir con Miller, el amor, la transferencia tenga como suplencia a la no relación sexual.

  • ¿Cómo opera el deseo del analista?

¿Cómo opera el deseo del analista, que de una parte es deseo de nada pero al tiempo es deseo, como decía Miller, de reducir a Otro a lo real (deseo de psicoanálisis)?

1° Una X, un enigma. Es un che vuois?, ¿qué quiere decir?, ¿qué me quiere? La función del deseo del analista introduce el enigma en el discurso del analizante, que es también estar en posición de objeto, es decir, de causa (contrario a la posición de dominio), y de ese modo causar la división subjetiva y producir el deseo de saber.

 2° Supuesto saber leer y saber cortar.  Reducir al Otro a lo real. Destetar de sentido al paciente. Tal como lo señala en el Seminario El momento de concluir[72], donde Lacan retoma la noción deseo del analista al preguntarse, cómo conviene operar, cuál es el modo en que conviene operar, articulando esto con el sujeto supuesto saber: supuesto saber, ¿qué? “supuesto saber leer de otro modo”, y agrega “es aquel que sabe cortar”.[73]

Este deseo del analista está definido como un saber leer de otro modo, el que sabe cortar. Saber leer de otro modo, dice Miller, consiste en mantener la distancia entre la palabra y el sentido que ella vehiculiza a partir de la escritura como fuera de sentido. La vía para lograr esto es permitir que el sentido se fugue, y para ello requiere de un arma,[74] el equívoco. Es por esta vía que es posible reconducir al sujeto de la lectura a la perplejidad como fenómeno elemental del sujeto en la lengua, para hacer surgir cada vez, un decir, un significante nuevo.

El S1 absorbe el S2, revelando la opacidad irreductible de la relación del sujeto con la lengua. Por eso hablamos de corte, una separación entre el S1 y el S2, un corte donde se reconduce al sujeto a la opacidad de su goce. Cada vez, en cada sesión, antes de que se cierre el bucle, la sesión debe ser cortada.

Retomemos esto: “sería completamente excesivo decir que el analista sabe cómo operar”,[75] Lacan responde “que sería necesario para que sepa operar convenientemente, que pueda darse cuenta de la pendiente de las palabras para su analizante, lo que incontestablemente ignora”.

Allí, donde el analizante dice más de lo que quiere decir, “el analista zanja al leer lo que está ahí de lo que quiere decir, si es que el analista sabe él mismo, lo que quiere”.[76]

De un lado, el analista zanja; del otro, marca la distancia entre el deseo y el querer, apunta a querer lo que se desea. Zanjar, es la manera que tiene en la última enseñanza de hablar del corte, un corte, asociado a un tiempo que no es lineal, y en ese sentido no se trata de la puntuación, y la retroacción significante, sino de un corte asociado a la topología, es un tiempo circular, un tiempo de dar vueltas, que es diferente a la ausencia del tiempo que es la eternidad. Operar es el verbo elegido por Lacan, operar en el sentido quirúrgico del término. Miller evoca en su texto “Psicoanálisis en inmersión” que Lacan indica que el desciframiento debe relativizarse, o incluso descartarse, en beneficio del corte, del corte de la cuerda. Utiliza dos acciones: tirar y cortar. Ambas acciones implican un cierto forzamiento. Tirar haciendo oír, extraer, señalar y, luego, cortar quirúrgicamente. Se trata de un acto delicado, el corte requiere precisión. Es un acto delicado, ya que el corte puede ser “evenemencial […] que él se haga al nivel de un acontecimiento de goce». Esta precisión es a subrayar: hay cortes que pueden hacer evento, y zanjar justo ahí́ donde hubo acontecimiento de goce.

El analista rebana, divide, separa con un instrumento afilado. Lacan usa la metáfora del cocinero que sabe por dónde pasa el cuchillo para no desgarrar el pedazo de carne, y habla también del cirujano que sabe por dónde pasa el corte sin que le tiemble la mano.

El acto del corte de la máquina significante, la detención del cifrado y del desciframiento precipitan al parlêtre en el área del inconsciente real[77]. Se requiere que en el corte se constate, y se haga sonar, eso que no se oye al hablar, que se esconde en lo dicho, eso que no es común y que aparece como herético, que no es otra cosa que se fuga del sentido. Hacer aparecer la metida de pata, la equivocación a partir de la resonancia, es decir, despejar el tapón del sentido para liberar la lalengua del envoltorio del lenguaje.  El equívoco hace resonar otra cosa de lo que se había dicho en la intención de decir, y de ese modo se puede leer lo que está escrito en lo que se oye. Escribir lo que se oye, es un ejercicio de lectura, como dice Esthela Solano,[78] donde se da a los enunciados la consistencia de la estofa, de materia, del hilo y de la cuerda sobre la cual se trabaja para aislar el Uno, el significante Uno solo, sin ninguna carga de sentido. Allí, algo en lo dicho, cesa de escribirse, logrando decirse mejor, cada vez mejor. Efecto de ex-sistencia. Allí donde las palabras no tienen más sentido, cesa la afectación, cesa el pathos.

El analista zanja, separa, aísla con el leer lo que está ahí, y se puede pensar que ese ahí está en la falla misma del saber. Este corte, no es un corte cualquiera, es un corte entre lo que está ahí, eso opaco, y lo que quiere. Le tocará al analizante saber decirlo, será su responsabilidad, pero el analista deberá saber lo que quiere, lo que a mi juicio evoca la fórmula de la primera definición del deseo del analista, reintegrar el objeto a su causa.[79] Aquel que sabe cortar, sabe lo que quiere, sabe cortar a partir del deseo de hacer existir el psicoanálisis en cada análisis; y en el deseo de transmitir al analizante que él puede estar en la posición de deseo del analista. A la altura del Seminario 11, en 1964, lo define de la siguiente manera: “el deseo de análisis no es un deseo puro. Es el deseo de obtener la diferencia absoluta, la que interviene cuando el sujeto, confrontado al significante primordial, accede por primera vez a la posición de sujeción a él. Solo allí puede surgir la significación de un amor sin límites, por estar fuera de los límites de la ley, único lugar donde se puede vivir”.[80] A partir de los años 70’s, con la última enseñanza de Lacan, Miller[81] propone su redefinición introduciendo r la noción como producto articulado, ya no solo al objeto a, sino a partir del no-todo. Lo que, desde la última enseñanza, implicaría reducir el sentido de ese Otro que es el propio, a lo real, liberarlo del sentido, hasta obtener esa marca de un significante, letra; y de ese goce inmemorial que es lo que se reitera, la raíz del síntoma. Solo allí, dice Lacan en el Seminario 11, se puede vivir por fuera de los límites de la ley, pero fuera de la ley del padre, y puede surgir una significación de un amor sin límites, de esos límites, un amor, podríamos decir, más digno. Se abren dos perspectivas, la producción del deseo del analista a partir del objeto, y la producción del deseo del analista a partir del no-todo.


* Jaime Castro es psicoanalista en Cali, Colombia. Miembro de la Nueva Escuela Lacaniana del Campo Freudiano (NELcf) y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP). Tesorero del Directorio de la NELcf- Cali (2022-2024).

[1] Trabajo presentado en la NELcf- Cali en el marco del Ciclo de Estudios de Psicoanálisis 2023, “¿Cómo opera el psicoanálisis” , el 27 de Abril de 2023.

[2] Lacan, J., Seminario 25 “El momento de concluir”, 1977, inédito.

[3] Miller, J-A., “La interpretación al revés”, Uno por Uno. Entonces: “sssh…”, Revista Mundial de Psicoanálisis, Ediciones Eolia, Barcelona, 1996, p. 8.

[4] Ibid. p. 10

[5] Ibid. p. 11

[6] Ibid. p.  12

[7] Ibid. p. 13

[8]Gorostiza, L, “El principio de lo ininterpretable”, https://www.eol.org.ar/template.asp?Sec=publicaciones&SubSec=on_line&File=on_line/Leonardo-Gorostiza/2003/El-principio-de-lo-ininterpretable.html#:~:text=Que%20seg%C3%BAn%20Freud%20hay%20un,de%20lo%20ininterpretable%5B27%5D.

[9] Neologismo entre mot (palabra en francés) y materialismo, para referirse a la palabra en su dimensión estrictamente material.

[10] Laurent, E., “La interpretación acontecimiento”, Revista Virtualia, Año XVIII, nº 37, Octubre 2019, https://www.revistavirtualia.com/articulos/831/destacado/la-interpretacion-acontecimiento

[11] Lacan, J., “Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis» (1953), Escritos 1, Siglo XXI, Argentina, 1988, p. p, 287

[12] Daumal, R., «Les pouvoirs de la parole dans la poétique hindue», Les pouvoirs de la parole, Gallimard, París, 1972.  Citado por Gorostiza, “El principio de lo ininterpretable”.

[13] Lacan, J., «La equivocación del sujeto supuesto al saber», Momentos cruciales de la experiencia analítica, Manantial, Buenos Aires, 1987, p. 34.

[14] Lacan, J., El Seminario, Libro 11, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Paidós, Buenos Aires, 1993, p. 219..

[15] Lacan, J., “Del uso lógico del Sinthome o Freud con Joyce”, El Seminario, Libro 23, El sinthome, Paidós, Buenos Aires, 2006, p.18.

[16] Miller, J-A., «La interpretación al revés», op.cit, p. 13.

[17] Lacan, J., «La equivocación del sujeto supuesto al saber»,  op.cit., p. 34.

* Asociada a la NELcf-Cali.

[18] Este fragmento de la película se puede ver en https://www.youtube.com/watch?v=ai6zzNoVkJU

[19] Trabajo presentado en la NELcf-Cali en el marco del Ciclo de Estudios de Psicoanálisis 2023, “¿Cómo opera el psicoanálisis”, el 27 de Abril de 2023.

[20] Freud, S., “La interpretación de los sueños” (1900), Obras Completas de Sigmund Freud, Vol IV., Amorrortu, Buenos Aires, 1991)

[21] Idem.

[22] Freud, S.,  “Los límites de la interpretabilidad” (1923-25), Obras completas de Sigmund Freud, Volumen IXX., Buenos Aires, Amorrortu Editores, 1992, p.130..

[23] Freud, S., “Psicoanálisis y medicina” (1926), Obras completas de Sigmund Freud, Volumen II, Biblioteca Nueva, Madrid, 1968,  p. 871.

[24] Miller, J., Los signos del goce, Paidós, Buenos Aires, 2009

[25] Miller, J.,“Retorno a Lacan”, Sutilezas analíticas. Paidós, Buenos  Aires, 2010.

[26] Ibid., p. 14.

[27]Miller, J., “Hacia dónde va el psicoanálisis”, Sutilezas analíticas, Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 37.

* Ana Viganó, es psicoanalista en México. AME. Miembro de la Nueva Escuela Lacaniana del Campo Freudiano (NELcf) y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP). Presidente de la NELcf (2023-2025)

[28] Trabajo presentado en la NELcf-Cali en el marco del Ciclo de Estudios de Psicoanálisis 2023, “¿Cómo opera el psicoanálisis” el 11 de Mayo de 2023.

[29] XIII Jornadas de la NELcf “Cortes e interpretaciones”, 3,4,5 de Noviembre de 2023, Lima, Perú

[30] Miller, J.-A.; Solano-Suárez, E.; Viganó, A. (ed.) y otros, El psicoanálisis en el siglo XXI, NED ediciones, España, 2022.

[31] Miller, J.-A., “Lenvers de linterprétation”, La cause freudienne, no 32, febrero, 1996. Hay traducción al español realizada por Miquel Bassols en: Miller, J-A., “La interpretación al revés – por Jacques Alain Miller 1996”, https://psicoanalisislacaniano.com/la-interpretacion-al-reves/#_ftn1

[32] XIV Congreso de la AMP, “Todo el mundo es Loco”, 22- 25 de Febrero de 2024, Paris.  https://congresamp2024.world/es/

[33] Ponge, F., “Soy un suscitador”, en: Barguño Viana, A., El suscitador, Apuntes sobre Francis Ponge, Hurtado & Ortega editores, L’Hospitalet de Llobregat, 2020, p. 51.

[34] Lacan, J., Hablo a las paredes, Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 103.

[35] Malengreau, P., “La lección de Francis Ponge”, en Freudiana Revista de Psicoanálisis de la ELP.Catalunya, La interpretación poética, Nro. 84, Barcelona, 2018.

*Asociada a la NELcf- Cali

[36] Trabajo presentado en la NELcf- Cali en el marco del Ciclo de Estudios de Psicoanálisis 2023, “¿Cómo opera el psicoanálisis” , el 13 de Abril de 2023.

[37] Bassols, M., “Las paradojas de la transferencia”, Revista Virtualia, Año XIIII, nº 29, Noviembre 2014., https://www.revistavirtualia.com/articulos/135/virtualia-29/las-paradojas-de-la-transferencia

[38] Idem.

[39] Idem.

[40] Miller. J- A., “Conferencia C.S.T”, Quehacer del psicoanalista. Clínica bajo transferencia. Ocho estudios de clínica Lacaniana,  Manantial, Buenos Aires, 1984, p. 7

[41] Idem

[42] Idem

[43] Bassols, M., “Las paradojas de la transferencia”, op.cit.

[44] Idem.

[45] Tendlarz. S., “Sujeto supuesto saber”, https://www.silviaelenatendlarz.com/sujeto-supuesto-saber/

[46] Bassols, M., “Las Paradojas de la transferencia”, op.cit.

[47] Giraldo, M., “La voz Opaca”, Violencia y explosión de lo real, Bitácora Lacaniana, Revista de Psicoanálisis de la Nueva Escuela Lacaniana del Campo Freudiano, Numero extraordinario, Abril 2017. Grama Editores, Buenos Aires, 2017, p. 56.

* Clara María Holguín, es psicoanalista en Bogotá.AME. Miembro de la Nueva Escuela Lacaniana del Campo Freudiano (NELcf) y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP).

[48] Mandil, R., “Incidencias del deseo del analista”,  Lo Real puesto al día, Grama, Buenos Aires, 2014, p.116.

[49] Lacan, J., “Nota Italiana”, Otros Escritos, Paidós, 2012,  p. 329

[50] Idem.

[51] Miller, J-A., El Banquete de los analistas, Paidós, 2000, p., 416

[52] Ibid., p. 417

[53] Lacan, J.  “Del trieb de Freud y del deseo del psicoanalista”,  Escritos 2. Buenos Aires: Siglo XXI.  1987, p. 832 y 833

[54] Miller, J-A., Sutilezas analíticas, Buenos Aires, Paidós , 2011,  p. 41

[55]Stiglitz ¿Cómo es que no fui? Mesa sobre el deseo del analista. Congreso de la AMP 2012”. Buenos Aires, Inédito.

[56] Miller, J-., “El Ser y el Uno”, clase 25 de mayo de 2011, inédito.

[57]Stiglitz. G. “¿Cómo es que no fuí? Mesa sobre el deseo del analista”, op.cit.

[58] Miller, J-A. “El Ser y el Uno”, clase 30 de marzo de 2011, inédito.

[59] Miller, J-A. “El Ser y el Uno”, clase 25 de Mayo de 2011, inédito.

[60] Idem.

[61] Idem.

[62] Lacan, J., “Nota Italiana”, Op, cit,, p. 328

[63] Brousse,M-H., Modos de gozar en femenino, Gramma, Buenos Aires,  2020, p., 55.

[64] Lacan,J., El Seminario, Libro 20, Aún (1972-73), Paidós, Buenos Aires, 2000  , p.47.

[65] Brousse,M.H., Modos de gozar en femenino, op,cit. p. 55.

[66] Ibid, p.39.

[67] Idem.

[68] Brousse, M. H., Modos de gozar en femenino, op.cit, p.70

[69]Briole, G., “El control: una erudita imprecisión”, Bitácora Lacaniana, Cortes e interpretaciones, N°11, Septiembre de 2023.

[70] Lacan, J., “Subversión del sujeto” (1958), Otros Escritos, Paidós, Buenos Aires, 1975, p. 800.

[71] Miller, J-A., Todo el mundo es loco, Paidós, Buenos Aires, 2013, p. 332.

[72] Lacan, J., ”El momento de concluir”, Clase del 15 noviembre de 1978, inédito.

[73] Idem.

[74] Lacan, J., El Seminario, Libro 23,  El sinthome (1975-1976), Paidós, Buenos Aires, 2007, p.17

[75] Idem.

[76] Lacan, J., ”El momento de concluir”, Clase del 20 noviembre de 1978, inédito.

[77] Miller, J-A., Sutilezas analíticas, op.cit., p202

[78] Solano, E., “Capítulo 1” y “Capítulo 5”, Tres segundos con Lacan, Gredos, 2021. 

[79] Lacan, J., Seminario 25, “Momento de concluir”, clase del 20 de diciembre de 1975, inédito.

[80] Lacan, J., El Seminario, Libro 11, Los cuatro conceptos fundamentales del Psicoanálisis, Paidós, 1987, p. 284.

[81]Miller, J-A., “El Ser y el Uno”, Clase 11 de mayo de 2011. Inédito.